Susana + Pablo = Rajoy

En España está muy clara la ecuación electoral que se le plantea al centro derecha, acaso por primera vez en varios decenios: la suma de la izquierda dividida es igual a la victoria de la derecha

Foto: Pablo Iglesias y Susana Díaz.
Pablo Iglesias y Susana Díaz.

La política es una ciencia inexacta, pero las ecuaciones existen. Es verdad que hay quien considera que la política es un arte, antes que una ciencia, como Groucho Marx, que dijo aquello tan cáustico de que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”, pero aun así se pueden establecer fórmulas matemáticas que nos expliquen el futuro inmediato. En España, ahora, por ejemplo, está muy clara la ecuación electoral que se le plantea al centro derecha, acaso por primera vez en varios decenios: la suma de la izquierda dividida es igual a la victoria de la derecha.

Si esta era una premisa ya generalizada en el panorama político español, lo que se va confirmando en los congresos de los respectivos partidos es que esa ecuación tiende a consolidarse. El triunfo de Pablo Iglesias en Podemos ya solo espera el previsible enroque del aparato del PSOE para que sea Susana Díaz la próxima líder de los socialistas. Si se cumple ese pronóstico, la ecuación se habrá establecido con tres factores inalterables, Susana Díaz más Pablo Iglesias es igual al triunfo de Mariano Rajoy.

Si se retrocede en la historia tan solo tres años, lo que observaríamos es que el modelo político tradicional que había imperado en España desde la década de los ochenta, con la alternancia del Partido Popular y del Partido Socialista en el poder, se rompió en pedazos por la confluencia fatal para ambos, tantas veces analizada, de la corrupción política y la crisis económica. Lo que era más difícil de prever es que la resultante de esa quiebra fuera el desmembramiento del electorado de izquierda, antes que el de la derecha. Pero ha sido así.

Los votantes de centro derecha han resistido mejor la crisis del sistema e incluso se reagrupan de nuevo en torno a las siglas tradicionales del PP

El electorado de izquierda ha confirmado ya en varias elecciones que se mantiene profundamente dividido, mientras que los votantes de centro derecha han resistido mejor la crisis del sistema e incluso comienzan de nuevo a reagruparse en torno a las siglas tradicionales del Partido Popular. Ni la corrupción que le ha estallado al PP en los últimos años ni el desgaste por las medidas antipopulares adoptadas durante la gestión de la crisis por el Gobierno de Mariano Rajoy le han hecho tanto daño electoral como al Partido Socialista, a pesar de estar en la oposición y a pesar de que, históricamente, ha contado con un entramado de apoyo social mayor en la sociedad española.

La consecuencia inmediata de esa capacidad de resistencia del Partido Popular ha sido que la división de la izquierda, antes que resolverse, se ha acentuado. La fracción que ya era traumática entre Podemos y el PSOE, que rompe en dos al electorado de izquierda, se ha multiplicado con la ruptura interna de los dos partidos. División exponencial. En Podemos acaban de salir de un congreso traumático que ha consolidado el liderazgo de Pablo Iglesias gracias a la derrota de Íñigo Errejón, su otra mitad, y en el PSOE la ruptura interna solo se resolverá con la aniquilación de una de las dos mitades en las que se ha quebrado el partido.

La experiencia dicta que si Susana Díaz afronta las primarias, si no consigue desactivarlas antes, lo hará solo si previamente ha logrado amarrar una victoria sin sorpresas entre la militancia. Con ese resultado, la izquierda en España estará liderada por dos personajes irreconciliables, Pablo Iglesias y Susana Díaz. En las últimas elecciones andaluzas, comenzó la bronca interna de Podemos, según ha desvelado Juan Carlos Monedero estos días, porque mientras que el sector de Errejón pretendía pactar su entrada en el Gobierno de Susana Díaz, el sector de Pablo Iglesias se negaba con rotundidad a coaligarse “con el PSOE más corrupto de España”. Con el añadido de que, por el momento, no es posible pensar en nuevas mayorías absolutas en España, es fácil concluir que la izquierda solo podría volver a gobernar si logran entenderse Susana Díaz y Pablo Iglesias. Es decir, dos egos irreconciliables y un solo vencedor, Mariano Rajoy.

Siempre quedará la teoría de que Podemos es un invento de la derecha para favorecer la hegemonía raquítica en la que siempre sale Rajoy favorecido

Para los amantes de las conspiraciones de despacho, siempre quedará la teoría, formulada hace años, de que Podemos es un invento de la derecha, precisamente para favorecer esta hegemonía raquítica de ahora en la que siempre sale Rajoy favorecido. Rosa Díez, por ejemplo, fue una de las que lo dejaron por escrito en su último libro como líder de la efímera UPyD: "Uno de los máximos responsables de un grupo financiero muy importante nos contó que la decisión de impulsar a Podemos se había tomado con el conocimiento y aquiescencia de Moncloa y que en la gestación había estado Soraya, y que Rajoy había conocido siempre el asunto. La razón para tomar esa decisión —nos dijo— había sido intentar redirigir hacia una nueva opción el voto del descontento, el del 15-M, dividir el voto de la izquierda y, de paso, reducir el riesgo de que el PSOE se hiciera con una parte sustancial de esos votos”.

El relato de Rosa Díez, y de tantos otros, continúa con el detalle supuesto de que ese importante grupo financiero influyó para que Pablo Iglesias saliera mucho en televisión, con lo que forjó su liderazgo hasta convertirlo en la gran sorpresa de unas elecciones. ¿Y es posible que haya sido así? Nunca lo he creído, porque no es creíble aunque fuera un empeño cierto; porque si fuera tan fácil fabricar un liderazgo, hasta Pablo Casado o Andrea Levy serían líderes emergentes de tanto que han salido en tertulias televisivas, y no es así. De todas formas, ya es sabido que en España las conspiraciones siempre tienen más éxito que la realidad. Así que cada cual piense lo que quiera. Porque lo que no se altera es la ecuación ya formulada, a la que solo le falta que se confirme un factor.

Matacán

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