Podemos se aprieta en la izquierda

El partido morado se ha inyectado adrenalina política con esta moción, pero ahora llega el verano y, cuando pase la adrenalina, lo primero en aflorar serán sus contradicciones

Foto: Irene Montero y Pablo Iglesias, durante la moción de censura. (EFE)
Irene Montero y Pablo Iglesias, durante la moción de censura. (EFE)

A Podemos le hacía falta darse un achuchón, mover con mala leche las ramas del árbol, agarrarse a sí mismo por las solapas y echarse en cara que tienen que espabilarse, porque desde que una encuesta del CIS les dio como fuerza ganadora hace tres años, no han hecho más que bajar y bajar, hasta llegar a esta sensación melancólica de ahora de lento y triunfal declive, de vértigo del globo que se desinfla; el remordimiento de que la historia, al final, no les contemple más que como un bluf que duró lo que dura la bronca de una pareja; en cuanto a los españoles se les fue pasando el cabreo por la crisis y por la corrupción, a Podemos se le acabó la fuerza de las elecciones. Antes que asistir impasibles a su propia degeneración, a Podemos le hacía falta darse una moción de censura para reactivarse, una moción de censura a su propia decadencia para vencerla y volver a respirar como antes, cuando se veía venir el sorpaso. Ese ha sido todo el sentido de esta moción de censura contra el Gobierno de Mariano Rajoy y, de acuerdo a lo que se piensa en Podemos sobre cómo se deben construir mayorías, está claro que han cumplido todos sus objetivos. Otra cosa distinta es que esa estrategia sea la acertada, pero eso solo se verá con el tiempo.

La presentación y ejecución de esta moción de censura no se puede analizar sin tener en cuenta dos acontecimientos previos, el proceso electoral interno en Podemos y las primarias del PSOE. En el primer caso, en el proceso que se conoce como Vistalegre II, lo que hizo Podemos fue alejar toda tentación de moderar el discurso, nada de viajar hacia terrenos más centrados de la socialdemocracia para intentar construir una mayoría estable en la izquierda española, con ambición de fuerza hegemónica. En vez de apostar por ese planteamiento, en Podemos venció la estrategia contraria: para lograr la mayoría en la izquierda, hay que radicalizar el proyecto político. “Nosotros somos mayoritarios y radicales al mismo tiempo”, como dijo uno de los padres fundadores de Podemos. Las intervenciones de Pablo Iglesias en esta moción de censura obedecen a ese guion, con un ánimo premeditado de aislamiento frente a todos los demás grupos parlamentarios. Puede parecer incluso paradójico que un partido político presente una moción de censura y en el trámite parlamentario el candidato se dedique a enfrentarse agriamente con todos aquellos que tendrían que apoyarle, pero eso es lo que ha sucedido. El tono empleado por Pablo Iglesias podría considerarse equivocado, por chulesco y prepotente, esas lecciones que va dando con gesto despectivo, pero no se trata de un error sino de una estrategia. El problema que tiene el líder de Podemos consigo mismo al verse sentado en el Congreso como un diputado más, lo resuelve con el trazo grueso en la tribuna del Congreso.

Las primarias del PSOE también suponen un elemento de análisis esencial para analizar lo sucedido. Está claro que los primeros sorprendidos de la derrota de Susana Díaz fueron los dirigentes de Podemos, porque esta moción de censura no se hubiera presentado de haber sabido antes que ganaría con mucha distancia Pedro Sánchez. Tanta fue la sorpresa que se ofrecieron a retirarla y, además, redactaron con urgencia un documento interno para recolocarse ante la nueva e inesperada situación: 'Éramos pocos y llegó Pedro Sánchez', se llama el documento, y ya el nombre lo dice todo. Lo que, de forma resumida, se dice ahí es que con la victoria de Pedro Sánchez, el PSOE “recobra un papel central en la agenda mediática y se convierte en un referente inevitable para la agenda política”, con lo que a Podemos lo que le queda es “atacar, atacar y atacar como estrategia de polarización”. El peligro real de Podemos es que el Partido Socialista, ahora encabezado por Pedro Sánchez, recupere la identidad de izquierda que había perdido, o que se había difuminado, y que convirtió al partido de Pablo Iglesias durante mucho tiempo en el ‘voto útil’ de los votantes de izquierda en España. Haber perdido esa cualidad, o que el PSOE pueda recuperarse como referencia de izquierda, es una amenaza real para el futuro de Podemos, con lo que hacen bien en preocuparse.

Sumando ambos factores, se explica sobradamente, por lo tanto, el comportamiento insólito de Pablo Iglesias en muchos apartados de esta moción de censura, en que arremetía contra todo y contra todos. Como se trataba exclusivamente de una iniciativa parlamentaria que pudiera servir a Podemos para resituarse en la izquierda, en respuesta a la crisis propia y a la ajena del Partido Socialista, puede considerarse que han cumplido sus objetivos. Aunque otra cosa, como se decía antes, es que esa ecuación pueda dar los resultados apetecidos. ¿Puede una fuerza de izquierda hacerse hegemónica en España acentuando la radicalidad del discurso y la desobediencia en las formas? Solo en momentos de mucha convulsión económica y de inestabilidad institucional podría funcionar ese esquema, que por otro lado comparten muchos populismos, pero quizás ese tiempo ya ha pasado en España. De todas formas, en Podemos piensan que sí y, en ese caso, solo les quedaría por resolver algunas contradicciones internas graves, a la espera de que haya de nuevo urnas en España y que los electores de izquierda resuelvan con su voto la ecuación. La principal contradicción de todas, y que los aleja de cualquier entendimiento con el PSOE, está en el modelo territorial de España de Podemos. La propuesta de un “Estado plurinacional” dentro de España no se puede incluir en el mismo discurso en el que se defiende “la soberanía de Cataluña”. Son conceptos incompatibles y, sin embargo, Podemos los baraja como si fueran lo mismo. La Constitución ya incluye la existencia de “nacionalidades y regiones”, lo que nos acerca a la idea de la ‘España plurinacional’, pero lo que no existe, ni es legal, es otra soberanía distinta a la del pueblo español en su conjunto. La empanada mental aumenta cuando se pide un referéndum de autodeterminación “legal y pactado”, porque eso es imposible sin modificar la Constitución previamente.

Las mociones de censura se pueden ganar aunque se pierdan, y eso lo sabemos bien en España porque, de las tres que se han presentado, ninguna de ellas ha prosperado, pero no todas han fracasado para sus promotores. Podemos, a su forma, se ha apretado en la izquierda, se ha inyectado a sí mismo adrenalina política con esta moción de censura, pero ahora llega el verano y, cuando pase la adrenalina, lo primero que van a aflorar son sus contradicciones. Y esa imagen melancólica de declive que les espanta, como el camión de limpieza que baldea las plazas tras una acampada intensa, apasionada y atronadora y arrastra hasta los husillos los carteles y las banderas que se han quedado esparcidos por el suelo.

Matacán

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