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CFA versus EFA. Un combate desigual

CFA es el acrónimo de Chartered Financial Analyst. Las siglas EFA, por su parte, significan European Financial Advisor. Ambos son utilizados en la tarjeta de visita
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    CFA es el acrónimo de Chartered Financial Analyst. Las siglas EFA, por su parte, significan European Financial Advisor. Ambos son utilizados en la tarjeta de visita como un signo de cualificación profesional en el mundo financiero. Sin embargo, el abismo entre ambas “titulaciones” es tan grande en términos de amplitud de temario, profundización en el mismo, dedicación exigida y capacitación posterior que merece la pena reflexionar, siquiera brevemente, sobre una y otra. Aunque algunos se empeñen en ello, no son ni mucho menos comparables porque su finalidad también es distinta. Es bueno saber de qué va cada historia para que nadie se lleve a engaño.

    El CFA persigue, como su propio nombre indica, formar analistas financieros. Es un matiz esencial ya que su contenido formativo y su finalidad se orientan, esencialmente, al estudio del entorno y la toma de decisiones. Un CFA lo es después de tres años de trabajo sobre una materia progresiva que hurga en el fondo y no se queda simplemente en la forma. Que le permite sacar conclusiones y actuar en consecuencia. Que lleva a acciones concretas. Es el título por excelencia de aquél que ha de ocupar responsabilidades de inversión en los distintos ámbitos financieros.

    Por el contrario el EFA persigue homologar con una serie de conocimientos al que está destinado, dentro de una entidad financiera o fuera de ella, a llevar a cabo tareas de asesoramiento a terceros. Ha venido, aparentemente, para cubrir un hueco indispensable en el haber formativo de una parte importante de los que se dedican a esta actividad. Sin embargo, la propia idea que subyace a la obtención de este diploma, pone en primera plana sus limitaciones. Y es que el EFA es una herramienta de masas y orientada al consejo, esto es, a la interacción con terceros lo cual obliga a que el temario y su tratamiento estén también encaminados a dicha finalidad: alternativas, elegibilidad y consenso con el asesorado, sin muchas más complicaciones.

    Intentar equiparar CFA y EFA es, por tanto, un disparate en sí mismo. Como lo es la dinámica en la que se han metido muchas entidades, a su vez, patrocinadoras, por que sus empleados obtengan un EFA cuya utilidad posterior queda en entredicho por la propia estrategia comercial de los empleadores. Es verdad. Ambas son necesarias, en puridad, en sus respectivos campos de actuación. Pero en la desigual batalla que algunos se están empeñando porque lleven a cabo, el CFA ha ganado por K.O. antes siquiera de empezar el combate. Buena semana a todos.