Edificio Beatriz, manual de instrucciones: “Así perdí 60 millones en el Popular”

Por mucho argumentario oficial y oficioso que circule, resulta complicado entender una operación en la que (casi) todos pierden: los accionistas, los fondos, las auditoras, la plantilla…

Foto: (Raúl Arias)
(Raúl Arias)

“Más que enfadado, me encuentro frustrado, con una sensación de haber estado haciendo el imbécil durante diez años. Me han tomado el pelo, he sido víctima de la peor de las inocentadas”, se confiesa uno de los que fuera clientes vip de Banco Popular, con intereses en el sector inmobiliario. “Nosotros entramos en 2008 y fuimos a dos ampliaciones de capital. Íbamos porque siempre nos decían lo mismo: no te preocupes que esto se recupera, no te preocupes que esto se recupera… Pero nunca lo hizo. Ahora nos dicen que el banco vale cero. Hemos perdido 60 millones de euros”.

El pasado viernes a media mañana, pocas horas después de que los ‘hombres de rojo’ de Banco Santander franquearan la puerta de entrada del edificio Beatriz, cuartel general de Popular, y empezaran a hacer acopio de sus posesiones, este cliente vip recibía una llamada de la oficina del accionista, de una de las personas encargadas de velar por los inversores que depositaron en su día su confianza en la entidad. Era el primer contacto después del tsunami financiero, epicentro en Bruselas, que se había tragado el banco.

-¿Qué tal te encuentras?

-¿Cómo quieres que esté? A ver si me explicas lo que ha pasado porque yo no lo entiendo. Mis acciones valen cero… ¿Cómo lo explicas?

-Es que no tiene explicación.

Por mucho argumentario oficial y oficioso que circule por los pasillos de las autoridades competentes, resulta complicado entender una operación en la que (casi) todos pierden: los grandes accionistas, los medianos y pequeños inversores, los fondos, las auditoras, los organismos supervisores, el Opus Dei y, sobre todo y muy especialmente, los empleados del banco, el eslabón más débil de la cadena, quienes no solo han visto cómo se evaporaban parte de sus ahorros sino que ven amenazado su puesto de trabajo. Auténticos dramas.

En el otro lado, el de los ganadores, se encuentra el Santander, que se ha hecho con la entidad por un solo euro y tiene margen para sinergias, pero que acarreará como Sísifo el lastre de las demandas. Y también el Vips de los bajos del edificio Beatriz, que ha visto cómo se agotaba su stock de ‘pendrives’ nada más saberse la noticia de la absorción. En vez de emplear cajas de cartón como los empleados de Lehman Brothers, la plantilla de la entidad bajó a la tienda y arrampló con los pinchos para guardarse todo lo que se tuviera que guardar.

“A las 10 h. te daban el crédito y a las 10.05 h. comprabas las acciones. A eso llámalo cómo quieras. Lo único cierto es que lo he perdido todo”

“Cuando entramos hace diez años, lo hicimos con un producto estructurado cubierto con acciones del Popular. Lo realizaron ‘ad hoc’ para nuestra sociedad. Metimos mucho dinero, la mitad con recursos propios y la otra mitad apalancada, porque nos dieron a entender que era un producto conservador. Además, ¿no decían que el Popular era el banco más seguro y rentable del mundo?”, se queja recordando aquellos momentos.

“A los tres años teníamos que vender el producto si nos había ido bien o quedarnos con las acciones en caso de que fuera mal. Lógicamente, nos tuvimos que quedar con los títulos. La cotización del banco jamás despuntó en todo este tiempo”, continúa. “Posteriormente tuvimos que acudir a dos ampliaciones de capital. Lo hicimos con asistencia financiera. Nuestras acciones estaban pignoradas. O íbamos a la ampliación o nos crujían”.

Emilio Saracho, expresidente del Banco Popular. (EFE)
Emilio Saracho, expresidente del Banco Popular. (EFE)

Al poco de tomar los mandos de la entidad, el ya expresidente Emilio Saracho purgó las cuentas del Popular para blindarse ante acusaciones futuras y admitió que el banco había prestado dinero a los clientes para acudir a la ampliación de capital de junio, algo que su antecesor en el cargo había negado en repetidas ocasiones. Las declaraciones de Saracho llamaron la atención no tanto por la confesión de culpa como por el hecho de reconocer que, gracias a esta vía y de forma ilegal, se habían apuntado como capital 205 millones de euros que en realidad no eran sino un truco para engordar autocartera.

“A las 10 h. te daban el crédito y a las 10.05 h. comprabas las acciones. A eso llámalo cómo quieras. Lo único que te puedo decir es que lo he perdido todo y sigo debiendo 30 millones de euros al banco. Es decir, te quitan la casa pero sigues pagando la hipoteca. No creo que me vengan ahora con el cuento de la refinanciación o de ampliar plazos… Pero ¿refinanciar qué? Si ya no hay acciones… Si nos han ‘robado’”.

Los clientes vip se reunieron con Saracho, Ron, Larena y Aparicio en febrero. Tras este encuentro, los cuatro fueron cayendo como fichas de dominó

El primer y último encuentro de estos inversores vip con Emilio Saracho se celebró a principios de febrero, antes de que tomara posesión del cargo. La puesta de largo tuvo lugar en la sede del Popular, en el que fuera el ‘palomar’ de Luis Valls, presidente durante más de tres décadas, de 1972 a 2004, y bajo cuya égida se vivieron los años dorados de la entidad erigiéndose como ejemplo de la banca comercial en Europa. Todo un referente.

Junto a Saracho se encontraban en aquel almuerzo el presidente Ángel Ron, que ya se había ido pero que todavía estaba, el secretario del Consejo, Francisco Aparicio Valls, y el consejero delegado, Pedro Larena. Cuatro nombres que han ido cayendo como fichas de dominó en cuatro meses, que es el periodo que va desde este encuentro a la intervención del Mecanismo Único de Resolución (MUR) e inmediata compra por el banco presidido por Ana Botín.

El almuerzo no fue bien y ya hizo presagiar lo que luego aconteciera, según relatan los comensales de aquel almuerzo, apenas una docena, la mayoría familias de raigambre procedentes de entidades absorbidas en su día por el Popular, caso de los Nigorra (Banco de Crédito Balear) o los Barrié de la Maza (Banco Pastor). No hubo química: “A Saracho se le notaba incómodo, no quería estar ahí. Iba demasiado crecido, con maneras más propias de un banquero de JP Morgan que de una entidad comercial como el Popular”.

Su corazonada mutó en realidad semanas después, cuando el nuevo presidente se despachó en la Junta General de Accionistas con un discurso bomba que dejó a la acción tambaleándose más de lo que ya estaba. Luego siguió cayendo y cayendo hasta desaparecer.

Luis Valls. (EFE)
Luis Valls. (EFE)

El caso del Popular ha vuelto a encender la llama de la indignación social, una atmósfera que recuerda a la de la salida a Bolsa de Bankia. Más de 300.000 accionistas pillados. Valga matizar que los dramas no se están produciendo entre los que se han dejado grandes cantidades de dinero en estas inversiones como los ya citados –que esos distribuyen el parné en zurrones por eso de la diversificación–, sino entre los que tenían poco pero concentrado.

Hoy igual que ayer, los despachos de abogados se han lanzado a la ‘caza’ de estas víctimas del banco para defenderlas. Los damnificados, sean grandes o pequeños, no acuden a los grandes bufetes en busca de asesoramiento legal, ya que estos incurren en intereses cruzados al tener como cliente al grueso de la banca. Al revés, tienen que pedir ayuda en el extrarradio, en firmas legales ubicadas en segundas e incluso terceras líneas.

“Lo que ha pasado es una confiscación impropia de un sistema capitalista”, aseguraba Rodolfo Fernández Cuéllar, socio del bufete Miliners Abogados y Asesores Tributarios, a El Confidencial. “No se trata solo de dinero sino también de orgullo. Aquí tiene que haber responsabilidades para todos aquellos que firmaron las cuentas de 2016 a sabiendas de que eran falsas… Porque eran falsas”, apostilla el que fuera cliente vip del Popular.

Caza Mayor

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