Rajoy y Aguirre: ¿dos justos entre tantos pecadores?

A ambos se les recrimina haber mirado a otro lado ante comportamientos cercanos poco santos. Pese a dedicarse a hacer política, nadie los va a ver como dos justos entre tantos pecadores

Foto: Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, en un acto electoral en 2015. (Reuters)
Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, en un acto electoral en 2015. (Reuters)

La doctrina oficial de Moncloa sobre Gürtel, Lezo y Púnica, tres agujeros negros en la hoja de servicios del Partido Popular, es que “la corrupción no tiene carné ni ideología” (ministro portavoz Méndez de Vigo). Vale. La corrupción, no. Pero los corruptos, sí. Tienen carné, o lo tenían. Tienen ideología, o la tenían, quienes perpetraron la corrupción o la consintieron, al amparo de unas siglas que arropaban al tiempo la inmoralidad y el ejercicio del poder. Concentrados en lo segundo, Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre descuidaron lo primero, que ahora interesa a los jueces. Y por eso les piden ayuda. Para que cuenten lo que saben, como responsables del PP nacional y madrileño en los años de vino y rosas de los Granados, González, Bárcenas, Correa, Rodríguez Sobrino, López Madrid y tantos otros.

“Iré encantado porque es un acto de pura normalidad”, dice el presidente del Gobierno, emplazado por la Audiencia Nacional para que eche una mano en la investigación sobre el caso Gürtel (tramo 1999-2005), donde, como en todos los escándalos que afectan al PP, hay supuestos de rapiña y de financiación ilegal del partido. Pero el gran fontanero de Génova, Martínez-Maillo, se apresuró a advertir que solo responderá de las campañas electorales de Pozuelo y Majadahonda de 2003 ¿Acaso hay algo inconfesable en otras?

Mala señal, si nos atenemos a los antecedentes de un Gobierno que mangonea en la Fiscalía y un PP con fama de destruir discos duros, echar balones fuera y racanear en la colaboración con la Justicia. Ahora ven en la citación a Rajoy como testigo “un abuso de derecho con intereses políticos” (alusión a la acusación popular que solicitó la comparecencia) que, además “carece de interés jurídico”.

El coordinador General del Partido Popular, Fernando Martínez-Maíllo. (EFE)
El coordinador General del Partido Popular, Fernando Martínez-Maíllo. (EFE)

Es mejor atenerse a la declarada intención del propio presidente de cumplir la ley, que “también obliga a los gobernantes”. Vamos a suponer que eso incluye colaborar con la justicia diciendo la verdad sobre lo que sabe, aunque él no fue tan preciso, mientras en su partido se siguen fabricando razones falaces para aparecer ajeno a las oleadas de fango que se le vienen encima cada dos por tres, con el correspondiente zumbido judicial.

Vale que Rajoy es ajeno en términos judiciales y éticos. Pero es evidente que su proverbial indolencia frente a temas espinosos le llevó a pecar por omisión o por negligencia. Y por imprudente. Recuérdese su posición inicial de arropamiento a Bárcenas. El “Luís, sé fuerte” le hubiera costado la carrera política en cualquier país democrático. España es diferente. De nada le sirvió a Pérez Rubalcaba, entonces jefe de la oposición, romper con el Gobierno por el caso Bárcenas. Véase cómo le fue desde entonces a uno y a otro. Entre 2009 y 2011 se fraguó la crisis socialista y la barrida electoral del PP.

El “Luis, sé fuerte” con el que arropó a Luis Bárcenas le hubiera costado la carrera política en cualquier país democrático. España es diferente

El otro personaje político en la picota es Esperanza Aguirre, expresidenta de la Comunidad de Madrid y, hoy por hoy, jefa de filas del PP en el Ayuntamiento de Madrid sin la menor intención de ceder a las presiones de su partido para que abandone el puesto. A su sombra medraron dos depredadores del dinero de los madrileños. Como vulgares comisionistas. El norte para Ignacio González (Canal de Isabel II) y el sur para Francisco Granados (Púnica). Se forraban mientras dejaban el entretenido juego de la política a la jefa, ajena a todo lo que no fueran relaciones de poder, medios de comunicación, encuestas y garbeos por la calle de Alcalá con la falda “almidoná”.

Entiendo las lágrimas de Aguirre al saber que ha arropado a dos sinvergüenzas, aunque debió aplicarse su propia doctrina de que “a la política se viene llorado de casa”. Y, además, se asumen responsabilidades por lo que se hace y por lo que se deja de hacer. En los dos supuestos contemplados: enriquecimiento personal y financiación ilegal del PP.

La proverbial indolencia del presidente frente a temas espinosos le llevó a pecar por omisión o por negligencia. Y también por imprudente

Como a ella, también a Mariano Rajoy le crecieron las malas hierbas alrededor. A los dos les alcanza el reproche de la mirada distraída ante comportamientos cercanos poco santos, mientras ellos hacían política. Sin embargo, nadie los va a ver como dos justos entre tantos pecadores. Eso ya no cuela, porque la política exige ejemplaridad, ser honrado y parecerlo.

Ni uno ni otra van a librarse de la llamada “pena de telediario”, que consiste en asociar su imagen a la corrupción que habita o habitó en el PP cuando ellos ejercían puestos de máxima responsabilidad. Por tanto, es muy lógico que la Justicia les pida colaboración y ellos colaboren, aunque la realidad puede ser distinta. Ni uno ni otra va a tirar de la manta. Y si alegan ignorancia, nadie les va a creer. Da igual, En ninguno de los dos casos se verá amenazada la cotización de las siglas en las urnas. Los antecedentes no nos dejarían mentir.

Al Grano

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