La paz entre palestinos e israelíes se construye desde abajo

Todos los intentos de alcanzar una solución política al conflicto en las últimas siete décadas han fracasado. Es hora de dejar espacio a la colaboración económica
Foto: Un palestino instala paneles solares en la ciudad de Jericó, en Cisjordania (Reuters).
Un palestino instala paneles solares en la ciudad de Jericó, en Cisjordania (Reuters).

El conflicto entre israelíes y palestinos dura ya más de 70 años. Decenas de cumbres internacionales de paz se han celebrado (Madrid, Camp David II, Anápolis, Sharm el Sheikh, Ginebra, Washington, Amán, etc), así como varios planes de paz han sido diseñados por actores externos (Hoja de Ruta, plan saudí, plan Tenet, propuesta francesa) con el noble propósito de que, de una vez por todas, ambos pueblos firmen una paz justa y duradera.

Recientemente, el líder de la oposición en Israel, el laborista Isaac “Buji” Herzog, declaró que la solución de dos estados, mantra histórico de su partido, es actualmente irrealizable y en consecuencia ha propuesto que se lleve a cabo una separación que, desde la división completa mediante muros y checkpoints, pueda empezarse a construir una confianza que no existe.

Herzog ha querido ser pragmático, y su propuesta no carece de sensatez. Sin embargo, obvia que ya existe confianza entre israelíes y palestinos, y que ésta ya reside en proyectos empresariales y privados, y no en los pasillos del poder en Ramala y Jerusalén.

Desde mediados de la pasada década muchos palestinos, en colaboración con empresas israelíes y extranjeras, están desarrollando proyectos exitosos que, tristemente, no han atraído el foco de los medios internacionales.

Estas iniciativas son necesarias para que exista un futuro Estado palestino, según se expresó el Banco Mundial en julio de 2.012 mediante el informe Towards Economic Sustainability of a Future Palestinian State: Promoting Private Sector-Led Growth (Hacia la sostenibilidad económica de un futuro Estado palestino: promover el crecimiento impulsado por el sector privado) el cual subrayaba que si los palestinos quieren construir su Estado, necesitan previamente una economía robusta y sostenible.

La tecnología, sector pionero

Muchos palestinos lo han entendido y se han puesto manos a la obra. De hecho, el crecimiento del sector tecnológico en los territorios palestinos durante los últimos años ha sido exponencial: en el año 2000 sólo se contaban 23 empresas tecnológicas y en julio de 2013, de acuerdo con un reportaje elaborado por Richard Behar en Forbes, la cifra ascendía a 300 empresas que empleaban entonces a 4.500 personas, formadas en su mayoría por empresas israelíes y americanas -. Un crecimiento que ha propiciado que las universidades palestinas de Cisjordania, según la corresponsal del New York Times Isabel Kershner, generen cerca de 2.000 graduados de ingeniería e informática al año -un tercio de ellos mujeres.

Empleados de Exalt, una empresa subsidiaria de Cisco, en Ramala, en abril de 2013 (Reuters)
Empleados de Exalt, una empresa subsidiaria de Cisco, en Ramala, en abril de 2013 (Reuters)

A este objetivo -promover una economía palestina moderna y dinámica- han contribuido gigantes tecnológicos como Cisco, que ha invertido 10 millones de dólares en proyectos de formación y de outsourcing para empresas palestinas emergentes desde el año 2008. En este sentido, el CEO de Cisco, John Chambers, ha expuesto su forma de contribuir a la resolución del conflicto: “La manera de poner fin a este conflicto es creando una clase media muy grande, e incluir en dicha creación a todos los individuos, independientemente de su edad, religión o sexo.” Sam Huseini, coordinador palestino de Cisco para estos proyectos, ha sido más claro aún: “Así es como nos vamos a asegurar de desarrollar un país” Cisco ha sido emulada por las filiales israelíes de Microsoft, HP e Intel, que se lanzaron al outsourcing de empresas palestinas. En 2.014, la contratación de estas empresas tecnológicas suponía alrededor del 10% del PIB de Cisjordania según la Asociación de Compañías Palestinas de Información y Tecnología (PITA, en sus siglas en inglés)

Pero Cisco no ha puesto la primera piedra en modernizar la economía palestina ni en fomentar la colaboración entre palestinos e israelíes.

Obviando proyectos conjuntos fomentados por las estructuras estatales como 'Valley of Peace', que pretende fomentar la colaboración económica entre israelíes, palestinos y jordanos, de la iniciativa privada ha surgido la cooperación, con y sin ánimo de lucro, trayendo resultados espectaculares en comparación con los obtenidos por la guerra y por la diplomacia. Los ejemplos son cuantiosos y esperanzadores

Más de una década de cooperación

En 2002, nació el Aix Group, un equipo de investigadores israelíes y palestinos que estudia las dimensiones económicas del conflicto.

En el año 2003, se creó en Tel Aviv el TEC (el Centro para la Tecnología, Educación y Diversidad Cultural) con el objetivo de establecer un marco de confianza entre israelíes y palestinos.

En 2004, nació la Organización Científica israelo-palestina, contando con el premio Nobel Torsten Weisel como uno de sus fundadores.

También en 2004, dos palestinos y tres israelíes establecieron el Middle East Education Through Technology (MEET) para animar a los estudiantes de secundaria palestinos e israelíes a trabajar juntos. Diez años después, el proyecto ha evolucionado hasta convertirse en un programa de estudios de tres años dirigido por profesores del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, en sus siglas en inglés). En 2014 el MEET abrió un "laboratorio de ideas" en Cisjordania que sirve también como incubadora de empresas.

En 2007 la leyenda israelí del surf Arthur Rashkovan creó Surfing 4 Peace, y desde entonces ha proporcionado material de surf a los residentes de la Franja de Gaza, en un esfuerzo por tender puentes. Inicialmente establecido como un puente cultural entre Tel Aviv y Gaza, la iniciativa se ha convertido hoy en una red internacional de surfistas de distintos orígenes étnicos y religiosos.

El empresario israelí Wertheimer en su oficina de Tel Aviv, en mayo de 2013 (Reuters)
El empresario israelí Wertheimer en su oficina de Tel Aviv, en mayo de 2013 (Reuters)

El mismo año, productores de aceite israelíes y palestinos lanzaron al mercado japonés la marca “Olives of Peace”. Esta colaboración fue posible gracias a la iniciativa de la organización Crossroads, que busca impulsar la cooperación económica en Oriente Medio.

En 2008 un grupo de emprendedores israelíes y palestinos creó la start up tecnológica G.ho.st, con oficinas en Ramala y Modi’in.

En 2009, el emprendedor palestino Aziz Abu Sarah creó la empresa turística Mejdi, la cual ofrece visitas guiadas por israelíes y palestinos y paquetes de viajes en los que se interactúa y conoce el lado israelí y el lado palestino.

En mayo de 2010, el emprendedor israelí Stef Wertheimer promovió la creación de un parque industrial en Nazareth, en donde actualmente trabajan conjuntamente israelíes y palestinos en proyectos tecnológicos. En palabras de Wertheimer, “la convivencia en el parque industrial en el Nazaret árabe es un buen ejemplo. Cuando las personas trabajan juntas, no tienen tiempo para tonterías. Están demasiado cansados por la noche para cometer actos terroristas. Están satisfechos, se involucran en la producción, trabajan juntos, no unos contra otros”. Wertheimer ha abierto ya 6 parques más en Israel y uno en Turquía.

En 2013, la Universidad de Al Quds, palestina, y el Instituto Tecnológico Tecnión, israelí, crearon un equipo de investigadores palestinos e israelíes para el tratamiento de aguas residuales.

Colaboración vs. Normalización

Esta colaboración económica y privada ha propiciado el surgimiento de una masa de población profesional y emprendedora en el lado palestino, que será la levadura esencial para la construcción de una nación.

No obstante, esta pequeña revolución, alejada de los medios de comunicación, tampoco es popular entre muchos palestinos y sectores propalestinos porque es calificada como un paso más en la normalización del conflicto. Por normalización, sus detractores entienden que, mediante la prosperidad económica, los israelíes intentan apagar las aspiraciones nacionales palestinas y eclipsar los sufrimientos y abusos cometidos contra los palestinos.

El primero en hacerse eco de esta ebullición tecnológica y económica fue el ya mencionado Richard Behar en Forbes; por ello, le dieron hasta en el cielo de la boca, ya que, según muchos críticos, incluidos muchos emprendedores tecnológicos palestinos, fue “propaganda sionista” y “apología de la normalización del conflicto”. Otros palestinos que han hecho oídos sordos a las críticas por colaborar con israelíes, han sido también defenestrados. La Universidad de Birzeit, la más importante de Cisjordania, vetó al emprendedor Saeed Nashif, antiguo directivo de Microsoft y fundador de Sadara Ventures, el primer fondo de capital riesgo palestino, por ser un promotor de la normalización. Nashif se defendió diciendo que “hay más de una forma de resistencia, y una manera es ser más fuertes económicamente".

Un obrero palestino trabaja en la colonia judía de Har Homa, en Cisjordania (Reuters).
Un obrero palestino trabaja en la colonia judía de Har Homa, en Cisjordania (Reuters).

La lucha contra la normalización ha conllevado perjuicios económicos para los palestinos. En 2011 ya había 50 fábricas en las colonias judías en donde israelíes y palestinos trabajaban juntos -un dato alabado por el ahora ministro de Educación Naftalí Bennet- pero muchas de ella,s como SodaStream o Ahava, que empleaban palestinos, han salido de Cisjordania por las presiones. La oposición a la normalización también ha impedido que proyectos grandes e innovadores como la construcción de la ciudad de Rawabi estén quedando en saco roto.

Aunque la más notable víctima de la lucha contra la normalización ha sido el anterior primer ministro palestino Salam Fayyad, decapitado políticamente por su propio partido, Al Fatah, a petición de Hamas como precio a una reconciliación entre ambas organizaciones que aún no se ha materializado. Fayyad solía decir que no le molestaba que le llamaran el Ben Gurion palestino -incluso se decía que tenía como libro de cabecera el best seller 'Start Up Nation', de Dan Senor y Saul Singer, que explica el éxito económico israelí. Fayyad comprendía que para construir una nación hacían falta instituciones sólidas que, en palabras del politólogo Francis Fukuyama, garanticen el funcionamiento del estado, el imperio de la ley y la responsabilidad de los gobernantes ('accountability'). Pero erigir estas instituciones requiere de una estructura económica viable, una sociedad crítica y activa que interactúe en política, y bajo el escenario palestino, también, colaborar estrechamente con Israel.

Construir espacios de entendimiento

Que los palestinos estén sufriendo el control militar y la ocupación de facto por parte de Israel no significa que no puedan colaborar con israelíes en proyectos que buscan un retorno económico y social. La paz pasa por el entendimiento y la confianza, dos ingredientes esenciales para los negocios. Además, una normalización de la situación, que mitigue las desigualdades entre ambas sociedades, es lo más conveniente para la construcción de un Estado palestino. Una sociedad palestina próspera y que albergue pedagogía de la convivencia con los israelíes será un factor fundamental para construir un estado viable, en lugar de un estado fallido en manos de corruptos y fanáticos.

Es cierto, no existe confianza mutua entre los liderazgos políticos. Los israelíes no quieren firmar algo con Abbas hoy que Hamas pueda convertir mañana en papel mojado. Los palestinos están divididos entre dos gobiernos antagónicos en Gaza y Cisjordania, y mientras Al Fatah no confía en el gobierno israelí, Hamas busca y encuentra la confrontación total. Hay que construir poco a poco, ir hacia niveles más populares. A este respecto, la creación de una confianza mutua a través de proyectos económicos y sociales es lo que está funcionando.

El método para construir espacios de entendimiento, por tanto, tiene que bajar un poco más abajo y empezar desde ahí. Así se expresó Tony Blair, el representante del Cuarteto para la Paz, en 2009:

“...Hay que construir desde abajo hacia arriba, así como negociar desde arriba hacia abajo... porque una vez que se mantengan los tres rumbos: política, economía y seguridad... cada una de estas cosas... requerirán decisiones...que se volverán evidentes, ya sea porque los israelíes estén preparados para construir de abajo hacia arriba, y porque los palestinos entienden que Israel sólo va a tolerar un estado palestino estable y seguro…

... la gente me pregunta, ¿por qué te preocupa si hay actividad agroindustrial alrededor de Jericó? Y digo, porque importa. El detalle sobre el terreno realmente importa. Sólo suponga que se han creado las condiciones en la zona de Jericó para explotar el potencial turístico. Estás creando un conjunto de partes interesadas que, cuando tengan que tratar concesiones difíciles, van a decir: "Queremos el Estado". A continuación, estarán creyendo en una realidad, y no en un santo y seña”

Se han probado ya demasiados intentos diplomáticos de alcanzar la paz y no han funcionado. Es hora de probar otra cosa que, hasta ahora, está teniendo éxito: construir la paz desde abajo. 

 

Tajles

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