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Obama, el mejor lobbysta de Turquía
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Aurora Mínguez

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Aurora Mínguez. Berlín

Obama, el mejor lobbysta de Turquía

Que Barack Obama culminara su gira europea en Turquía no es ninguna casualidad. Turquía, como él subrayó, es el puente clave entre Europa y el Islam,

Que Barack Obama culminara su gira europea en Turquía no es ninguna casualidad. Turquía, como él subrayó, es el puente clave entre Europa y el Islam, y también uno de los socios transatlánticos más importantes. Por eso el mensaje que lanzó desde Ankara y Estambul, coincidiendo con el Foro de la Alianza de las Civilizaciones de Rodríguez Zapatero y Erdogan, era inequívoco: los Estados Unidos y Europa tienen que estrechar lazos con los países musulmanes, y un avance en las negociaciones que la Unión Europea está llevando a cabo con Turquía con vistas a su ingreso definitivo en el Club sería una buena garantía de que este país se sienta más occidental que oriental.

 

La teoría suena bien, pero la práctica y la vida cotidiana en este país dejan paso a bastantes dudas. Para empezar, Turquía sigue teniendo problemas con la libertad de expresión y con las críticas al Islam que apoya y/o alimenta el terrorismo: estuvo a punto de amargar la celebración del 60 aniversario de la Alianza Atlántica con su negativa a admitir a Rasmussen como nuevo secretario general. El gobierno de Ankara no había olvidado, ni perdonado, que el todavía primer ministro de Dinamarca defendiera la libertad de expresión en el asunto de las caricaturas de Mahoma, publicadas en un periódico de aquel país en el 2004.

Ante tal bloqueo, Anders Fogh Rasmussen ha tenido que hacer el paripé del arrepentimiento profundo, asegurando a las autoridades turcas que aquella situación nunca se volverá a repetir. Además, la OTAN prometió a un turco un puesto de vicesecretario general. Trueques aparte, está claro que las autoridades turcas siguen teniendo dificultades con las libertades básicas que son indiscutibles en la UE: prensa, expresión, manifestación. Valores que en la Unión Europea son algo así como el alfa y el omega. También Obama se autocensuró: no mencionó en su estancia en Turquía la palabra “genocidio” armenio, que sí había empleado durante la campaña electoral. Por algo sería.

Sarkozy y Merkel dicen de nuevo ‘no’

Las palabras del presidente norteamericano tuvieron un eco inmediato en París y Berlín. “He estado siempre en contra del ingreso de Turquía en la UE -decía Sarkozy en TF1-. Y, además, puedo decir que la mayoría de los países de la Unión comparte mi opinión”. Angela Merkel tampoco ocultaba su escepticismo: una unión estrecha con los países musulmanes es algo muy positivo, decía  la canciller, pero hoy por hoy es mejor hablar de un ‘partenariado privilegiado’. El eje franco-alemán, junto con Austria, encabezan el frente del ‘no’ a la entrada de Turquía en la Unión. Durao Barroso, el todavía presidente de la Comisión Europea que espera revalidar su cargo, y los gobiernos de Gran Bretaña, España e Italia son los más firmes partidarios de que ese ingreso se haga realidad algún día, más pronto que tarde.

Fue en diciembre del 2004 cuando los países comunitarios decidieron de manera unánime admitir a Turquía como aspirante a candidato. Las negociaciones empezaban un mes después, en enero del 2005. Hay diez capítulos de negociación abiertos y, de momento, sólo se ha cerrado uno. En Bruselas se cree que la cosa va para largo. No sólo por la complejidad de las negociaciones en sí mismas, sino por la dificultad de integrar un país de 80 millones de habitantes en una Unión Europea que todavía no ha asimilado al cien por cien sus últimas ampliaciones hacia el Este y que está sufriendo ya de pleno no ya la crisis económica mundial sino la recesión.

¿Es Obama servil a los intereses musulmanes?

Pero tal vez lo que más ha molestado en Bruselas, en París o en Berlín, ha sido que Obama se inmiscuya en asuntos que son, única y exclusivamente, materia a discutir y a decidir entre los europeos. “¿Hasta dónde está dispuesto a ceder Obama a las exigencias musulmanas sin parecer servil? ¿Cuánto de lejos está dispuesto a llegar en su apoyo a la candidatura europea de Turquía?”. Estas eran, por ejemplo, las preguntas que se hacía el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Su colega francés, Le Figaro, el periódico sarkozista por excelencia, añadía: “Barack Obama se mantiene fiel a la tradicional posición de los Estados Unidos respecto a Turquía, ya formulada por Bush. Pero esto irrita a todos aquellos que están en contra de una intromisión de los Estados Unidos en un asunto que es sólo competencia de los Europeos”.

El dilema no es pequeño. Las fuerzas progresistas y democráticas en Turquía necesitan ese horizonte del ingreso en la UE como un apoyo esencial a su lucha contra los búnkeres locales. Y, a la vez, los ciudadanos turcos se sienten cada vez más desencantados de una Europa que ven como un club esencialmente cristiano que les cierra las puertas constantemente. Hoy por hoy, el diálogo con todos los estamentos de la sociedad y la política turca no sólo es recomendable sino imparable. Otro tema es si el ingreso de Turquía en la Unión Europea es la garantía total para la paz y el entendimiento entre Europa y el Islam.

Que Barack Obama culminara su gira europea en Turquía no es ninguna casualidad. Turquía, como él subrayó, es el puente clave entre Europa y el Islam, y también uno de los socios transatlánticos más importantes. Por eso el mensaje que lanzó desde Ankara y Estambul, coincidiendo con el Foro de la Alianza de las Civilizaciones de Rodríguez Zapatero y Erdogan, era inequívoco: los Estados Unidos y Europa tienen que estrechar lazos con los países musulmanes, y un avance en las negociaciones que la Unión Europea está llevando a cabo con Turquía con vistas a su ingreso definitivo en el Club sería una buena garantía de que este país se sienta más occidental que oriental.