Al Aaiun, sueño abandonado de Antonio de Oro

La ciudad de Al Aaiun surge en mitad de la nada como lo que siempre fue: un oasis. El centro urbano está al otro lado del
Foto: Miquel Silvestre.
Miquel Silvestre.

La ciudad de Al Aaiun surge en mitad de la nada como lo que siempre fue: un oasis. El centro urbano está al otro lado del puente que cruza el río. Pero para llegar hasta él hay que cruzar también una serie de controles de la gendarmería que piden todos los documentos posibles: pasaporte, seguro, permiso de circulación y la ficha, que no es sino un papel donde el viajero extranjero ha de escribir sus datos y los del vehículo, profesión, lugar de origen y destino. Conviene hacer de esta ficha más de veinte copias porque los controles son una constante en el Sahara Occidental. No son hostiles, solo pelmas.

Mercado. Foto: Miquel Silvestre.
Mercado. Foto: Miquel Silvestre.
Normalmente los gendarmes reales en esta región son amables y educados y solo cumplen con su trabajo. Todo el Sahara es territorio militarizado. Marruecos mantiene 350.000 hombres en el desierto y al pasear por Al Aaiun la impresión que uno tiene es que al menos la mitad están acuartelados aquí. Hay miles de uniformados. Hay también una población foránea que circula en grandes 4x4 de color blanco con unas letras azules pintadas en las portezuelas. En ellas se puede leer ONU. Son los cascos azules de la Minurso, la misión de Naciones Unidas encargada de velar por el alto el fuego entre el Frente Polisario y el Ejército Marroquí.

Al Aaiun fue una capital de provincia española hasta un año tan cercano en el tiempo como 1976, cuando se abandonó a Marruecos al firmar el acuerdo tripartito de Madrid en 1975 como consecuencia de la Marcha Verde.

El Estado Español mantiene la propiedad de una serie de edificios como la iglesia de San Francisco, abierta al culto, el Centro Cultural español y la Casa de España, antigua residencia de oficiales y que hoy es la única oficina de representación extranjera abierta en el Sahara y a su cargo está un amable funcionario vasco: don Carlos Ismael Bengoechea.

Iglesia Al Ayun. Foto: M. Silvestre
Iglesia Al Ayun. Foto: M. Silvestre
Don Carlos me recibió muy amablemente y tuvo la deferencia de llevarme en su propio coche a recorrer Al Aaiun mientras explicaba su breve historia. La ciudad fue fundada en 1938 en la margen izquierda del Saguia el Hamra por dos oficiales españoles que exploraban el Sahara, el comandante Galo Bullón y el teniente coronel Antonio de Oro Pulido, que había participado como capitán en la toma de Sidi Ifni. Nuestro cicerone pone particular énfasis en el retrato de estos hombres como genuinos aventureros del desierto, que sabían árabe y el dialecto de los saharauis, que habían convivido años con ellos, que aprendieron a montar a camello, que en definitiva se sentían auténticos nómadas.

Casa de Antonio de Oro. Foto: M. Silvestre.
Casa de Antonio de Oro. Foto: M. Silvestre.
Llegamos hasta la primera casa fuerte levantada por Antonio de Oro Pulido a la vera del oasis. Bajé del coche y me acerqué a aquel pedazo de historia española enclavado en el desierto. Poco más que un cobertizo de adobe, en ruinas y abandonado, lo rodeaba una inmensa cantidad de basura, auténtico cáncer del planeta.

Sentí un latigazo de tristeza. El sueño africano de Antonio de Oro Pulido a orillas de un oasis estaba convertido en un estercolero por desdén, indiferencia y quizá hasta algo de vergüenza y complejos. Me vinieron a la memoria aquellos tristísimos versos de Antonio Machado, los que solo pudo escribir alguien a quien le dolía su patria tanto como la amaba.

Castilla miserable,

ayer dominadora

envuelta en sus andrajos

desprecia cuanto ignora

La emoción del nómada
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