“Catalonia calling”

Àngels Espada Álvarez me envía, según me comunica en una carta suficientemente personalizada la directora de la revista Sàpiens, Claudia Pujol, un libro y un DVD.
Foto: “Catalonia calling”

Àngels Espada Álvarez me envía, según me comunica en una carta suficientemente personalizada la directora de la revista Sàpiens, Claudia Pujol, un libro y un DVD. Lo hace “de modo desinteresado” y en el “marco de una campaña denominada Catalonia calling, impulsada por la revista de historia Sàpiens… con la colaboración de la Asamblea Nacional Catalana”. Según la señora Pujol, soy una de las 15.000 personas que recibo esta documentación que ha sido posible “gracias a las aportaciones económicas de unos 15.000 catalanes a través” de una web.

Y, tras este preámbulo, les confieso que, leído el libro y visto el contenido del DVD (imágenes del 11-S pasado con la cadena humana), no tengo otro remedio que reconocer que la Asamblea Nacional Catalana y todos los colaboradores -identificados por completo- autores de los textos, así como la revista Sàpiens, han logrado un producto de marketing que se acerca a la excelencia. No he leído texto ni escuchado y visto audio e imágenes sobre la cuestión que resulten más pedagógicos, accesibles, visualmente agradables, bien maquetados e ilustrados que estos de Catalonia calling. El mundo lo tiene que saber. Se trata de la acción persuasiva más completa para convencer a los que no dispongan de argumentos de contrario sobre la justicia intrínseca de la independencia para Cataluña conforme a una interpretación de la historia que avala su soberanía completa hasta la caída de Barcelona en la Guerra de Sucesión en 1714.

No tengo otro remedio que reconocer que la Asamblea Nacional Catalana y todos los colaboradores autores de los textos, así como la revista Sàpiens, han logrado un producto de marketing que se acerca a la excelenciaBajo el título de “La llamada de los catalanes”, Claudia Pujol, directora de la publicación, la presenta con un desparpajo carente de cualquier inhibición. “Cataluña es una nación con una identidad y unas instituciones ancestrales y durante sus 1.000 años de historia, en 700, hemos sido plenamente soberanos… y en los 300 restantes, el anhelo de libertad ha permanecido inalterable. Por tanto, el deseo de los catalanes de ser dueños de su propio destino no es una fijación surgida de la nada en el marco de una crisis económica, como desde algunos altavoces españoles se ha insistido en propagar”. Pujol considera que Cataluña ha llegado a un punto de inflexión en su historia que le conduce a un escenario “nuevo e irreversible” y, por ello, reclama ayuda para “poder construir, democrática y pacíficamente, su Estado propio en la Europa del siglo XXI. Porque los catalanes no podremos ser libres si no lo es el país al que pertenecemos. Porque el mundo será más libre con una Cataluña plenamente soberana”.

Y las páginas subsiguientes resultan, insisto, un ejemplo de marketing de gama alta. Se estructura en cuatro grandes apartados: Nación milenaria. Las aportaciones del pueblo catalán a lo largo de la historia, es el primero. Le sigue otro, muy amplio, sobre La Guerra de Sucesión. 1714: el conflicto que puso fin a la libertad de Cataluña. Continúa con Cataluña-España, 300 años de un entendimiento imposible y termina con Horizonte 2014. El futuro que quiere decidir el pueblo catalán. El objetivo buscado es el relato secesionista accesible -a veces simplista y en todo caso unilateral-. Las fotografías y gráficos, con mensajes potentes pero muchos de ellos tramposos, están bien editados y elegidos, con grandes tamaños y utilizando una paleta de color que hace de la publicación un recorrido de contrastes cromáticos, logrando que en cada capítulo la idea-fuerza independentista se alimente de argumentos y datos.

La campaña (Catalonia calling. El mundo lo tiene que saber) es buena para los intereses de los independentistas. El material que la soporta es de calidad (lo es hasta el papel y la edición del libro), el envío se ha efectuado de manera impecable (una caja de cartón que protege el volumen y el DVD), el tratamiento es amistoso y el relato -pese a contener gravísimas inexactitudes, algunas notorias falsedades y una visión histórica por completo discutible- evita exabruptos, más allá de las expresiones quejumbrosas (por ejemplo, la reiteración en el “expolio”, la “opresión” y similares).

No debería pasar ya más tiempo sin que el Gobierno y los partidos nacionales articulen una política específica para salvar los valores constitucionales que, como el de la unidad y la soberanía, están siendo seriamente precarizadosEste tipo de iniciativas y campañas -que se dice son financiadas por un procedimiento de micromecenazgo digital- ponen sobre la mesa algunas reflexiones. La primera es que la Asamblea Nacional Catalana es vertebral en la estrategia secesionista, disponiendo de medios y recursos, materiales y personales, tanto para organizar dos Diadas multitudinarias -las de 2012 y 2013- como para condicionar decisiones políticas de la Generalitat y los partidos catalanes. La segunda reflexión conduce a conceder la razón a aquellos empresarios, intelectuales y personalidades públicas catalanas que subrayan cómo el independentismo se ha cuajado tanto política como socialmente en ámbitos no sólo institucionales sino también populares y que la tracción de este movimiento no la tienen sólo en sus manos los políticos ni las elites de Cataluña.

La tercera reflexión es inquietante: el secesionismo está ganando la batalla de la opinión pública en Cataluña porque se está volcando en las bolsas sociales no nacionalistas sin que los líderes y organizaciones arraigados en esos espectros electorales hayan sabido reaccionar. No hay que olvidar los buenos resultados de la iniciativa Súmate impulsada por ERC. Por último, ésta y otras campañas destacan que el Estado a través del Gobierno carece de una estrategia mínima para contrarrestar esta enorme labor de adoctrinamiento político, ideológico y documental que los independentistas han puesto en juego. O al menos, carece de una estrategia que no sea la del silencio y el quietismo, manifiestamente insuficiente.

No debería pasar ya más tiempo -especialmente después de lo visto el pasado jueves en el Parlamento de Cataluña- sin que el Gobierno y los partidos nacionales articulen una política específica para salvar los valores constitucionales que, como el de la unidad y la soberanía, están siendo seriamente precarizados. Dejar transcurrir el tiempo o esperar a que el secesionismo se neutralice a sí mismo por sus contradicciones internas y/o externas, carece de sentido alguno y sólo agravará las cosas.

Porque los independentistas catalanes -Catalonia calling- se han hecho con el discurso y están componiendo una storytelling con posibilidades de ganar más adeptos de lo que podríamos suponer. A medio plazo, hay que hacer España más atractiva de lo que es para los españoles de los cuatro puntos cardinales; pero a corto, hay que actuar políticamente con astucia y realismo. Nos estamos jugando la convivencia en unidad política de una de las más viejas naciones de Europa que es, precisamente, España. Y cada vez nos queda menos tiempo para rescatarnos a nosotros mismos del desastre de la centrifugación de la identidad compartida y del proyecto común.
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