Tras diez años, el movimiento BDS (boicot a Israel) ofrece más sombras que luces

Además de haber caído en contradicciones, las acciones del BDS no han contribuido a mejorar la vida de los palestinos ni, mucho menos, a torcer el brazo de Israel en sus políticas respecto al conflicto

Foto: Activistas a favor del boicot a Israel durante una protesta pro-palestina en Bilbao, en noviembre de 2012 (Reuters).
Activistas a favor del boicot a Israel durante una protesta pro-palestina en Bilbao, en noviembre de 2012 (Reuters).

El 9 de julio del año 2005, terminada la Segunda Intifada, 171 organizaciones que apoyan la causa palestina publicaron un manifiesto en el que pedían el boicot, desinversiones y sanciones (BDS) contra Israel con el objetivo de, según el documento, (a) que Israel cumpla las leyes internacionales (b) que Israel se retire a las fronteras anteriores a 1967 (c) que Israel derribe el muro de separación en Cisjordania (d) que exista una igualdad real y total para los ciudadanos árabes de Israel y (e) respetar, proteger y promover los derechos de los refugiados palestinos a regresar a sus casas y a recuperar sus propiedades.

Una lista ambiciosa de objetivos que el recién nacido movimiento BDS pretendía lograr tomando como ejemplo el boicot internacional contra la Sudáfrica del apartheid. La gran mayoría de la financiación que obtiene la red de ONG suscritas al movimiento BDS consiste en subvenciones de la Unión Europea y de varios de sus países miembros como Irlanda, España, Suecia u Holanda

Desde su nacimiento, el BDS ha adquirido relevancia global: simpatizantes célebres como Roger Waters, Naomi Klein o Desmond Tutu, campañas sonadas como la que se llevó a cabo contra Scarlett Johansson por ser la imagen de la empresa israelí Sodastream, o las recientes declaraciones -posteriormente rectificadas- del CEO de Orange Stephen Richard en El Cairo, por las que expresaba sus deseos de que su empresa saliera del mercado israelí, entre otros, han otorgado una visibilidad internacional al movimiento BDS. En España, sin embargo, es un movimiento marginal que ha obtenido una sonada publicidad por haber conseguido que el cantante judío norteamericano Matisyahu no cantara en el Festival Rototom que se celebra en Benicàssim. 

Trayectoria

Durante estos diez años, el BDS ha ampliado su lista de adherentes y ha desarrollado una trayectoria en lo que a boicot y desinversiones contra Israel se refiere. Figuras internacionales incontestables como Stephen Hawking, asociaciones universitarias como la ASA (American Students Association) -la gran implantación del movimiento está en las universidades occidentales- instituciones financieras como el fondo New Zealand Superannuation, el fondo de pensiones estatal de Luxemburgo, el Danske Bank, el banco más grande de Dinamarca, o el Gobierno de Islas Maldivas, han apoyado públicamente la campaña BDS y han actuado en consecuencia, rechazando acudir a Israel para una conferencia como Hawking, rompiendo acuerdos con instituciones financieras israelíes, o, como en el caso de Maldivas, prohibiendo la importación de todos los productos israelíes

Según Sheffield, comentarista de Forbes, el BDS daña con más intensidad a la economía palestina, fuertemente dependiente de la israelí

No obstante, hasta ahora, además de haber caído en contradicciones y haber generado críticos en ambos lados, las acciones del BDS han difuminado sus objetivos, y no han contribuido a realizar lo planteado en su manifiesto inicial ni a mejorar la vida de los palestinos ni, mucho menos, a torcer el brazo de Israel en sus políticas respecto al conflicto. 

Perjuicio a la economía palestina

El impacto actual que provoca el BDS en la economía israelí es muy pequeño. Recientemente, la Rand Corporation publicó un informe en el que examinaba los beneficios económicos de la paz entre israelíes y palestinos, así como los perjuicios económicos en otros escenarios, como el actual de dilatación de la “calma tensa” y del status quo. Si se prolonga este último, la Rand avisa de que se intensificaría la campaña de BDS, pero, en palabras de Charles Ries, presidente del think-tank en cuestión, aunque tenga mucha “publicidad”, su impacto no es tan grande

Por otro lado, y más importante, según informó Carrie Sheffield, comentarista económica de Forbes, el BDS daña con más intensidad a la economía palestina. De acuerdo con Sheffield, el BDS perjudica la confluencia que existe entre las economías israelí y palestina, de la que esta última es fuertemente dependiente. Las cifras hablan por sí solas:

“Israel tiene un PIB de 291.000 millones dólares, los Territorios Palestinos de 11.300 millones. En 2012, las ventas de Israel a la Autoridad Palestina fueron de 4300 millones de dólares, aproximadamente el 5% de las exportaciones israelíes, menos de 2% del PIB de Israel. En 2012, las ventas de palestinos a Israel representaron alrededor del 81% de las exportaciones palestinas y menos de un punto porcentual del PIB israelí. Las compras palestinas en Israel representaron dos tercios de las importaciones palestinas totales (el 27% del PIB palestino)”.

Una mujer palestina recoge tuna en Nilin, Cisjordania (Reuters).
Una mujer palestina recoge tuna en Nilin, Cisjordania (Reuters).

Además de que una mayor colaboración económica entre ambos pueblos mejoraría sin duda la convivencia y las posibilidades de paz, en Sodastream, y en otras empresas israelíes en las que trabajan palestinos, se paga un salario entre tres y cinco mayor que en los territorios de la Autoridad Nacional Palestina, como recuerda Sheffield -y, también, los trabajadores tienen unos derechos laborales similares a los de cualquier país europeo.

Un planteamiento injusto y discriminatorio

 Los miembros del BDS han incurrido en ciertas actitudes que, cuanto menos, cuestionan los objetivos del movimiento. Ciertamente, es desconcertante que el boicot no haya sido dirigido exclusivamente contra determinados gobiernos de Israel o determinadas empresas estratégicas, o solamente contra empresas que operan en Cisjordania, como la ya citada Sodastream; al contrario, el BDS ha apuntado contra todo lo que provenga de Israel, ya sean profesores, artistas, escritores, deportistas etcétera. Noa, por ejemplo, famosa cantante israelí y pacifista, ha sido en varias ocasiones objeto de boicot como “embajadora cultural de Israel”; algo que no ha gustado ni siquiera a palestinos como la artista Awad.

Y es que, un boicot tan extensivo es hipócrita e injusto. En julio de 2014, alguien tan poco sospechoso de comulgar con las políticas israelíes como Noam Chomsky resumió claramente la doble vara de medir que aplica el BDS: "Si queremos boicotear la Universidad de Tel Aviv porque Israel viola los derechos humanos, entonces ¿por qué no boicotear a Harvard debido a las mucho mayores violaciones cometidas por los Estados Unidos?"

En primer lugar, señalar a todo lo israelí, no es justo, ya que hay muchos israelíes, como Noa, que están en favor de la paz con los palestinos; en realidad una ostentosa mayoría: según una encuesta del Peace Index elaborada el pasado mes de marzo, un 62,2% de los israelíes está a favor o muy a favor de que continúen las negociaciones de paz. Aparte de que exime de toda responsabilidad a los palestinos por el conflicto; algo que ya apuntaron en The Economist en 2007: culpar únicamente a Israel será percibido como injusto

BDS del País Valenciá desveló con su acción que su intención no es ayudar al pueblo palestino, sino discriminar y acosar a judíos

En segundo lugar, miembros prominentes del BDS han sido protagonistas de polémicas que no dejan en buen lugar al movimiento y a sus supuestos principios, cuando no son abiertamente beligerantes a cualquier acercamiento hacia una convivencia con Israel. Omar Barghouti, líder de la rama cultural del BDS, Pacbi, ha estudiado, mientras promovía el boicot cultural y académico contra Israel, un Máster en la Universidad de Tel Aviv. En 2009, Barghouti realizó también unas declaraciones que no invitaban precisamente al entendimiento entre ambos pueblos, que los estándares de la comunidad internacional han establecido en una solución de dos estados:

“No se puede conciliar el derecho al retorno de los refugiados con una solución de dos estados. . . . Un retorno de los refugiados terminaría con la existencia de Israel como Estado judío”. 

Pero Barghouti no ha sido el único líder del movimiento BDS que se ha mostrado hostil hacia la coexistencia entre israelíes y palestinos. Asad Abu Jalil, uno de los mayores representantes del BDS en los EE UU y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de California fue demasiado lejos“La justicia y la libertad para los palestinos son incompatibles con la existencia del Estado de Israel”.

Estos comentarios han propiciado una legión de críticos contra el BDS, los cuales no son precisamente entusiastas pro israelíes, como el mentado Chomsky, también Norman Finkelstein que calificó al BDS de secta que quería destruir Israel o Roger Cohen, columnista del New York Times, que advirtió que el movimiento podía ser una cobertura para el antisemitismo. Por si todo ello fuera poco, Hamás mostró el año pasado su total apoyo al movimiento BDS. 

Además de todo ello, el mayor delirio de las organizaciones BDS, en concreto en España, ha llegado de la mano de la polémica creada con Matisyahu. Hasta el director del Festival Rototom, que finalmente cedió a las presiones -aunque haya rectificado y pedido disculpas este miércoles- reconocía que se perseguía al cantante -que no es israelí, y sus letras versan sobre la paz y la convivencia- porque era judío. BDS del País Valenciá, que impulsó el boicot a Matisyahu, desveló con su acción que su intención no es ayudar al pueblo palestino, sino discriminar y acosar a judíos utilizando la solidaridad con los palestinos como pantalla.

Lejos de sus objetivos

Verdaderamente, el BDS aplica las mismas tácticas de boicot total que han aplicado la mayoría de los países árabes tras el establecimiento del Estado de Israel en 1948. Sin embargo, los acuerdos de paz con Egipto y Jordania muestran que ni la guerra tradicional ni la guerra comercial construyen un futuro mejor para la región

El BDS no ha conseguido ninguno de los objetivos que estableció en 2005. En sus campañas más conocidas, tampoco hizo fortuna: Scarlett Johansson no renunció a ser imagen de Sodastream, el escritor Antonio Muñoz Molina rechazó las peticiones de boicot y acudió a recoger el premio Jerusalén, el CEO de Orange declaró posteriormente que se habían malinterpretados sus palabras y expresó su deseo de seguir apostando por el mercado israelí. Vetando a Matisyahu, además, se ha mostrado como un subproducto de odio hacia los judíos.  

Tajles

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