El BdE lo sabe: las intervenciones de cajas no han terminado

No se ha podido hacer peor. Bueno sí, pero habría que haberse esforzado mucho. La reforma del sistema financiero concluye temporalmente por donde tuvo que empezar: con

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    No se ha podido hacer peor. Bueno sí, pero habría que haberse esforzado mucho. La reforma del sistema financiero concluye temporalmente por donde tuvo que empezar: con la intervención de las cajas más débiles por parte del Estado. Para tal viaje no hacían falta estas alforjas. Culpa repartida entre un incompetente gobierno central, unas interesadas autoridades regionales, unos chapuceros gestores de las entidades y un Banco de España que, sin duda, merece un capítulo aparte. Produce náuseas leer ahora que, para Miguel Angel Fernández Ordoñez, lo sucedido en la CAM es “lo peor de lo peor”. Como si la supervisión de la institución fuera algo ajeno a su persona y pudiera emitir el juicio objetivo de un tercero escandalizado. Lo que hay que ver. Si hubiera dejado antes el “espejito, espejito” y se hubiera centrado en lo que tenía que hacer, otro gallo cantaría a este país. Su herencia es envenenada. El futuro, pese a la nacionalización anunciada el viernes, incierto.

    Hay demasiadas similitudes entre la actuación del gobernador y la de José Luís Rodríguez Zapatero en términos tanto de diagnóstico del problema como de solución del mismo. Durante meses a uno y otro se les llenó la boca con un mensaje de solidez del sistema financiero nacional que cogía el nabo de una situación crítica de exposición inmobiliaria en el balance y riesgo de impago en caso de ralentización por las hojas de la suficiencia de las provisiones anticíclicas -enorme contribución de mentes tan preclaras al ordenamiento contable internacional- para hacer frente a sus riesgos asociados. Una ecuación que, por más que se empeñara MAFO en defender lo contrario, se quebraba por el lado del volumen. Al final la financiación a promotores y constructoras -participaciones empresariales y coinversiones aparte- había crecido en términos de total financiado incluso por encima de la participación del ambos sectores en el PIB. Cualquiera con un mínimo conocimiento del carácter cíclico de esta actividad sabía que era receta para el desastre. ¿Cualquiera? Pues va a ser que no. Vivan los Servicios de Estudios.

    Cuando empezaron a caer chuzos de punta, faltó comprensión de la gravedad del problema y sus posibles implicaciones y, por ende, coraje como para afrontar la cuestión de manera drástica a través de un proceso ordenado de arriba abajo, y no al revés, en el que primara el interés general por encima del particular de determinados personajes, políticos o directivos. Se ha sacado demasiado pecho con una concentración sectorial realizada en tiempo récord. Más allá de que pueda causar estupor el baile de cromos que caracterizó el cierre de los acuerdos antes del vencimiento del plazo, al más puro estilo de los fichajes futbolísticos de última hora, el resultado ha sido, cuando menos, dudoso sobre todo en términos de gobierno corporativo donde las algunas abundan. No solo eso, si quitamos a CAM veremos que todas las entidades en las que acaba de desembarcar el FROB tenían un marcado carácter regional donde la suma de uno más uno difícilmente sería nunca dos. Se ha echado de menos un papel más activo por parte de la autoridad monetaria en el diseño de un mapa en el que la falta de directrices ha sembrado el caos y la confusión dentro y fuera de nuestras fronteras.

    No se crean que esto ha terminado. Ni mucho menos. No es el principio del fin sino el comienzo de una nueva fase en la que quedan muchos capítulos por escribir. Y no me estoy refiriendo solo a la salida del estado de aquellas instituciones en las que acaba de aterrizar. El panorama del conjunto de la industria es desolador, sin acceso a la financiación y con un margen de intereses lánguido. ¿Cómo van a ser capaces las firmas que recibieron el FROB I de pagar unos costes financieros cercanos al 8% y devolver el principal? Respuesta, no van a poder. Y, siendo así, cabe esperar una nueva ronda de concentración y/o ayudas que llegará en un momento muy distinto, en  términos de diferencial y cuantía, al del inicio de la crisis, cuando captar fondos con la marca España no incorporaba el estigma de la sospecha. Es lo que tiene empezar la casa por el tejado del buenismo propio del zapaterismo más tierno y no por los cimientos de la determinación y la ejecución. Llevamos tanto tiempo colorados que ya va siendo hora de una vez por todas que alguien se ponga rojo. Aunque, conociendo a los personajes, podemos esperar sentados…

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