El tirón de orejas de Maruja Torres a los propietarios de El País

No es ninguna noticia la precariedad laboral de la juventud en España. No tiene nada de noticioso, pero este fin de semana el tema protagonizaba la

No es ninguna noticia la precariedad laboral de la juventud en España. No tiene nada de noticioso, pero este fin de semana el tema protagonizaba la portada de El País. Así las cosas, lo que molestaba a Maruja Torres no era el hecho de que algo de sobra conocido ocupase la portada del domingo de su periódico.

Lo que criticaba Maruja Torres (a la sazón, afamada columnista de este rotativo) en su blog personal era que esa fatal precariedad se denunciara de “como cosa ajena”. Que desde esa portada se mirara para otro lado, que, precisamente desde la prensa, “donde se da uno de los índices más altos de explotación y falta de futuro de los jóvenes”, se criticara esa situación sin que la empresa en cuestión, esto es, el Grupo Prisa, se involucrase y auto-inculpara. “Tiene narices”, denunciaba desde su bitácora.

Como muchos medios de comunicación españoles, El País está sufriendo la crisis. De un año y medio a esta parte, el rotativo de los Polanco ha tenido que meter tijera en la redacción, recortar salarios e incluso se las ha visto y deseado para pagar a tiempo las nóminas. Y en esta cadena de ajustes, los becarios son siempre el eslabón más débil. Cuando terminan los tres meses de rigor, puerta y a la calle.

Maruja ha debido conocer a más de uno y más de dos becarios de esos a los que todo el mundo pone verdes pero que sacan adelante el trabajo por cuatro perras, o, en muchos casos, gratis. Y así ocurre año tras año, mientras el becario va creciendo y ya no es un estudiante en prácticas, sino un universitario licenciado, quizá incluso con un máster o un doctorado, con experiencia acumulada gracias a esas becas poco productivas económicamente y con pocos o ningún día cotizados en la seguridad social.

Las redacciones de la mayoría de los medios están abarrotadas de esas figuras grises e impersonales a las que no se les quiere coger cariño porque nunca se quedan. Forges entiende bien el concepto. No saben estos pobre precarios que ya no van a volver a encontrarse, que pertenecen a una generación perdida. Exactamente así lo expresó la semana pasada el director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Khan, en la Conferencia del Empleo de Oslo: "Si no se adoptan las medidas adecuadas para hacer frente a esta tragedia, el coste económico y social será tremendo porque estamos hablando de una generación perdida".

Estamos hablando de un país que, de forma consciente mina la moral de los profesionales que lo tendrán que sostener en el futuro. De la pescadilla que se muerde la cola convertida en un becario que gana poco, no puede emanciparse, se desespera, acepta cualquier trabajo y sigue ganando poco. Maruja lo sabe y tiene las narices de decirlo.

El Confidente
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