El PSOE, en la trampa de Carmena

Un año después de que el PSOE apoyara a Carmena, y cuando solo se habla de 'sorpasso', alguien en el PSOE estará cuestionando si acertaron al rechazar mi oferta

Foto: Antonio Miguel Carmona y Manuela Carmena, hace un año. (EFE)
Antonio Miguel Carmona y Manuela Carmena, hace un año. (EFE)

Hoy se cumple justo un año de la votación para elegir alcaldesa de Madrid, en la que el Partido Socialista de Madrid, tras consultar con los líderes nacionales, tomó la decisión de dar sus votos a la candidata de Podemos, en vez de dárselos a su cabeza de lista, Antonio Miguel Carmona.

Los socialistas tuvieron que elegir entre su candidato y la candidata del partido que, desde la izquierda, les había adelantado en aquellas elecciones municipales y amenazaba con 'sorpassarles' en las siguientes elecciones generales.

Y, de manera que aún hoy me resulta incomprensible e inexplicable, prefirieron votar a la candidata de su adversario (¿o ya enemigo?) más directo antes que votar al suyo.

Y que nadie me diga que el dilema ante el que se encontraron los socialistas madrileños fue elegir entre Carmena y yo misma, porque yo, en una decisión muy meditada, ofrecí, en privado y en público, mi dimisión como concejal y el apoyo de todo el Grupo Municipal Popular al candidato Carmona.

El PSOE no quiso ni considerar mi propuesta. Ni los dirigentes actuales ni los históricos quisieron aceptar que Carmona fuera alcalde de Madrid

Para hacer ese ofrecimiento me estudié el programa con el que el Partido Socialista se había presentado a las elecciones al Ayuntamiento de Madrid, y llegué a la conclusión de que el Partido Popular podría apoyarlo en su casi totalidad, sin que nadie pudiera acusarle de haber traicionado principios básicos.

Bajadas de impuestos (como el IBI), supresión del ánimo recaudatorio de la multas, impulso de facilidades para los grandes inversores, realce del papel de Madrid como capital mundial de la segunda lengua más importante de Occidente, etc. Eran propuestas en las que se podía llegar a acuerdos con los socialistas. Y, añado, si el obstáculo para que el PSOE aceptara nuestro generoso ofrecimiento era mi persona, yo me ofrecía a dimitir inmediatamente para que Carmona fuera alcalde de Madrid sin tenerme a mí en la sombra.

El PSOE no quiso ni considerar mi propuesta. Ni los dirigentes actuales ni los históricos, a pesar de quedarse muy desconcertados por mi ofrecimiento, quisieron aceptar que Carmona, su correligionario y candidato, fuera alcalde de Madrid. Y apoyaron a la candidata de Podemos.

Pablo Iglesias, frente al Ayuntamiento de Madrid. (EFE)
Pablo Iglesias, frente al Ayuntamiento de Madrid. (EFE)

Quizá no entendieron dos cosas.

La primera, la extraordinaria importancia política que tiene el Ayuntamiento de la capital, que convierte a su alcalde en una de las personalidades españolas con más proyección mediática y con más influencia social.

Y la segunda, que Podemos, se pongan como se pongan y se disfracen de lo que se disfracen, es un partido político que tiene como primer y principal objetivo la destrucción del régimen constitucional del 78.

Ese régimen que, podríamos decir, ha tenido una de sus principales bases de sustentación en el PSOE. De la misma forma que también podríamos decir que el PSOE contemporáneo es, a su vez, un producto de ese régimen constitucional.

Engordar a Podemos, dar facilidades a Podemos, entregarles la alcaldía de Madrid, era darles un arma de propaganda y visibilidad de enorme potencia. Un arma que va a ser utilizada, y de esto no cabía ni cabe la menor duda, para cargarse la España constitucional que hemos construido con esfuerzos y sacrificios desde hace más de 40 años.

Una democracia sin un partido socialdemócrata moderado de centro-izquierda nunca ha funcionado

Entregar el poder a Podemos (que no había ganado las elecciones) era un error, pero en el caso del PSOE era un error gravísimo porque, y ahí está el artículo de Pablo Iglesias en 'The New Left Review' en el que lo declara sin ambages, el primer objetivo de Podemos es acabar con la hegemonía del PSOE en la izquierda española.

Hoy, un año después de aquella incomprensible decisión del PSOE, cuando estamos en plena campaña electoral, saturados de encuestas que, con unanimidad, auguran que ese 'sorpasso' en la izquierda va a ser un hecho, me figuro que alguien en el Partido Socialista se estará, al menos, cuestionando si acertaron al rechazar mi oferta de hace un año.

Claro que también puede haber ocurrido que el alma constitucionalista del PSOE, a la que tanto debemos todos los españoles, tenga ahora nostalgia del izquierdismo de los populistas bolivarianos que tanto han medrado por culpa de los errores y de la corrupción de los dos partidos clásicos y por la actitud de unos medios de comunicación complacientes.

Eso sería mucho más grave, porque sería el indicio de que la nueva casa común de la izquierda va a ser Podemos, partido al que todos los socialistas, nostálgicos de izquierdismo se acercarían vergonzantes a pedir el ingreso.

Y una democracia europea sin un partido socialdemócrata moderado de centro-izquierda no ha funcionado nunca.

Mirada libre

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