Mimos a la transición y papelón de Iglesias

1977 fue un año vertiginoso. Pero la alegría desbordada en las urnas del 15-J, cuyo cuadragésimo aniversario se celebró ayer en el Congreso, tapó todo lo demás

Foto: Adolfo Suárez con su gobierno
Adolfo Suárez con su gobierno

Así rezaba el editorial de Cambio 16 sobre las elecciones del 15 de junio de 1977 al terminar el recuento de votos: “Los treinta y cinco millones de españoles que aquí andábamos tildados de sanguinarios, diferentes y humillados por el mundo, acabamos de protagonizar una admirable historia que quizás no tiene precedentes en este Occidente que habitamos. Hemos desmontado una dictadura en paz, con una tenacidad de baturros celestiales. Chapó, país”.

Fue un año vertiginoso. Pero la alegría desbordada en las urnas del 15-J, cuyo cuadragésimo aniversario se celebró ayer en el Congreso, tapó todo lo demás: secuestros de Oriol y Villaescusa, matanza de los abogados de Atocha, brotes involucionistas, legalización del Partido Comunista de España… O el propio carácter constituyente de las Cortes Generales elegidas por un pueblo con hambre atrasada de libertades.

El año 1977 es la verdadera caja negra de la transición. Sus secretos viven en aquellas trescientas sesenta y cinco hojas del calendario. Las que transcurrieron antes y después de que el Rey, don Juan Carlos, y el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, abriesen desde dentro las puertas del Régimen, con la idea de que el franquismo pudiera quedar desmantelado “de la ley a la ley” (Fernández Miranda dixit). En nombre de la reconciliación. Esa era nuestra asignatura pendiente desde la guerra civil.

El año 1977 es la verdadera caja negra de la transición. Sus secretos viven en aquellas trescientas sesenta y cinco hojas del calendario

Así se pusieron las bases de la transición, necesitada de mimos cuarenta años después. La obra culminó en diciembre de 1978 con la reconquista de las libertades democráticas, la convivencia civil y política, el respeto a la diversidad territorial, la protección de los pueblos de España cantados por poetas comunistas como Miguel Hernández (“me esparcen el corazón y me aventan la garganta”) y Pedro Garfias (“hijos de la misma madre”) y, en fin, el marco legal “donde se deben encauzar los antagonismos y resolver las diferencias, mediante el diálogo”.

Así habló Felipe VI, quizás pensando en extravagantes aventuras “fuera de la ley”, “donde sólo hay arbitrariedad, imposición y seguridad”, añadió el hijo y heredero del Rey Juan Carlos, cuyo nombre “ya siempre irá asociado a la palabra democracia”, dijo en su discurso la presidenta del Congreso, Ana Pastor. Además, en el acto se rindió un merecido homenaje al diputados y senadores del periodo constituyente, muchos de ellos representados por sus familiares.

Pablo Manuel Iglesias y los nacionalistas se excluyeron de la prolongada ovación al discurso del Rey. No se sienten cómodos en el marco resultante de aquella arriesgadísima operación que cambió dictadura por democracia. Así que me parece oportuna esta dosis de autoestima que la transición recibió en el solmene acto de ayer.

Iglesias y nacionalistas se excluyeron de la ovación al discurso. No se sienten cómodos en el marco resultante de aquella arriesgadísima operación

Hacia falta celebrar la vuelta a las urnas después de la larga noche franquista. Justo ahora que el líder de Podemos solo ve en esa página histórica un cambio cosmético y entiende que después del 78 se repitió el mantra lampedusiano de que hay que cambiarlo todo para que todo siga igual (junio de 2013, Iglesias en una “herriko taberna” de Alsásua).

Me parece muy injusto. Por desconocimiento de lo ocurrido en los años 1977 y 1978, en el mejor de las casos. Y en el peor, por calculada malicia. De carácter instrumental, por supuesto. Como quedarse sentados sin aplaudir, que fue su pueril forma de mostrar desdén a la figura del Monarca. Vaya papelón.

Al Grano

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