FG, un ‘aguafiestas’ en la corte de Guindos

El presidente del BBVA ha actuado al margen de los convencionalismos que rigen el sector bancario y de la oficialidad que marca Economía, lo que ha derivado en una convivencia nada fácil

Foto: PLL
PLL

A la hora de esbozar un perfil de Francisco González (1944), presidente de BBVA, lo primero que se destaca es que nació en Chantada, municipio lucense que atraviesa la Ribeira Sacra, como si tal pedigrí marcara su persona y le obligara a proyectarlo en su trayectoria profesional. Pero lo cierto es que, al margen de divagaciones literarias, lo de Chantada no pasa de apunte de partida de nacimiento. Jamás ha ejercido de 'gallego'. Francisco González solo es de Francisco (F) y de González (G). Punto y final.

FG exhibe trazas de ‘outsider’, de vivir al margen de las leyes que rigen el sector bancario y de la oficialidad que emana de plaza de Cuzco, donde se ubica la sede del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad. Un perfil que ha resultado beneficioso para los intereses de los accionistas del BBVA, pues les ha salvado de convencionalismos y de embarcarse en proyectos que, bajo el reclamo de 'todo por la patria', han sido nocivos para las cuentas de otras entidades que dijeron sí arrastradas por los usos y costumbres.

“Hay personajes a quienes oímos decir constantemente que se creen en el deber de esto o de lo otro. Yo me he creído muy pocas veces en deberes durante mi vida. La he vivido y la vivo casi entera empujado por ilusiones, no por deberes”, decía Ortega y Gasset.

Su estrategia aislacionista lo ha alejado de los otros bancos, que lo miran con recelo y lo acusan de velar solo por sus intereses. No es uno de los nuestros

A FG le han tratado de reconvenir, pero sin éxito. Su obcecación ha sido tal que, en tiempos de Zapatero, Miguel Sebastián maniobró para descabalgarle de la presidencia del banco. La asonada fracasó pese a disparar con pólvora de Moncloa. Hoy, mientras el ideólogo de aquella operación, Luis del Rivero, mata el tiempo surcando los mares con su embarcación, una vez jubilado de los ajetreos de la capital, González, al pie del cañón, se siente suficientemente corajudo como para levantar su propio 'Titanic', La Vela, edificio principal de la nueva Ciudad BBVA, en el madrileño distrito de Las Tablas.

Con independencia del devenir del banco, esta estrategia aislacionista de ‘yo soy FG y mis circunstancias’ no le ha salido gratis al de Chantada. Ladrillo a ladrillo, sus polémicas decisiones lo han ido alejando de sus compañeros de sector, así como del titular de la cartera, Luis de Guindos, que lo miran con recelo, comentan por lo bajo y lo acusan de pensar más en el bien particular que en el del conjunto del país. No es uno de los nuestros, sentencian.

FG, un ‘aguafiestas’ en la corte de Guindos

Primero fue su negativa a comercializar acciones de Bankia en su salida a bolsa, pese a que desde las más altas instancias le presionaban por tratarse de una ‘cuestión de Estado’; luego vino la conformación del banco malo, más conocido como Sareb, y el nuevo plantón del gallego a los planes del Gobierno; más recientemente están las medidas adoptadas por el Ejecutivo para hacer una voladura controlada de esa bomba de relojería que supone la sentencia europea sobre las cláusulas suelo y el anuncio del BBVA de que ellos irán por su lado, y por último, la tercera fase de reorganización bancaria.

Es este último punto el que preocupa en la actualidad al ministro Luis de Guindos. En Economía temen que Francisco González les dé otro quebradero de cabeza y se convierta en el aguafiestas de la nueva oleada de fusiones en ciernes en el sector bancario español.

En Economía temen que el BBVA se convierta en el aguafiestas de la nueva reestructuración bancaria y dinamite los planes de Luis de Guindos

Como ya informara José Antonio Navas, la intención más inmediata del Gobierno es fusionar BMN y Bankia, donde el Estado cuenta con una participación a través del FROB del 65% en ambos casos, con el objeto de crear valor en la entidad resultante y recuperar paulatinamente las ayudas públicas otorgadas a dichos bancos. La operación está prácticamente cerrada, a no ser que González se presente con un cheque de 1.500 millones para hacerse con BMN, como algunos se malician, y dinamite la fusión. Si el BBVA lanza semejante envite, el ministerio lo tiene claro. No quiere problemas. Que se lo lleve con un lazo.

No solo es BMN. A la espera de que caiga el maná de los rascacielos de Fráncfort a modo de subida de tipos de interés, en el BBVA entienden que no pueden permanecer inmóviles. En un entorno de caídas de márgenes y alta competencia, el volumen se muestra como una cuestión a vida o muerte. Hay que ganar tamaño. Ya sea por cuestiones estrictamente corporativas, ya sea por motivos que rozan lo personal, el oscuro objeto del deseo de Francisco González consistiría en engullirse Bankia, cosa harto complicada.

El hecho cierto es que tiene que mover ficha. A pesar de haber registrado un beneficio atribuido de 3.475 millones de euros en 2016, un 31,5% más que en el ejercicio anterior y la cifra más alta desde 2010, los analistas consideran que los resultados están lejos de ser buenos y creen que no tienen visos de mejorar por los nubarrones de Turquía y México.

Si excluimos la primera columna del gráfico superior y nos fijamos en el desglose de los resultados por área de negocio, nos daremos cuenta de que la mayoría de partidas ha empeorado en 2016. Especialmente llamativo es el caso de España, con un beneficio atribuido de 912 millones frente a los 1.085 de 2015, a pesar de que BBVA procedió a consolidar Catalunya Caixa en su balance en el tercer trimestre del ejercicio pasado.

Si la entidad ha salido aseada en la fotografía de las cuentas, ha sido por las menores provisiones destinadas al Garanti, su filial turca. Tras la presentación de resultados, Goldman Sachs ha fijado el precio objetivo del BBVA en 6,20 euros por acción con una recomendación de neutral. Bank of America Merrill Lynch lo sitúa en 5,30 euros y por debajo del mercado. Los títulos de las entidad española cerraron la semana pasada en 5,97 euros.

La fusión BBVA-Popular que manejó Ron hoy está igual de viva que entonces. A fuer de pragmático, Saracho descarta la ampliación y busca nuevas vías

Son precisamente estas vulnerabilidades en las cuentas las que obligan a FG a mirar de reojo la reestructuración bancaria ya en marcha. Si no es BMN ni Bankia, por eso de que está el Estado en el capital y Guindos vigilando la puerta, siempre podrá resucitar la baza del Popular, una posibilidad que manejó con Ángel Ron y que hoy está igual de viva que entonces.

Una vez que ha comenzado a desbrozar los libros, el nuevo gerifalte del Popular, Emilio Saracho, se ha dado de bruces con la cruda realidad: ni con una ampliación ni con la venta de activos está asegurada la supervivencia del banco. En este sentido, una fusión con el BBVA se antoja ideal para ambos, incluso para el propio Saracho, que podría convertirse en el número dos de la entidad resultante y suceder a FG a los dos años una vez se jubile.

Todo ello, claro está, si logra sobrevivir 24 meses a Francisco González, algo nada sencillo si tenemos en cuenta los precedentes de José Ignacio Goirigolzarri y Ángel Cano. Pero esa ya es otra historia…

Caza Mayor

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
12 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios