La púrpura, el líder y los cinco mandamientos

¿Qué fenómenos se producen en quienes son investidos del color púrpura? ¿Qué cambios traen aparejados en su vida y en sus actos, en sus actitudes y comportamientos?

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El color púrpura siempre estuvo asociado a las élites. En sus orígenes, el alto coste de conseguir tan escaso tinte –procedente de moluscos mediterráneos-, lo convertía en algo exclusivo, reservado a teñir caros tejidos que vestían algunos poderosos. En Roma, el color púrpura lo usaban en sus ropas los senadores, e incluso llegó más tarde a estar restringido por ley a los Emperadores. Y en la Iglesia Católica los purpurados del Sacro Colegio Cardenalicio son la máxima autoridad que asesora al Papa y lo elige de entre sus miembros. El cromado púrpura se ha identificado a lo largo de la historia como símbolo representativo de las más altas jerarquías civiles y eclesiásticas. No es de extrañar, por ende, que se haya convertido en un perseguido objeto del deseo para aspirantes a la cúspide.

¿Qué fenómenos se producen en quienes son investidos del color púrpura? ¿Qué cambios traen aparejados en su vida y en sus actos, en sus actitudes y comportamientos? ¿Qué requerimientos y obligaciones les exige? Pues son unos cuantos, y no todos ellos apetecibles, por cierto, a pesar de la seductora atracción que produce en muchos y que daría para escribir todo un tratado acerca del poder y la condición humana. Sin ser tan ambicioso, me voy a limitar a destacar cinco de los mandamientos que considero implícitos y con los que todo líder debería estar dispuesto a comulgar.

1. Soportarás el peso de la púrpura

Ostentar el poder para hacer cosas que pueden afectar a miles de personas implica tomar decisiones importantes y de alto impacto, no siempre fáciles y agradables, sino a menudo duras e impopulares. Ya sea en el entorno empresarial, social o político, a los líderes no les queda más remedio que aceptar de inicio que es imposible agradar a todo el mundo. Ello requiere estar hecho de una pasta especial, no precisamente la más extendida entre nuestros congéneres. Fortaleza, determinación y valentía están irremediablemente asociadas a quien manda.

Como resultado, el peso de la púrpura, de la responsabilidad que entraña la toma de determinadas decisiones y sus consecuencias, obliga a soportar una fuerte presión que requiere de muy anchas espaldas, así como una carga de estrés considerable. No son pocos los casos que llegan a somatizar el estrés en forma de patologías diversas, amén de acarrear un alto coste en el entorno de la vida privada o familiar del líder.

Plácido FajardoPlácido Fajardo

2. Vivirás bajo los focos

Es otra consecuencia inevitable. Las actuaciones, los comportamientos, las decisiones de quienes están arriba se observan, analizan e incluso interpretan en claves diversas. Se trata de adivinar qué piensa realmente el líder sobre determinados aspectos, hacia dónde inclinará sus decisiones y cuál será su voluntad. Lo que dice se escudriña tanto como lo que hace, y las incoherencias entro lo uno y lo otro le ponen en la picota al menor descuido.

Además, el precio de estar expuesto al interés y la curiosidad de los demás afecta a la esfera íntima mucho más de lo deseable. Y también sube el listón de la exigencia respecto a la conducta ética, mucho más visible bajo la pública luz de los focos dirigida hacia quien tiene que dar ejemplo a los demás.

3. Diferenciarás entre amigos y colaboradores

¿Debe haber amistad personal entre el jefe y sus colaboradores? La relación profesional es bien diferente a la relación de amistad. No elegimos a nuestros amigos con los mismos criterios que a nuestros colaboradores, lo que no significa que de la relación profesional no salgan luego amigos para toda la vida. Pero ser jefe de alguien obliga a separar las cosas, a evitar favoritismos en las decisiones, en aras de la objetividad y el rigor e incluso de la equidad o justicia. Una cosa es la cordialidad, el respeto, la confianza e incluso la sintonía con los colaboradores –más que deseable-, y otra bien distinta la amistad personal, la verdadera y desinteresada amistad, la que trasciende del puesto y de la responsabilidad que uno ocupe en cada momento.

Cuidado con elegir a los amigos como colaboradores con el fin de asegurarse su lealtad, aun por encima de sus capacidades. Podemos hacernos –y hacerles- un flaco favor.

Es bueno que existan personas que se sientan atraídas por la púrpura, es algo comprensible y humano

4. Lidiarás los conflictos y dilemas con soltura

El conflicto de intereses es consustancial al entorno profesional. Por un lado está la pelea externa hacia el mercado, los clientes y los competidores, en un entorno cada vez más difícil, agresivo y competitivo. Pero luego está el frente interno, que no es moco de pavo. Entre las distintas áreas, departamentos, unidades de negocio, países, regiones o cualesquiera que sea la denominación que agrupe a las distintas partes que forman una organización, las discrepancias y enfrentamientos hacen saltar chispas a menudo. De hecho, las energías que se consumen en las discusiones internas suelen ser mayores que las dedicadas a luchar en el mercado, como saben bien los directivos.

Una de las tareas más difíciles y consumidoras de tiempo para el líder será precisamente la de gestionar todos estos conflictos, conciliar, negociar y acordar en la medida de lo posible. A menudo tendrá que tomar decisiones que inclinen la balanza ante dilemas nada fáciles, con la duda frecuente de si habrá sido la opción más acertada. El resultado es el desgaste, el agotamiento y una sensación de frustración que exige a menudo de una capacidad de resiliencia a prueba de bombas.

5. Serás partícipe y responsable de tu equipo

Lo quiera o no, el líder es corresponsable de lo que hace su equipo, de sus logros y de sus fracasos. Un buen equipo bien dirigido puede encumbrarte y un mal equipo te hará caer con él. Esta es una máxima del liderazgo. Por eso es tan importante rodearse de los mejores. Saber elegir a los miembros el equipo y proporcionarles luego orientación, apoyar su trabajo, darles 'feedback' sobre su actuación y 'coaching' para facilitar su crecimiento y desarrollo, son algunas de las reglas de oro de todo líder que se precie.

En última instancia, el líder recoge y capitaliza los resultados conseguidos por su equipo, solidariamente, para bien o para mal. Desentenderse o escabullirse de los malos resultados imputándolos al equipo es algo impresentable. El líder ha de asumir este mandamiento, cuyo precio no siempre es el de recoger medallas. A veces es el de tener que marcharse o que te inviten a hacerlo. Los entrenadores de fútbol lo saben muy bien y los políticos lo saben muy mal, por poner dos ejemplos extremos.

En resumen, ni es oro todo lo que reluce, ni es todo tan bonito cuando se llega arriba. Por supuesto que tiene sus compensaciones. Las posiciones de liderazgo permiten adquirir experiencias muy gratificantes, aprendizajes fantásticos que el mercado y la sociedad valoran, reconocen y retribuyen muy bien. Necesitamos buenos líderes en los distintos órdenes de nuestra sociedad, íntegros y éticos, que presten su servicio y aporten un indudable valor para todos. Es bueno que existan personas que se sientan atraídas por la púrpura, es algo comprensible y humano. Pero hay que estar dispuesto a no pocos sacrificios, a dar a cambio mucho más de lo que parece desde fuera. Aceptar y asumir el cumplimiento de estos cinco mandamientos puede ser un buen comienzo para quienes de verdad aspiren a ello.

Apuntes de liderazgo

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