El pacto ante Europa, ¿rompehielos o espejismo?

 “Esta vez parece que Alfredo plantea la estrategia de pactos con más convicción y determinación”. El juicio procede de un relevante miembro de los Gobiernos de

 

“Esta vez parece que Alfredo plantea la estrategia de pactos con más convicción y determinación”. El juicio procede de un relevante miembro de los Gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, que hizo pivotar sobre los acuerdos con el Ejecutivo de José María Aznar parte sustancial de lo que bautizó como “oposición útil”. Y tiene relevancia interna en el PSOE porque la mayoría de entre quienes han desempeñado cargos públicos, fuera con Zapatero o con Felipe González, vienen manteniendo desde hace tiempo que el acuerdo entre los dos grandes partidos frente a la crisis, aunque no tenga la dimensión de los Pactos de la Moncloa suscritos durante la Transición, “sería muy importante, casi imprescindible” para España. De esta opinión participa, sin duda influido por su responsabilidad institucional, el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán.

Rubalcaba no ha dejado de plantear pactos desde el comienzo de la legislatura, pero de forma intermitente, zigzagueante y, al decir de algunos de sus correligionarios, “con la boca pequeña”. El PSOE arrancó la legislatura dando casi por seguro que el Gobierno de Mariano Rajoy quedaría estigmatizado por un rescate de la Unión Europea, pero el presidente ha logrado encubrirlo bajo la fórmula de ayudas limitadas a los bancos y la posibilidad de un rescate global prácticamente ha desaparecido de la pizarra.

Después, la divulgación de los cuadernos de Bárcenas hizo creer que este escándalo podría tumbar al Gobierno e impulsó a Rubalcaba a pedir en sede parlamentaria la renuncia del presidente, pero con el paso del tiempo la impresión mayoritaria en el PSOE es que, al final, se llevará por delante a una generación de dirigentes del PP, pero no hará caer al Ejecutivo. Ahora, con la intención de voto bajo mínimos y el 71% de los ciudadanos manifestándose a favor del pacto de Estado, según la encuesta de Metroscopia publicada por El País en mayo, parece haberse impuesto el criterio de que el margen de recuperación que le queda a Rubalcaba es “buscar acuerdos económicos y llevar ahí la iniciativa”, como venían defendiendo las viejas guardias (felipista y zapaterista).

La dirección socialista sostiene “la necesidad de un gran acuerdo” frente a la crisis, pero ve más factible pactos puntuales

Viraje en las dos orillas

La explicación oficial del PSOE sobre estos movimientos pendulares es, obviamente, más autoexculpatoria. Para empezar, recuerda que los socialistas “hicimos nuestra propuesta de un pacto por el empleo tres días antes de que estallara el caso Bárcenas, que vino a romperlo todo”, entre otras cosas, los puentes de comunicación. Después, subraya “la corriente de cambio” que se detecta en la derecha europea, que parece haber empezado a asumir que la austeridad a machamartillo sólo conduce a la muerte por inanición del enfermo, “en la línea de lo que nosotros hemos venido defendiendo desde el principio”. Y, finalmente, resalta un cambio de actitud en Rajoy, que atribuye en gran medida a las críticas del ala más radical del PP, con Aznar en funciones de portavoz público de sus tesis, que se resumen en aplicar el rodillo de la mayoría absoluta para hacer “reformas de alta intensidad”.

En todo caso, aunque el pacto ante la Unión Europea sea casi obligado y de contenido generalista y las expectativas sobre la trascendencia del próximo Consejo Europeo ya se hayan empezado a enfriar, Rubalcaba cree que lo que constituye el primer gran acuerdo de la legislatura puede servir de “rompehielos” para otros, según fuentes de su entorno. Por lo pronto, ha habido un cambio de clima en la relación con el Gobierno: “Ellos también se están moviendo. Y ahora, por lo menos, hablamos”. Otra cosa es que el diálogo se traduzca en un gran acuerdo. La expectativa se mezcla con el escepticismo en los análisis socialistas.

De la educación a las pensiones

“Nosotros creemos en la necesidad de un gran acuerdo y hemos abierto la posibilidad”, sostiene la dirección del PSOE. Pero, al mismo tiempo, reconoce que son más viables los acuerdos puntuales, de modo que la expectativa suscitada por el pacto europeo podría quedar en un espejismo. Las diferencias son muchas y, en algunas materias, abismales. Así, por ejemplo, los socialistas anticipan “un no como una casa” a la reforma de las pensiones en los términos planteados por el informe de los expertos designados por el Gobierno, o a la reforma educativa promovida por José Ignacio Wert. Pero, también a modo de ejemplo, cabe la posibilidad de que, sin compartir esta ley, los dos grandes partidos pudieran acordar el porcentaje del PIB que se dedica a la educación.

El PSOE anticipa “un no como una casa” a la reforma de las pensiones

En la coyuntura actual, Rajoy y Rubalcaba se necesitan para frenar la diáspora de sus votantes. El presidente precisa algún tipo de cobertura externa para amortiguar el desgaste de un Gobierno que ya ha asumido públicamente su incapacidad para reducir el paro. Y el líder de la oposición necesita protagonizar acuerdos concretos porque la radicalización que propiciaron los cuadernos de Bárcenas no dio los frutos esperados y sólo podrá mantener la estrategia pactista “mientras haya cosas que se puedan acordar”. Esto es lo que ha llevado a algunos a representar la situación de los dos principales dirigentes políticos con la imagen de un clinch entre dos boxeadores. Lo que no ha cambiado, salvo para ir a más, es la urgencia ciudadana de que alguien ofrezca soluciones a sus problemas.

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