La CUP, tras el general Prim

Sábado de pasión: si los antisistema deciden votar los Presupuestos, Puigdemont convocará un referéndum unilateral. Habrá llegado el temido choque de trenes

Foto: La diputada de la CUP Anna Gabriel pasa ante el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (c). (EFE)
La diputada de la CUP Anna Gabriel pasa ante el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (c). (EFE)

Este lunes, a última hora de la tarde, en una Barcelona más fría y lluviosa de lo habitual, había fiesta grande en la patronal catalana. En la regia sala de actos del Foment del Treball Nacional, se presentaban los dos volúmenes de la historia de la mas que bicentenaria entidad (1771-2011), realizados por el escritor y expolítico del PP Manuel Millian Mestre, y por el historiador económico Francesc Cabana, que es además cuñado de Jordi Pujol, con el que mantiene —desde la aparición de la famosa herencia de su suegro, Florenci Pujol— una relación correcta pero fría.

Intervinieron Joaquín Gay de Montellá, el activo presidente de la patronal, el presidente de CaixaBank, el economista Jordi Gual —que sorprendió al gobernador del Banco de España (ver despiece)— y el propio gobernador, Luis María Linde. Asistieron, satisfecho, el antiguo presidente del Foment y actual presidente de la CEOE, Juan Rosell, y el delegado del Estado en Cataluña, Enric Millo. Ningún representante de la Generalitat.

A la salida, un inquieto empresario catalán, con muchas horas de vuelo, me transmitió su estupor. “¿Te has dado cuenta? Lo ha dicho Millian, que quizás exagera algo: el Foment, la burguesía, entonces sufragó la Gloriosa, la famosa revolución del 68 que derribó a Isabel II, y pagó al general Prim para defender los intereses de la industria catalana. Y ahora, 150 años después, cuando Cataluña tiene el mayor grado de autonomía desde 1714, nos encontramos con que el Gobierno catalán no solo no pinta nada en Madrid sino que está sumiso y pendiente —como los niños de un colegio de curas de antes— de lo que decida el sábado la superioridad, el consejo político de la CUP, un grupo asambleario de extrema izquierda, anticapitalista y antieuropeo".

"Si la CUP decide votar los Presupuestos, el Govern brindará con cava porque cree que podrá hacer el referéndum con el que ha conseguido ilusionar a buena parte del país. En caso contrario, nos tenemos que preparar para otras elecciones (catalanas), que serían las terceras en menos de cinco años. Eso sí —ríe—, el Govern está pendiente de un grupo antieuropeo, pero mañana [se refería a este martes] Puigdemont y Junqueras van a Bruselas a dar una conferencia para decir que España no es una democracia porque no permite un referéndum de autodeterminación. Si no fuera tan lastimoso, daría risa. ¡De pagar al general Prim, para que diera un golpe militar y proteger así a la industria catalana, hemos pasado a implorar a la CUP que nos ayude a separarnos de España!”.

El empresariado catalán no es mayoritariamente independentista, pero la indignación es unánime por la dependencia de los antisistema de la CUP

Es un relato —exagerado— que responde bastante a la realidad. Le digo que sería útil darlo a conocer: “Haz lo que quieras, pero no se te ocurra ponerlo en mi boca que bastantes problemas tengo con estos incompetentes. Y con los de Madrid, que se están equivocando desde hace años y persisten en el error. Lo grave no es que ahora estemos todos pendientes de lo que hará el sábado la CUP y de sus luchas internas, que si Anna Gabriel, que si Benet Salellas, que no me interesan nada…".

"Lo grave es que llevamos así desde finales de 2014. Que si investirán o no investirán a Mas. Que no sale Mas pero sí Puigdemont. Que si habrá Presupuestos de 2016 o no los habrá. Que no hay Presupuestos pero se aprobará —quizás— una moción de confianza. Que Puigdemont gana la confianza a cambio del 'referéndum o referéndum'. Que si Junqueras adelanta en las encuestas a CDC, o como se llamen ahora, que bien merecido lo tendrían. Que si habrá Presupuesto de 2017 o no lo habrá. Que si hay Presupuesto, habrá referéndum y elecciones en un país que ya será independiente. Que si no hay Presupuesto, habrá elecciones que todavía tendrán que ser autonómicas… Así no se hace nada, así no se avanza, así perdemos prestigio en toda España y en Europa… suponiendo que se enteren. Y lo pagaremos".

"Si estuviéramos en el siglo XIX, habría que buscar un general Prim para que derribara los dos gobiernos, al de Barcelona y al de Madrid, porque los dos nos han llevado a una situación insostenible”. Es de noche, pero debe ver mi cara de susto y se despide abriendo el paraguas: “Pero no te preocupes, que afortunadamente no estamos en el siglo XIX sino en el XXI”.

El empresario anónimo tiene su razón. El orgulloso Gobierno catalán está casi paralizado desde las elecciones de 2014, sin una auténtica mayoría parlamentaria (tiene 62 escaños sobre 135) y ha elegido una opción —la separación de España— para la que no encuentra otro aliado que los anticapitalistas. Es dramático para una burguesía que —mayoritariamente y con el visto bueno del PP, entonces en la oposición— ayudó y acogió con satisfacción la derrota del tripartito de José Montilla a finales de 2010 a manos de un candidato 'business friendly' que ahora apuesta por la independencia.

Las quejas del 'establishment' no van solo contra el separatismo, sino también contra los partidos de Madrid que no han sabido reconducir el conflicto

Esta semana, el Gobierno catalán está pendiente de la CUP. Si vota los Presupuestos, habrá —como teme el empresario anónimo— un quizá cruento choque de trenes con Madrid, porque se convocará un referéndum ilegal. Si no hay Presupuestos, habrá nuevas elecciones, que pueden muy bien no aclarar el panorama, porque en Cataluña hay un empate ya casi permanente entre los que, con entusiasmo o resignación, creen que la única salida es la independencia, y los que no creen en esa solución o piensan que el remedio podría ser peor que la enfermedad.

Y los reproches no van solo contra los separatistas, sino que alcanzan también a los dos partidos de Madrid. Al PSOE porque aprobó un Estatut que luego no supo —o no quiso— defender ante el Constitucional. Al PP porque montó una campaña anticatalana —para echar de paso a Zapatero del Gobierno— y se cargó un Estatut que decía que Cataluña era una nación que formaba parte de España. Y al PP —otra vez— porque en cuatro años de mayoría absoluta no ha sabido reconducir el conflicto y porque la tan cacareada operación Diálogo no ha servido de nada hasta el momento. Puigdemont sigue implorando la bendición de la CUP mientras que la vicepresidenta se ha limitado a montarse un despacho —que usa poco—, a sendas entrevistas con Miquel Iceta e Inés Arrimadas y a una conversación “franca y profunda” con Oriol Junqueras.

No son solo los separatistas sino toda Cataluña e incluso toda España quienes están pendientes de lo que vote la CUP —que representa al 8% de los catalanes y tiene 10 diputados en el Parlamento catalán (sobre 135)—, porque esa decisión puede tener mucha influencia sobre lo que suceda en España en 2017.

Lo más probable es que la CUP acuerde votar los Presupuestos, pero nadie está seguro porque depender de los asamblearios es una ruleta rusa

¿Y qué pasará el sábado? Pues depende de las asambleas territoriales de la CUP que se están celebrando estos días y de la relación final de fuerzas entre las diferentes corrientes. Lo lógico sería que diera el sí a los Presupuestos. Porque daría así vía libre al choque con España, al forzar la convocatoria de un referéndum unilateral y por lo tanto ilegal. Porque si triunfara, y Cataluña fuera independiente, tendría un problema para permanecer en la UE, y la CUP quiere salir de Europa. Porque actúa como un parásito sobre el separatismo, al que le interesa chupar la sangre —y quizá debilitar—, pero nunca matar porque es una de sus fuerzas de alimentación. También porque unas nuevas elecciones, sin referéndum previo por culpa de la CUP, podrían castigarla electoralmente (las encuestas detectan una erosión de su voto). En último término, porque Puigdemont y Junqueras han cedido bastante en las horas finales de la negociación. Los titulares del diario 'Ara' lo reflejaban ayer con claridad: 6.530 maestros más en tres años, de los cuales 3.500 en 2017; 288 millones para la renta mínima y un impuesto de aplicación inmediata para los vehículos más contaminantes.

Este martes, en las cúpulas del PDeCAT y de ERC se confiaba bastante en el voto de los anticapitalistas, pero no había seguridad. Por tres motivos principales. El primero es que el PDeCAT se ha negado a subir la parte autonómica del IRPF (ya la más alta de España), contrariando así la gran reivindicación de la CUP. Una 'garganta' en la CUP de Barcelona me dice que esta negativa inclinará el voto en contra. El segundo es que la CUP puede intentar obtener más rompiendo provisionalmente la negociación y causando alarma y consternación en el independentismo. Pero el tercero y principal es que siempre es difícil saber lo que hará un grupo antisistema en el que conviven diferentes corrientes y en el que las posiciones radicalizadas acostumbran tener un plus.

Así, el independentismo —que dice querer lo mejor para Cataluña— ha dejado a toda Cataluña —e incluso, en parte, a España— pendiente del dictamen de los asamblearios. ¿De la ruleta rusa?

Josep Pla, CaixaBank y el Banco de España

Jordi Gual, exprofesor del IESE, docto economista y nuevo presidente de CaixaBank, descolocó ayer al gobernador del Banco de España, Luis María Linde. Gual intervino en el acto porque La Caixa fue fundada en 1904 por iniciativa de los entonces presidente y secretario del Foment, Lluís Ferrer Vidal y Francesc Moragas.

Gual quiso quedar bien citando un antiguo ensayo del gobernador del Banco de España sobre el escritor ampurdanés Josep Pla, una de las figuras de la prosa y el periodismo catalán en el siglo XX, titulado 'Mercados libres y buena moneda. Las ideas económicas de Josep Pla'. Lo que sucede es que la iconoclasta definición de capitalismo de Pla no encajaba demasiado con el ortodoxo discurso que el gobernador llevaba preparado. Pla decía: “El capitalismo es irracional, caótico, incomprensible, desordenado, caprichoso, injusto, doloroso, triste y absurdo. Y todo esto demuestra la necesidad de mantenerlo porque es exactamente como es la naturaleza y la vida”. Brillante, ciertamente, pero polémico.

Linde —que amablemente reconoció haber quedado algo descolocado— no quiso profundizar. Se limitó a decir que Pla —corresponsal en Alemania en los años veinte— había vivido en un país con una inflación desbocada que tuvo nefastas consecuencias, y que por lo tanto era firme partidario de los mercados libres y la buena moneda, el título de su trabajo. Por eso hoy Pla estaría satisfecho con el euro, una buena moneda.

Confidencias Catalanas

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