Lo llamaban Nacho

Empresarios, ejecutivos de banca, presidentes de club de fútbol... Siempre los mismos acompañando a González. Se repartían Madrid como los Reyes Católicos se repartieron el Nuevo Mundo

Foto: Ignacio González. (Ilustración: Raúl Arias)
Ignacio González. (Ilustración: Raúl Arias)

No tenían rubor en dejarse ver juntos sobre la moqueta del Ritz y el Palace, sonrientes, con el cejo al bies y la chaqueta ceñida, como si se la acabaran de abotonar después de cerrar algún importante negocio. Una extraña ‘termomix’ de intereses políticos y económicos. Siempre los mismos. Se repartían Madrid como los Reyes Católicos se repartieron el Nuevo Mundo en Tordesillas. Algunas veces, iban con Francisco Granados. Otras, con Ignacio González. Generalmente, con los dos. A este último lo llamaban Nacho. Tal vez por cariño, seguramente por interés. Fue más que un presidente de la Comunidad de Madrid. En algunos momentos, lo llegó a ser todo.

Luego llegó la caída. Posteriormente desapareció. A última hora de la noche de ayer, al ver que el juez decretaba prisión con fianza millonaria para alguno de los implicados, los próximos a Ignacio González entraron en estado de 'shock': “Estábamos pendientes de lo del ático, pero esto… Nacho no era alguien que pasaba por ahí. No era un cualquiera. Había ocupado importantes puestos de poder, habían sido muchos años… No sé qué decirte… Tengo la sensación de haber estado haciendo el gilipollas todo este tiempo”.

Esperanza Aguirre, que tenía como valido a González, se pasó la mañana del miércoles viendo las imágenes de la detención por televisión. Llegado un momento, tuvo que dejarlo para preparar su declaración del día siguiente como testigo en la Gürtel. En su comparecencia se la notó nerviosa, lejos de esa imagen de la Thatcher de la política española con la que ganaba como un rodillo las elecciones en Madrid. "Si Ignacio González es culpable de los delitos de los que se le acusa, para mí, que he puesto mi confianza en él, es un palo muy muy duro", reconoció entre lágrimas.

Conexión Indra: su CEO, Javier de Andrés, está imputado en Púnica y es marido de María Fernanda Richmond, en prisión por la operación Lezo

A esas mismas horas, cuando estaban a punto de dar las 12 del mediodía, tres guardias civiles vestidos de paisano se personaban en las oficinas de Indra en Alcobendas. Sin ruido, sin prensa, queriendo pasar inadvertidos. Todo ello dentro de la conocida como operación Lezo, investigación en curso que dirige el titular del Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, juez Eloy Velasco, que afecta al que fuera presidente de la CAM.

¿Por qué las oficinas de Indra? Para saber de los contratos de la compañía tecnológica con la comunidad a partir de 2007. Las conexiones del expresidente de Madrid con la multinacional resultan evidentes y van de lo profesional a lo personal. No por nada, durante largo tiempo Indra resultó ser un nido de canonjías para el 'establishment' patrio.

Fuentes del caso aseguran que se está investigando si la mujer de Ignacio González, Lourdes Cavero, ejerció como asesora para Javier Monzón, otrora factótum de la compañía. Monzón pertenecía al círculo de González. También engrosa tan selecta lista Javier de Andrés, actual consejero delegado de Indra. A pesar de estar imputado en la operación Púnica, el ejecutivo continúa en su puesto y con nuevas y remozadas responsabilidades. El Estado, que posee más de un 20% de la compañía a través de la Sepi, no se ha pronunciado al respecto. Más bien, deja hacer.

En las últimas horas, De Andrés ha vuelto a estar en el foco. Ahora no tanto por aferrarse a su puesto sino por ser marido de quien es: la exdirectora financiera del Canal de Isabel II María Fernanda Richmond, a la que el juez envió ayer a prisión con fianza de cuatro millones de euros. Se la acusa de haber participado de una trama urdida desde la entidad pública para desviar millones. Antes de recalar en el Canal, Richmond trabajó en Indra, lo que no resulta baladí. Fue González quien se la llevó a la entidad pública madrileña. Nadie duda de que, aunque ella figuraba, la sombra que proyectaba siempre fue la de su esposo.

Una hora antes de lo de Indra, a las 11 h. de ayer jueves, el espectáculo acontecía en las cuatro torres de la Castellana. Gran alboroto en torno al edificio Espacio. Algunos especulaban con la posibilidad de que se tratara del tramabús de Podemos haciendo su habitual ruta por el distrito financiero de Madrid. Nada de eso. Demasiados implicados en la operación Lezo para tan poco autobús. Lo que había eran cámaras de televisión, furgones y guardias civiles uniformados registrando OHL. Poco que ver con la discreción de Indra.

Ildefonso de Miguel es el guardián de los secretos del Canal. Su imputación hace pensar que las dimensiones del caso van más allá de lo conocido

La Unidad Central Operativa (UCO) estuvo horas peinando los archivos de la constructora en busca de comisiones a Ignacio González y su círculo de próximos. También solicitó documentación referida a Javier López Madrid, consejero delegado del Grupo Villar Mir, a pesar de que el ‘yernísimo’ no cuenta ni con despacho en la torre Espacio ni con correo corporativo de OHL.

El juez Eloy Velasco investiga igualmente las adjudicaciones de proyectos millonarios como la Ciudad de la Justicia, el Metro Ligero de Pozuelo o el tren a Navalcarnero a la constructora, tal y como ha publicado este diario, todos ellos en relación a la supuesta financiación irregular del PP.

Hubo registros en la sede madrileña de Saerco, compañía especializada en servicios de navegación aérea que fue creada por Ildefonso de Miguel, imputado y director gerente del Canal de Isabel II (2004-2009). En opinión de fuentes, De Miguel resulta clave para explicar el entramado al erigirse en guardián de sus secretos. Su imputación hace pensar que las dimensiones del caso van más allá de lo conocido hasta ahora. Otro de los pilares de la trama es el exresponsable de la filial sudamericana del Canal Edmundo Rodríguez Sobrino. También hubo registros en PricewaterhouseCoopers y Licuas, constructora de obra civil propiedad de Joaquín Molpeceres.

Lo llamaban Nacho

A última hora de la tarde de ayer continuaban los registros. Al círculo de próximos de González, políticos, empresarios, ejecutivos de banca, presidentes de clubes de fútbol, esos que se repartían las piezas de Madrid como si fuera un puzle, no les llegaba la camisa al cuello. Pensaban que su protector, el presidente madrileño, era intocable. Decían de él que tenía el techo de cristal, pero jamás le pasaba nada. Hasta esta semana.

En España tardan en abrirse las carpetas judiciales, pero una vez que lo hacen, no hay marcha atrás. El futuro resulta imprevisible. También peligroso: “Se ha tensado tanto la cuerda”, dice uno de los próximos a González, “que ya no sabes por dónde va a romperse”.

Caza Mayor

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