Nachos y Pujoles, más o menos lo mismo

Se hacen quinielas sobre el impacto del caso Pujol en la causa del nacionalismo catalán. Y también del caso González en la causa del PP

Foto: Llegada del vehículo de la Guardia Civil con el expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, a la carcel de Soto del Real. (EFE)
Llegada del vehículo de la Guardia Civil con el expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, a la carcel de Soto del Real. (EFE)

Como grandes depredadores del dinero público los pujoles catalanes no se diferencian gran cosa de los nachos madrileños. Vulgares comisionistas al fin y al cabo.

Tal para cual. La diferencia es el uso de la patria como caja registradora. Ese sí es un hecho diferencial del clan Pujol, cuya representación ejerce el hijo del 'hereu', Jordi Pujol Ferrusola, desde la carcel de Soto del Real.

Aunque bien que lo intentaron, no hubo suficiente 'senyera' para tapar las vergüenzas de una familia convertida en “organización criminal”, según el tecnicismo utilizado por el juez De la Mata. En los márgenes de su hoja de servicios al pueblo catalán, la Guardia Civil, la Fiscalía y el juez De la Mata acaban de escribir un nuevo capítulo con epígrafes igualmente tomados del Código Penal: fraude a la Hacienda, blanqueo de capitales y falsedad documental.

Tampoco alcanzó el arropamiento político, e incluso institucional (cuánto daño ha hecho el “Luis, se fuerte”) para librar de la cárcel a Ignacio González y Francisco Granados, las dos aventajadas criaturas políticas de Esperanza Aguirre, ya convertida en juguete roto. Sin embargo, ciertos pasajes de las escuchas telefónicas judicialmente autorizadas han metido en danza a dos ministros y un secretario de Estado por presuntas connivencias con imputados en la misma tacada que González.

Al tiempo cunde la sospecha de que el inesperado estrellato judicial de los Pujol –inesperado por tardío, según valoración muy extendida- responde a una inconfesada intención de compensar la ola expansiva de la llamada operación Lezo. Aunque así fuera, parece haber caducado la mirada distraída frente a las andanzas de los pujoles (el propio juez De la Mata reconoce que en su día fue demasiado blando). Por evitar males mayores, por no alimentar el discurso nacionalista, se solía decir. Y de eso ha vivido el desafío secesionista, que creció al grito de “España nos roba”, con resultados a la vista de todos.

Se hacen quinielas sobre el impacto del caso Pujol en la causa del nacionalismo catalán. Y también del caso González (y el de Granados, y el de Bárcenas, y el de Rato…) en la causa del PP. Se echa en falta que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, vaya más allá de recordarnos el principio, más líquido que nunca (Bauman, en la memoria) de que “el que la hace la paga”. Se espera que al menos desarrolle la doctrina Aguirre, asumida por Moncloa y Génova, de que “nos sentimos engañados y traicionados”.

Si establecimos que el caso Pujol devino en caso CDC, hoy sobran razones para hablar del caso PP, por lo que arrastra en materia de corrupción

Si de verdad se sienten así en el PP, lo lógico y deseable es que tanto Rajoy como Aguirre pasen factura a mentirosos y traidores. ¿Cómo? Colaborando con la Justicia. Pero en serio, con todas las consecuencias, sin trampas, sin reservas mentales, sin paños calientes, entrando a saco en el relato de las cosas que vieron con mirada distraída y ya sobradamente documentadas por el juez Velasco. Si no lo hacen, los ciudadanos se quedarán con el bochornoso episodio del compañero de partido, exalcalde de Leganés y ahora diputado en la asamblea de Madrid, Jesús Gómez, que fue penalizado por denunciar ante sus jefes políticos una cuenta bancaria de Ignacio Gonzalez en Suiza y el ingreso en la misma de 1,4 millones de euros inconfesables. Justamente lo que, tres años después, ha sido la causa del encarcelamiento del expresidente de la Comunidad de Madrid.

Si en su día establecimos que el caso Pujol devino en caso CDC, hoy sobran razones para hablar del caso PP, por lo que arrastra en materia de corrupción. Lo evitarán si los dirigentes decentes que hay en el partido se conjuran para no seguir siendo con su silencio el blindaje de los indecentes.

Rajoy tiene la palabra.

Al Grano

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