Hay que evitar el Síndrome de Enajenación por Trump

¿Es el odio al actual presidente tan grande que nos impide reconocer cuando toma decisiones correctas? Al parecer sí, y está cegando a muchos observadores por lo general agudos

Foto: Donald Trump saluda a un oficial a su llegada a la base Andrews en Washington, el 16 de abril de 2017. (Reuters)
Donald Trump saluda a un oficial a su llegada a la base Andrews en Washington, el 16 de abril de 2017. (Reuters)

Realmente no me creía que hubiese algo como el Síndrome de Enajenación por Trump: un odio al presidente Trump tan intenso que afecte al juicio de la gente. No es que no me diese cuenta del lenguaje duro e inflexible contra él -yo mismo he dicho algunas cosas bastante duras- pero durante la campaña, Trump parecía hacer cosas que lo justificaban. Una vez elegido, en lugar de calmarse y actuar de forma presidencial, siguió con su torrente de ataques maliciosos, exageraciones y mentiras. Su administración parece marcada por el caos y la incompetencia.

Y entonces se produjo el ataque contra Siria. En ese asunto, Trump parece haber escuchado cuidadosamente a los profesionales de seguridad nacional, dado marcha atrás en su postura anterior, elegido una respuesta calibrada y actuado con rapidez. Yo he apoyado el ataque y señalado -por escrito y en directo- que Trump estaba finalmente actuando como un presidente porque la acción “parece reflejar un reconocimiento velado por su parte de que no puede simplemente poner a 'América primero' por delante de todo, que el presidente de EEUU debe actuar en beneficio de intereses e ideales más amplios”. En conjunto, sin embargo, me mostré crítico con la política más amplia de Trump hacia Siria, describiéndola como incoherente. Mi columna se titulaba: “Un ataque con misiles no es una estrategia”.

Vista la respuesta de la izquierda, podrías pensar que yo había propuesto a Trump para ser papa. Columnistas por lo general reflexivos han descrito mis ideas como “sin sentido”, y como un símbolo de que los medios “se han doblegado” para apoyar a Trump. (¿De verdad?). Un periodista ha declarado en televisión: “Si este tío pudiese tener sexo con este ataque con misiles, creo que lo haría”. Una manada de antiguos escritores de discursos para Obama discutieron cómo mis comentarios eran tal vez “los más estúpidos” de todos al respecto.

Los escritores de la Casa Blanca deben haber escrito las líneas que el presidente Barack Obama pronunció el 27 de septiembre de 2013, anunciando el acuerdo con la ONU en el que el régimen sirio aceptó entregar sus arsenales de armas químicas. “Esta resolución vinculante asegurará que el régimen de Assad deba mantener sus compromisos o enfrentarse a las consecuencias. Tendremos que permanecer vigilantes sobre lo que venga”. En otras palabras, la Administración Trump observó una violación del acuerdo de Obama en 2013 y lo hizo cumplir precisamente de la misma forma que había dado a entender Obama. Que es por lo que prácticamente todos los funcionarios importantes de política exterior con Obama -Hillary Clinton, Thomas Donilon, Leon Panetta, David Petraeus- han apoyado la acción de la Administración Trump, igual que los aliados de EEUU en la región y otros lugares.

Lanzamiento de misiles contra una base siria desde el destructor USS Porter en el Mediterráneo, el pasado 7 de abril. (Reuters)
Lanzamiento de misiles contra una base siria desde el destructor USS Porter en el Mediterráneo, el pasado 7 de abril. (Reuters)

El ataque fue discreto, mesurado y dirigido a lanzar una señal, y al mismo tiempo asegurar que los Estados Unidos no se impliquen más en la guerra civil siria. En otras palabras, fueron muy “obamescos”. Dos altos funcionarios de Obama con los que hablé me dijeron que, si Obama fuese aún presidente, probablemente habría ordenado un ataque similar, si no idéntico. Presumiblemente, esos antiguos escritores de discursos habrían usado entonces palabras diferentes para describir ese mismo ataque.

Los conservadores parecen entender lo que supone ese cambio para Trump mejor que los liberales. Muchos de los principales partidarios de Trump —Ann Coulter, Michael Savage, Laura Ingraham— están molestos por la adopción de políticas estilo Obama. Andrew McCarthy escribió en 'National Review': “De cara a la política exterior, me preocupaba que las elecciones de 2016 acabasen siendo Clinton llevando a cabo el tercer mandato de Obama. En su lugar, tenemos a Trump dándonos el tercer mandato de Clinton”.

Los liberales deben evitar el Síndrome de Enajenación por Trump. Si Trump persigue una política, no puede ser considerada de forma axiomática como equivocada, malvada y peligrosa. En mi caso, he sido bastante duro con Trump. He atacado casi cualquier política que propuso en campaña. Justo antes de las elecciones, le llamé “cáncer para la democracia americana” y pedí a los votantes que le rechazasen. Pero no lo hicieron. Ahora es presidente. Creo que mi trabajo es evaluar sus políticas de forma imparcial y explicar por qué, según mi punto de vista, son adecuadas o no.

Muchas de las promesas de campaña y políticas de Trump son estúpidas e imposibles. Siempre ha parecido probable que diese marcha atrás en ellas, como ha comenzado a hacer esta semana en varios frentes. Aquellos de nosotros que nos hemos opuesto a él nos enfrentamos a un importante desafío. Tenemos que preguntarnos a nosotros mismos qué preferimos: ¿que Trump cambie o que Trump siga persiguiendo de forma incansable su agenda de campaña? La primera opción sería buena para el país y el mundo, aunque podría salvar a Trump de una ignominiosa caída. La segunda sería un desastre para todos. Eso crea un dilema: ¿queremos lo mejor para Estados Unidos o lo peor para Donald Trump?

El GPS global

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