2012, el año en que Bankia se jugará su ser o no ser

Ha recuperado El Corte Inglés valores esenciales asociados a su marca, como la satisfacción del cliente. De este modo, su campaña estrella de este invierno se

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    Ha recuperado El Corte Inglés valores esenciales asociados a su marca, como la satisfacción del cliente. De este modo, su campaña estrella de este invierno se centra en el mensaje de que “si no queda satisfecho, no seríamos El Corte Inglés”. Lo mismo se puede decir, en cierto modo, del sistema financiero español: o Bankia sale adelante o, simplemente, dejará de ser. Aun siendo importantes, a los inversores les quedan lejos los datos macro en tanto en cuanto no  perciben como amenaza inminente sus concreciones, riesgo de impago de lo debido principalmente. Prima en ellos la identificación de problemas concretos que pueden afectar a una industria y, de paso, a todo un país. Sistémicos, les llaman. La firma lleva tiempo en el punto de mira y su frágil barca lucha titánicamente por mantenerse a flote frente a las olas de la recesión, los vientos del deterioro operativo y la marea de la morosidad. Una pelea desigual que convierte a Rodrigo Rato en Ministro de Economía in pectore, no tanto por la profusión de nombramientos entre sus cachorros, que podría ser, sino porque el destino de nuestra querida España está, probablemente y en última instancia, en sus manos gestoras. No le arriendo la ganancia.

    La negativa gubernamental a su insistente solicitud de crear un banco malo -voz que clama en el desierto de sus propias circunstancias, ajenas a instituciones con mayor presencia internacional y/o carteras industriales sólidas-, se ha visto compensada por el guiño que le ha realizado Mariano Rajoy en el último Real  Decreto Ley del año 2011, el 20 de 30 de diciembre, modo de legislar a la inversa que no distingue de filiaciones socialistas o conservadoras. En su Disposición Final Decimosexta altera la redacción del artículo 5.3 del “RDL 11/2010 de Órganos de Gobierno y otros aspectos del Regimen Jurídico de las Cajas” a fin de eliminar la obligación de éstas de mantener el 50% de los derechos de voto de sus entidades bancarias participadas si quieren evitar su conversión forzada en Fundaciones Especiales. La sustituye por el ejercicio efectivo del control en los términos del artículo 42 del Código de Comercio, norma extraordinariamente más laxa. Una medida que dota de mayor flexibilidad a BFA y Bankia a la hora de captar capital y que, si bien no reemplaza de manera idónea el pretendido traspaso al Estado de sus marrones en balance, sí que alivia su situación como prueba la reciente decisión de convertir participaciones preferentes en otros instrumentos que computen a efectos de solvencia.

    Otra ayuda significativa, igual para el conjunto del sector, ha sido la masiva inyección de liquidez a tres años realizada por el Banco Central Europeo. Una medida que verá su próximo capítulo el mes que viene. La iniciativa ha podido resolver casi de un plumazo los problemas a corto plazo de dependencia mayorista de la caja con sede operativa en Madrid, a la vez que le ha permitido beneficiarse de un doble carry trade.

    Uno, potencial, derivado del spread entre el 1% que paga al BCE y la rentabilidad ofrecida por muchos activos financieros en el mercado. De momento el dinero está siendo miedoso, como prueban los depósitos masivos de las firmas beneficiadas en el propio banco central, casi tanto como dio, pero a la fuerza ahorcan, nunca mejor dicho. Como ya anticipamos, crédito no va a haber porque ni el horizonte invita a la alegría ni cabe ante tanta incertidumbre una política crediticia de largo plazo por parte de la banca. El dinero solo puede llegar, de manera más o menos segura, por la vía de las oportunidades. Y llegará.

    Dos, real, derivado de la sustitución de vencimientos a un tipo medio, al estar avalados, próximo al 3,5% (Euribor 3 meses + 200 bps) por el precio ofrecido por Dragui y sus chicos, 250 puntos básicos por debajo. Sobre los 25.000 millones a los que tiene que hacer frente entre 2011 y 2013, son 600 kilos de mejor margen de intereses que pueden venirle como anillo al dedo para seguir con su política de racionalización de estructura y provisionamiento. A seguir cortando jamón. Un movimiento que, desgraciadamente para Rato, Verdú y cía el mercado paga a PER 1x al tomarlo como una patada adelante que no asegura negocio futuro.

    Siguen latentes, en cualquier caso, importantes causas objetivas de preocupación, especialmente en la matriz, BFA, donde la situación de recursos propios es más que precaria si ajustamos las distintas partidas de su activo por el valor de mercado de la participación en Bankia (que ahora vale una cuarta parte), las normas en ciernes sobre cómputo de solares y otros adjudicados, sobre los que volveremos luego, la cotización de Banco de Valencia o el precio de la renta fija española a los requisitos del supervisor europeo. Al haberse producido una actualización de balances con motivo de la fusión de sus siete accionistas, buena parte de las ventas que se querrían hacer serían a pérdida. Mientras, el escalado en el tipo al que ha de remunerar las aportaciones del FROB -7’9% este ejercicio para un gasto financiero anual de 350 millones- aprieta de lo lindo en un momento en el que la filial sufre de la coyuntura, en general, y de su proceso de ajuste en particular. Ambos factores dificultan la generación  de beneficios en Bankia y el reparto de dividendos, menores para BFA cuanto más se diluya. La idea de “trampear” dos o tres años para liquidar el préstamo público vendiendo un 25% a un Book Value irreal a día de hoy, ha quedado en el olvido hace tiempo. Bastante tienen los gestores con lo inmediato.

    Bankia es ese enfermo al que le aplican cuidados paliativos extraordinarios en la esperanza que sane y se le inyectan defensas extraordinarias cuando el organismo, agotado, comienza a flaquear. Con el agravante de que con su cura depende la de su “padre”. Siendo realistas, su supervivencia en los términos accionariales actuales se antoja no complicada sino lo siguiente. De ahí que sea prioritario ganar tiempo para una salida ordenada que permita poner en valor su franquicia, que la tiene y mucha, y limpiar su balance, afectado por buena parte de los peores vicios de la pre crisis. Es lo que los directivos estaban intentando hasta ayer mismo, como quien dice. Sin embargo, la restructuración anunciada por De Guindos la sitúa en una posición crítica. Por cuota de mercado le corresponden 6.000 millones de saneamientos de los 50.000 de los que se hablado. Un escenario conservador teniendo en cuenta la peor calidad de su cartera. Imposible de afrontar a la de ya, si damos por buenas las últimas filtraciones a la prensa sobre la perentoriedad en su aplicación, cosa que dudo salvo que se haya diseñado un escenario estratégico entre gobierno, entidades punteras y Banco de España, imposible ejercicio de inteligencia colectiva. ¿Entonces?

    Si fuera tan inmediato el asunto de los ajustes, el baile puede estar a punto de comenzar. Dada la importancia sistémica de la entidad, caben dos escenarios. Lo razonable sería una nacionalización, previa conversión en capital de la deuda del FROB y una renovada inyección de liquidez, seguida de un proceso posterior de subasta competitiva. Una opción que en el PP no gusta ya que equivaldría, en el fondo, a ese banco malo que se ha querido evitar pero con 200 y pico mil millones de activos en el balance. De ahí que lo normal es que se produzca su compra “voluntaria” por parte de un tercero que necesite una equity story como ésta para ajustar tamaño y negocio a la nueva realidad española bajo el paraguas de un tratamiento contable preferencial que no haga más rotos de los necesarios. Ahí las opciones son pocas y pasan, casi seguro, por Barcelona.

    Si se volviera al planteamiento plurianual inicialmente expresado por el ministro de economía en Financial Times, Rato recuperaría su papel estelar y el futuro del sistema financiero español quedaría en manos del ex vicepresidente, como hemos comentado en un principio. A remar tocan, ejercicio titánico a dos millones de euros al año. En cualquier caso, España de nuevo en manos de Rodrigo, como en el 96. ¡Qué cosas!

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