Hagamos posible lo imposible: la vía escocesa para Cataluña

Los nacionalistas han acabado aceptando una consulta no vinculante jurídicamente, pero sí políticamente

Foto: Independentistas catalanes piden la independencia de Escocia. (AP)
Independentistas catalanes piden la independencia de Escocia. (AP)

El pasado domingo, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, y el vicepresidente de la misma, Oriol Junqueras, firmaban un artículo conjunto en el diario 'El País' en el que, bajo el título "Que gane el diálogo, que las urnas decidan", reclamaban del Gobierno central un acuerdo para someter al pueblo catalán a una consulta similar a la que hubo en Escocia sobre la independencia. Visto así, fríamente, puede parecer más de lo mismo, pero analizado el artículo lo que hay de fondo no es otra cosa que un grito de auxilio: “Vengan a ayudarnos pero, eso sí, sin humillarnos”.

Y para ello proponen algo que en sí mismo es una cesión respecto de todo lo que han venido exigiendo hasta ahora: que sea el Gobierno central el que convoque una consulta sobre el futuro de Cataluña. El Gobierno central, o el Parlamento, que para el caso de lo que quieren Puigdemont y Junqueras viene a ser lo mismo. Es decir, ellos renuncian a ser los organizadores de la consulta y ponen toda la responsabilidad de la misma en manos de Madrid. Si nos atenemos al ejemplo escocés, que es lo que ambos dirigentes políticos reclaman en su artículo, sería el propio Gobierno el que convocara una consulta —que no necesariamente tiene por qué ser jurídicamente vinculante— y el que decidiera qué pregunta se hace al pueblo catalán.

Solo el hecho del engaño posterior con el Brexit es lo que ha llevado de nuevo a los nacionalistas escoceses a plantear un segundo referéndum

En Escocia fue muy simple: “¿Debería Escocia ser un país independiente? Sí o no”. Una pregunta tan clara, y una campaña muy fuerte del propio Gobierno de Cameron advirtiendo que el sí implicaba la salida de Escocia de la UE, llevó a que la consulta registrara un récord de participación y que la independencia fuera rechazada mayoritariamente. Solo el hecho del engaño posterior con el Brexit es lo que ha llevado de nuevo a los nacionalistas escoceses a plantear un segundo referéndum para que Escocia siga formando parte de la UE como país independiente del Reino Unido.

Yo ya planteé hace tiempo la vía escocesa para Cataluña, y aunque tarde, los propios nacionalistas la han acabado aceptando, aun sabiendo que una consulta en esos términos se escaparía a su control. Pero, para evitar equívocos, es necesario aclarar que una consulta pactada en estos términos no implica en ningún caso una reforma de la Constitución y, por lo tanto, no conlleva la exigencia de un referéndum a nivel nacional. Se trataría, como he dicho antes, de una consulta no vinculante jurídicamente, pero sí políticamente.

Es decir, que en el caso de que, dándose unas determinadas circunstancias de participación, el resultado fuera abrumadoramente mayoritario a favor de la independencia, solo en ese caso el Gobierno tendría la prerrogativa de acometer una reforma de la Constitución que, en este caso sí, sería sometida a referéndum de la soberanía nacional, es decir, el conjunto del pueblo español.

El alcalde de Sant Jaume de Frontanyá deposita su voto para la consulta sobre la autodeterminación de Cataluña. (EFE)
El alcalde de Sant Jaume de Frontanyá deposita su voto para la consulta sobre la autodeterminación de Cataluña. (EFE)


Pero existe otra posibilidad que, me consta, hay quien está planteándose como solución en el seno del Gobierno, y no es otra que la reforma del Estatuto de Autonomía. Según el artículo 147.3 de la Constitución, las reformas de los estatutos de Autonomía deben ser refrendadas por las Cortes Generales. Pero el artículo 152.2 introduce un matiz, ya que en el caso de las autonomías de primer grado, como Cataluña, la reforma debe ser aprobada en referéndum del cuerpo electoral de la comunidad en cuestión. Es decir, la Generalitat podría pactar con el Gobierno una reforma del Estatuto y someterla a referéndum teniendo en cuenta, claro, que —como en el caso anterior— si esa reforma implica otra posterior de la Constitución española, de nuevo habrá que someter esta a aprobación del conjunto de la soberanía nacional.

Todo esto es posible. Y es una forma de reconducir esta endiablada situación sin que llegue a producirse el choque de trenes, y dándoles una salida a quienes, es verdad, nos han conducido a este conflicto de una manera absolutamente irresponsable. Y me dirán, ¿hay que hacerlo? Yo creo que sí, que a pesar de todo, no por ellos, sino por el pueblo catalán que vive en una permanente fractura, es necesario encontrar una salida, una solución que acabe con este despropósito.

Dos Palabras

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