La ‘Guerra Fría’ llega al callejero de Washington y Moscú

Bofetada "al régimen de Putin". El Senado de EEUU baraja bautizar la calle en la que se encuentra la embajada rusa con el nombre de Boris Nemtsov, líder opositor asesinado hace dos años

Foto: Opositores rusos protestan en Moscú con carteles con la imagen de Boris Nemtsov tras su asesinato, en marzo de 2015 (Reuters).
Opositores rusos protestan en Moscú con carteles con la imagen de Boris Nemtsov tras su asesinato, en marzo de 2015 (Reuters).

El desencuentro entre Estados Unidos y Rusia parece derivar en una Guerra Fría en el callejero de Washington y Moscú. El Senado de EEUU baraja cambiar el nombre de la calle en la que se encuentra la embajada rusa para bautizarla en honor a Boris Nemtsov, un líder opositor muy crítico con el Kremlin y que fue asesinado hace ahora dos años. La propuesta la ha elaborado el senador republicano Marco Rubio, y forzaría a la embajada rusa en la capital norteamericana a cambiar los nombres en sus membretes y documentos oficiales. En lugar de poner Wisconsin Avenue pondría Boris Nemtsov Plaza.

Rubio cree que este cambio serviría para recordar “al régimen de Vladimir Putin y al pueblo ruso que estas voces disidentes siguen vivas y que los defensores de la libertad no serán silenciados”. Nemtsov fue tiroteado en febrero de 2015 en un puente cerca del Kremlin cuando venía de cenar con su pareja en un conocido restaurante de Moscú. Hay cinco hombres encausados pero desde su entorno familiar y político se acusa al Kremlin de haber motivado el asesinato.

Es poco probable que al Kremlin le llegue a importar esta iniciativa. Es sólo una manera llamativa de ‘chinchar’ a la diplomacia rusa, pero no será tan fácil ponerla en marcha. Tiene que ser aprobada por Congreso y Senado y firmada por el presidente, Donald Trump.

La tirantez entre ambos países viene de muy atrás, y de hecho los rusos han tenido ideas similares, como colocar un monumento dedicado al “genocidio de los indios americanos” cerca de la embajada de Estados Unidos en Moscú, en la calle Bolshoi Devyatinskiy. Ese plan, que estaba pensado como un “reproche silencioso a las actuales élites norteamericanas”, fue finalmente rechazado.

Ahora le ha tocado jugar a EEUU en este 'callejero global'. Y no es la primera vez que una iniciativa así está sobre la mesa. En 2014 un grupo de legisladores propusieron bautizar una calle cerca de la embajada de China con el nombre de Liu Xiaobo, un disidente chino galardonado con el Nobel de la Paz. Pekín calificó la iniciativa como “provocadora” e “ignorante”.

Los roces con las embajadas ocurren de vez en cuando. Las “provocaciones” de los servicios secretos estadounidenses contra diplomáticos rusos en Estados Unidos son una “práctica frecuente”, según la versión del primer viceministro ruso de Exteriores, Vladimir Titov. Según el Kremlin, la representación diplomática rusa en Washington afronta una presión constante y los servicios secretos norteamericanos recurren a métodos agresivos para recopilar información de inteligencia: es decir, espionaje. Moscú también tiene quejas de la embajada de EEUU en su territorio. "Además de dedicarse a espiar, los diplomáticos de la embajada de EEUU fueron vistos en las manifestaciones de la oposición rusa, en las marchas antigubernamentales y las protestas ilegales", ha denunciado el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov.

Durante el mandato de la administración de Barack Obama, el Gobierno norteamericano se quejó de que la embajada estadounidense trabajaba en Moscú en unas condiciones insoportables, de que había presiones, y de que al embajador no lo recibían los organismos rusos. Pero Moscú asegura que la situación resultaba ser completamente la opuesta.

Los rusos incluso denunciaron el año pasado que los servicios secretos de EEUU intentaron reclutar al ministro consejero de la delegación rusa en Washington: “Le pusieron en su coche 10.000 dólares junto a una propuesta para colaborar", según detalló Lavrov.

La embajada rusa en Washington es enorme, una pequeña ciudad. Está totalmente amurallada y rodeada de cámaras. Los rusos eligieron para su localización un punto elevado de la ciudad, eran los años sesenta -plena Guerra Fría- y el gobierno de EEUU temía que desde allí hicieran operaciones de escucha de la Casa Blanca o el Capitolio. “Hoy se ve a muchos rusos en los parques cercanos, jugando con los niños. Y dentro de la embajada tienen escuela, supermercado…. pero se les ve también comprando en las tiendas del barrio”, explica un vecino de la zona. Para muchos funcionarios rusos, no sólo para los de alto nivel, es un destino cotizado por la calidad de vida. Aunque tienen algunas limitaciones a la hora de salir de la capital, algo que no pueden hacer sin solicitar permiso.

Si la iniciativa de Marco Rubio prosperase, los funcionarios rusos no podrán evitar toparse con la sombra de Nemtsov en cuanto salgan a la acera.

Mondo Cane

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