Borrell ante Errejón: “Mis hijos no son de Podemos”

Íñigo Errejón propugnó una "competencia virtuosa" entre Podemos y el PSOE evitando "relaciones fieras"

Foto: El exministro socialista Josep Borrell. (EFE)
El exministro socialista Josep Borrell. (EFE)

El 30 de septiembre del pasado año, Josep Borrell hizo una sonada entrevista en la SER conducida por Pepa Bueno. Y dejó dos titulares que han dado mucho juego. El primero: “Si la destitución de Pedro Sánchez hubiese sido un golpe lo habría planificado un sargento chusquero”. El segundo: “Muchos de los hijos de los socialistas están en Podemos”. Este lunes, en una abarrotada planta segunda de la librería La Central, en la plaza de Callao, ante un Íñigo Errejón que no movió ni la comisura de los labios, Borrell, vehemente y, en algún momento, abrupto, puntualizó: “Mis hijos no son de Podemos. Lo aclaró a petición de ellos para que no haya malos entendidos”. Si los ha habido, este lunes los enmendó el socialista catalán.

El exministro socialista contestaba así a la conciliadora y bien armada intervención previa de Íñigo Errejón que con él presentaba el libro de Jesús Maraña, 'Al fondo a la izquierda' (Editorial Planeta). El secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político de Podemos es un hombre que se explica bien, lo hace con las mejores maneras y sólo es bronco cuando las circunstancias lo requieren. Confesó que el año 2016 fue el de “la frustración para los progresistas” porque se permitió que Rajoy, con su “capacidad para no moverse”, descompusiera todo y llegase a la presidencia del Gobierno cuando las cosas podían haber discurrido por distintos caminos.

Borrell trató con cierta displicencia lo que significa Podemos: “Un estado de ánimo, de malestar, de cabreo que ya veremos si continua”

Errejón, con brochazos brillantes en la forma y en fondo –más allá del acuerdo o el desacuerdo con sus tesis- dibujó el mapa de la crisis: la del PSOE que es la del sistema; una crisis acotada por el factor generacional y territorial; por el vector norte-sur y por el voto de las ciudades versus el rural. Atribuyó a la resolución de la cuestión catalana la capacidad de recomponer la relación entre las dos grandes fuerzas de izquierda y propugnó como modelo de entendimiento entre ambas “una competencia virtuosa”, es decir, no destructiva ni depredadora. “No tiene sentido que gobernemos en ciudades y en comunidades autónomas y que seamos fieros entre nosotros en periodos electorales”.

Tras tan trabado relato –que además reconoció los méritos de la crónica del libro que presentaba- se esperaba la representación de la sintonía entre Borrell, como padre socialista, e Íñigo Errejón, como el hijo populista. Pero el que fuera, efímeramente, candidato a la presidencia del Gobierno por el PSOE para competir en las elecciones generales de 2000 con José Maria Aznar, se comportó en su mejor versión: arriscado en una sucesión de críticas al libro que estaba introduciendo –luego Maraña le puso los puntos sobre algunas íes-, muy “sanchista” y sosteniendo que el socialismo no formó gobierno “porque no se quiso ni dentro del partido, ni fuera de él” (en alusión a Podemos).

Maraña tuvo la buena idea de bajar del altar “borrelliano” a Sánchez y recordó de qué manera, entre él y 'El País', se “bajaron” a Tomás Gómez

Mucho más que rebatir a Errejón –que le había proporcionado una entrada amable- Borrell puso a escurrir –de nuevo- a la anterior dirección del PSOE, trató con cierta displicencia lo que significa Podemos (“un estado de ánimo, de malestar, de cabreo que ya veremos si continua”) y después, volvió al redil declarándose “socialdemócrata”, “keynesiano” y advirtiendo a Errejón que entre Podemos y el PSOE las diferencias en el modelo territorial de España son difíciles de superar.

Borrell en ningún momento recogió el guante de la “competencia virtuosa” que ofreció Errejón, miró mucho al pasado reciente de su partido –no pudo evitar recordar que sus dificultades en 1998 fueron menores que las de Sánchez en 2016 con lo cual nos remitió a su conflicto con el partido y con Prisa- y diagnosticó que lo que la izquierda debe resolver son la política de alianzas, la concepción del Estado desde el punto de vista territorial y el diseño de un modelo económico de desarrollo que la crisis ha laminado (construcción y ladrillo).

El periodista Jesús Maraña junto a Íñigo Errejón y Josep Borrell. (EFE)
El periodista Jesús Maraña junto a Íñigo Errejón y Josep Borrell. (EFE)

Errejón –a la pregunta de si se podrá o no convocar un gobierno alternativo en España- dio en el clavo a la vista del clima creado por su interlocutor en la presentación de libro: “Depende de la activación de la sociedad española para que haya un clima favorable a esa posibilidad”. El que fuera mano derecha de Pablo Iglesias trascendía así de las políticas orgánicas, de los tactismos y los regates y entró por derecho al asunto fundamental que no es otro que éste: en la sociedad española no se dan condiciones –no lo dijo Errejón, lo interpreto yo- para que esa conjunción de cambio sea posible y no se limite a una suma cero.

Luego, Jesús Maraña tuvo la buena idea de bajar del altar 'borrelliano' a Sánchez y recordó de qué manera, entre él y 'El País', se 'bajaron' de la secretaría general de Madrid a Tomás Gómez y montaron una gestora en menos de lo que tarda en cantar un gallo. Un episodio del que el autor de 'Al fondo a la izquierda' da cuenta en su libro, pero que Borrell, sin embargo, omite en el suyo, titulado 'Los idus de octubre' (Editorial Catarata).

Sólo a los que no conocen al catalán su intervención les descuadró. Borrell ha sido siempre un “enfant terrible” de la política española y ahora es un referente retranqueado del “nuevo PSOE”. No tardará en disentir también del “sanchismo” porque a Borrell lo que le reclama su bien amueblado intelecto es, de cuando en vez, recordar ruidosamente que sigue estando en la brecha con una rara habilidad para proporcionar titulares.

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