¿Existe el "voto musulmán"? El tabú identitario de las elecciones francesas

Los aspirantes a la presidencia parecen pensar que la comunidad musulmana de Francia es homogénea a la hora de votar, y -salvo Le Pen- tratan de cortejarla, con resultados a veces ridículos

Foto: Jóvenes musulmanes franceses se manifiestan en París contra las presuntas blasfemias de la revista Charlie Hebdo, objeto de un ataque yihadista, en enero de 2015. (Reuters)
Jóvenes musulmanes franceses se manifiestan en París contra las presuntas blasfemias de la revista "Charlie Hebdo", objeto de un ataque yihadista, en enero de 2015. (Reuters)

Cuatro de los cinco aspirantes a la Presidencia han rendido visita a los responsables del Consejo Francés de Culto Musulmán (CFCM). Solo Marine Le Pen se ha abstenido de cumplir con ese gesto electoral. Pero, ¿existe un voto musulmán políticamente homogéneo? Los candidatos parecen pensar que sí. Los politólogos, los sociólogos y los encuestadores se contradicen. Los que se arrogan la representación de los musulmanes también se dividen sobre el asunto.

Dado que en Francia las estadísticas étnicas están prohibidas -en un ejemplo más de lo absurdo de lo políticamente correcto- tampoco hay acuerdo en el número de franceses musulmanes. Algunos hablan de 6 millones; otros rebajan esa cifra, según la conveniencia política del momento y la cercanía del último atentado islamista. En todo caso, los que votan son una minoría de esos supuestos seis millones.

Los institutos de sondeos estiman que el voto musulmán representa un 1% del total emitido. Y esas mismas fuentes señalan que en 2012, el 86% de los musulmanes franceses que visitaron las urnas se decantó por el socialista François Hollande. ¿Ello significa que los musulmanes votan a la izquierda? A lo largo de las últimas elecciones presidenciales esa parece ser la tendencia general. El resultado de 2012 no significó, sin embargo, tanto una adhesión ideológica al socialismo como un voto de rechazo a Nicolas Sarkozy, el rival de Hollande en aquel año, que se lanzó en el final de la campaña a cortejar a los votantes del Frente Nacional.

Hakim El Karaui es un ensayista francés de origen tunecino que en 2016 hizo un informe para el Institut Montaigne sobre el voto musulmán. En sus conclusiones dijo que no hay una influencia organizada de los musulmanes franceses en política…o es muy débil. El-Karaui, miembro de una familia de intelectuales y políticos tunecinos, confirma que esta comunidad vota tradicionalmente a la izquierda, pero que los jóvenes se abstienen en su mayoría.

Jerome Fourquet , Director de Opinión de la empresa de sondeos Ifop, está siendo muy citado estos días de precampaña por sus estudios sobre el mismo asunto. Para él, la izquierda ha cometido el error de creer que el voto musulmán estaba conquistado. Para apoyar su afirmación pone como ejemplo el rsultado en un departamento con mayoría de población musulmana, Seine Saint Denis. Allí, en las municipales de 2014, el vencedor fue el candidato de la derecha, gracias a la abstención masiva.

Un puesto de venta de productos palestinos, durante el 34º encuentro anual de musulmanes de Francia en Le Bourget, el 14 de abril de 2017. (Reuters)
Un puesto de venta de productos palestinos, durante el 34º encuentro anual de musulmanes de Francia en Le Bourget, el 14 de abril de 2017. (Reuters)

De izquierda... hasta un límite

La izquierda, o mejor dicho, el presidente Hollande y su partido no contaban con que algunas de sus medidas iban a tener una repercusión negativa en una parte de los musulmanes franceses. Un ejemplo gráfico fueron los musulmanes que se manifestaron, junto a los católicos más conservadores, contra la ley que legalizaba el matrimonio homosexual.

Otra iniciativa que puso en alerta al sector más conservador de la comunidad musulmana fue el plan ABCD de educación sexual en la escuela, que la ministra Najat Belkacem lanzó hace tres años. La propuesta educativa fue atacada por los sectores más conservadores de todas las confesiones y procedencias. La polémica se infló cuando los rumores sobre la "promoción de la homosexualidad", la utilización de juguetes sexuales en las clases, o la supuesta influencia de los partidarios de la Teoría de género se hizo viral, aunque estuviera lejos de la realidad.

En cualquier caso, los imanes más radicales llamaron a "castigar a los socialistas, corruptores sobre la Tierra". Los ultras del Islam no perdonaron a Hollande el derecho de los homosexuales a casarse legalmente.

Amar Lasfar, Presidente de la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF), la controvertida representación en Francia de los Hermanos Musulmanes (ellos lo niegan), sí parece creer en el voto musulmán: "Los musulmanes", dice, "no estamos interesados en el poder, no preparamos una revolución, pero tenemos cosas que decir en tanto que musulmanes". Lasfar deja claro cuáles son los asuntos sobre los que quiere influir: "la familia, la educación… ". Parece también una crítica no muy velada a las leyes progresistas en el terreno de sociedad de Hollande y la izquierda.

Otro responsable musulmán (rival de Lasfar), Anuar Kbichech, Presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán -la entidad oficial que cortejan los políticos– dice que no se puede hablar de voto musulmán, pero se contradice también afirmando que la tendencia de esta comunidad ha sido votar a la izquerda, antes de verse ahora decepcionada.

Los candidatos a la Presidencia estaban obligados a abordar de una u otra manera la cuestión. Atenazados por la dictadura de lo étnicamente correcto y por el pavor a ser considerados "islamófobos" -el término inventado para imposibilitar la crítica al islam- han andado con pies de plomo.

Puesto de venta de ropa femenina, incluyendo burkinis, durante el 34º encuentro anual de musulmanes de Francia en Le Bourget, el 14 de abril de 2017. (Reuters)
Puesto de venta de ropa femenina, incluyendo burkinis, durante el 34º encuentro anual de musulmanes de Francia en Le Bourget, el 14 de abril de 2017. (Reuters)

"Ultralaicos" vs. "Islamoizquierdistas"

La izquierda ya se dividió, como en tantos otros aspectos, antes de las primarias. Se enfrentaban los 'ultralaicos' contra los 'islamoizquierdistas'. Manuel Valls representaba a los primeros; Benoît Hamon – el vencedor de las primarias- a los segundos.

Hamon, sin posibilidades reales de alcanzar la segunda vuelta, es el ejemplo de esa parte de la izquerda que, según el experto en el islam Gilles Kepel, "ha sustituido al proletariado por los musulmanes, como clase mesiánica que iba liberar a la humanidad". Sin saber, añade Kepel, que el mundo musulmán en Francia es muy variado.

De los principales candidatos, Emmanuel Macron ha sido el que más gestos ha hecho por atraerse el llamado voto musulmán. A veces, con patinazos espectaculares, como cuando dijo en Argelia que "la colonización [francesa] fue un crimen contra la humanidad". Fue atacado por todos los flancos, incluido el izquierdista Mélenchon, y tuvo que rectificar. En otro intento de conquistar el voto de la 'banlieue', que se asocia con las zonas habitadas mayoritariamente con musulmanes, Macron dijo también que "no existe una cultura francesa" y que nunca había visto "el arte francés", argumentando que la mayoría de los artistas que triunfan o han triunfado en Francia son o eran de origen extranjero.

Para culminar el capítulo de resbalones, Macron debió deshacerse de un "referente musulmán" de su equipo de campaña. Se trata del profesor de historia, Mohamed Sau, al que se le han destapado declaraciones pasadas en las que afirmaba "no haber sido nunca Charlie", en referencia al apoyo popular a los asesinados en el semanario satírico Charlie Hebdo por los hermanos Kuachi. En la pausa de una entrevista radiada, y pensando que el micro estaba cerrado, Macron afirmó que no ha despedido a Sau porque "a pesar de que ha hecho y dicho cosas radicales, es un buen tipo". Las redes sociales le crucificaron: "Monsieur Macron, no se puede ser un adepto al islam radical y ser un buen tipo".

Como en otros tantos capítulos, Macron ha ido adaptando el discurso a medida que la campaña avanzaba. Hace meses, antes de lanzarse a la aventura de la Presidencia, declaraba que "hay que hacer que los musulmanes se sientan más orgullosos de ser franceses que de ser musulmanes". O también, "en el debate sobre el islam, el problema no es el laicismo, sino ciertos comportamientos de signo religioso impuestos a las personas que practican esta religión". Después, al olor del voto, se ha acercado a los comprensivos con el burkini, como le reprochó Marine Le Pen en el debate televisado a cinco.

Mitin electoral de Marine Le Pen en París, el 17 de abril de 2017. (Reuters)
Mitin electoral de Marine Le Pen en París, el 17 de abril de 2017. (Reuters)

Le Pen llena el terreno

Le Pen no se ha esforzado mucho en ser la campeona de la defensa de la identidad francesa. El FN presume de ser el primer partido que denunció la islamización de la sociedad francesa. La imagen en 2010 de decenas de musulmanes rezando en plena calle y cortando el trafico en un barrio parisino le sirvió para denunciar "la ocupación de partes del territorio, en barrios donde se aplica la lay religiosa".

Marine Le Pen ha aprovechado la "islamofilia" de cierta izquierda y las dudas del centroderecha para autoproclamarse como la heroína del laicismo francés y de la protección de las mujeres musulmanas que "se ven obligadas a llevar el velo islámico". Para ella, los franceses musulmanes solo esperan una cosa: "Que les liberen de la presión cotidiana que hacen pesar sobre ellos los fundamentalistas islamistas". El FN propone además, entre otras medidas, la inscripción en el Código del Trabajo del respeto a la neutralidad religiosa y del laicismo, cerrar las mezquitas salafistas, que los imanes lleven a cabo sus prédicas en francés, el control de las asociaciones de musulmanes que reciben dinero público y la disolución de la UOIF.

Un trabajo del Institut Montaigne viene a reforzar algunas de las afirmaciones interesadas de Le Pen, especialmente cuando se indica que el 28% de los musulmanes franceses colocan la Sharía por encima de las leyes de la República. Otro estudio del muy oficial y reconocido Centro Nacional de Investigación Social (CNRS) muestra que el 44% de los alumnos musulmanes considera aceptable, "en ciertos casos", "combatir por su religión con las armas".

Una parte de la izquierda ha dejado en manos de Le Pen la defensa de los principios del laicismo al tiempo que olvidaba a la clase obrera como objeto de atención política. Para el musulmán y socialista Amin El Jatmi, vicealcalde de Avignon, una parte de la extrema izquierda ve a los musulmanes como los nuevos "condenados de la tierra" (el Frantz Fanon de 1961 sigue siendo la referencia) que habrían sustituido a la clase obrera, instrumentalizando su causa. En ello coicide con Kepel. El Jatmi tiene claro que su partido es en parte culpable de ello. "Es una de las consecuencias de la cobardía del PS, que ha teorizado la segmentación de población de su Think-tank Terra Nova: las mujeres, los electores de la banlieue y los profesionales con éxito son los nuevos objetivos electorales. Los obreros, para Le Pen".

Una mujer con un burkini se baña en Marsella, en agosto de 2016. (Reuters)
Una mujer con un burkini se baña en Marsella, en agosto de 2016. (Reuters)

Del católico Fillon al burkini de Mélenchon

En los metros finales de la carrera hacia el Elíseo, François Fillon ha desempolvado su argumentario en defensa de la identidad, la cultura, las raíces y la historia de Francia para robarle votos a Le Pen, al tiempo que atiza al "mulculturalista" Macron. El líder del centrodercha había sido muy claro sobre su posición ante lo que él llama "el problema del islam" en Francia.

Para Fillon, hoy no hay ningún problema de integración con los católicos, con los protestantes, con los judíos o con los budistas. Y matiza: "No tenemos un problema con la religión musulmana, sino con el integrismo que amenaza con extenderse en el seno de esta familia espiritual". El aspirante de Los Republicanos propone "un control administrativo del islam en Francia hasta que se consiga favorecer la integración del islam en la República". Asímismo, insiste en "controlar a los que vienen a predicar en las mezquitas", la financiación de la religión musulmana, y en la prohibición de las organizaciones "que llaman a la destrucción de nuestros valores y de nuestra República".

Por cierto, Fillon, candidato confeso de los católicos en la Francia laica, ha añadido como postre electoral la posibilidad de incluir en su eventual gobierno a miembros de la organización ultraconservadora Sens commun. Fueron los militantes de ese grupo los que combatieron con manifestaciones multitudinarias la ley de matrimonio gay. Fueron los mismos que le ayudaron a organizar el mitin de Trocadero, que le sacó del agujero donde cayó arrastrado por sus problemas judiciales.

En esa guerra de religión entre "tontos útiles del islamismo", como dice el filósofo y ensayista Pascal Bruckner, los defensores de la tradición francesa y los llamados despectivamente laicards, Jean Luc Mélenchon pretende situarse por encima. Durante su campaña, bañada de "amor" y "paz", insiste en que el 60% de los franceses son ateos y que "ya está bien de hablar de religión".

Una estrategia como cualquier otra para no dejarse ni una pluma en este debate. Precisamente en uno de las disputas televisadas dijo que "el velo es innegablemente un signo de sumisión" y que "Dios no tiene nada que ver en un trozo de trapo sobre la cabeza". Al mismo tiempo es capaz de conceder que cada uno puede vestirse como quiera.

Un voluntario del Frente Nacional pega un cartel de Le Pen junto a otros de Emmanuel Macron y Benoît Hamon en Antibes, el 14 de abril de 2017. (Reuters)
Un voluntario del Frente Nacional pega un cartel de Le Pen junto a otros de Emmanuel Macron y Benoît Hamon en Antibes, el 14 de abril de 2017. (Reuters)

"La solución es el laicismo"

Su tuit sobre la polémica del burkini le incordiará de por vida: "En nuestro país, se ha perseguido a los judíos, después a los protestantes y ahora a los musulmanes. La solucion es el laicismo". Una frase que compara la provocación del burkini con la matanza de Saint-Barthelemy , en 1572, o la redada de judíos de Vel d’Hiv, en 1942, es más que una 'boutade' del que ahora algunos acomplejados periodistas consideran "el más culto e intelectual de los candidatos".

Mélenchon es de los políticos que siempre han mantenido que no hay problema con el islam en Francia y que los musulmanes son las principles víctimas de las amalgamas de todo tipo. Para el jefe de La Francia Insumisa, el fundamentalismo religioso está causado por "las guerras entre las potencias para controlar una zona del mundo donde se controla y se produce una inmensa riqueza". El habitual discurso marxista pro-tercermundista. La caja de herramientas que sirve para explicar el mundo, desde su inicio hasta nuestros días.

Las hemerotecas le recuerdan que su teoría choca con la realidad. Que, a diferencia de lo que afirmaba en 2012 sobre el asesino de niños judíos y de mlitares, Mohamed Merah, ese atentado no fue obra de un "cretino", sino que supuso el primero de los asesinatos ordenados por el terrorismo islamista sobre Francia, después de la ola de ataques de los años 70 y 90. Pero los atentados de París o Niza, el asesinato del sacerdote en su parroquia de Rouen, los asesinatos de policías o de simples ciudadanos a manos de individuos que se reclaman del islam no han hecho cambiar de actitud a Mélenchon.

El favorito de los votantes de izquierda propone, entre otras cosas, combatir todos los comunitarismos, y rechazar la financiación pública para la construcción de edificios religiosos o actividades culturales. Todo ello es respetable y defendible, solo que alguno de sus camaradas se saltan sus propias reglas cuando se trata de utilizar el clientelismo en los barrios poblados mayoritariamente por musulmanes.

En la Francia de los principios universalistas el laicismo sobrevive disimulado por intereses políticos, ahora espoleados en período electoral. Las posiciones de unos y otros sobre el laicismo, la identidad o el islam político empujan a veces al ridículo. Fue el caso del aspirante socialista, Benoît Hamon, que comparó el hecho de que, hoy, en barrios habitados por musulmanes las mujeres no sean admitidas en los bares, con la ausencia en el pasado de clientas en los cafés obreros. Complacencia electoralista e ignorancia de su propia historia. Los jansenistas se inquietaban ya en el siglo XVIII de la presencia en los cafés populares de las obreras de las casas de costura.

Elíseo 2017

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