Qué he hecho yo para acabar en una lista negra de George Soros

Hace unos días, la autora de este artículo descubría con sorpresa que su nombre había sido incluido en un estudio sobre política en Ucrania, donde se la acusa de estar a sueldo de Rusia

Foto: George Soros, en el Foro de Davos, en enero de 2011. (Reuters)
George Soros, en el Foro de Davos, en enero de 2011. (Reuters)

Hace unos días se filtraron a través de la web DCLeaks más de 3.000 documentos internos del entramado de organizaciones del financiero George Soros. En ellos, se tratan cuestiones que tienen que ver con su estrategia para incrementar su incidencia política en cuestiones tales como el Brexit, las elecciones de 2014 en países de la UE o el conflicto ucraniano y las relaciones con Rusia. Respecto a esta última cuestión, había una lista que clasifica a diferentes expertos según su postura. Y en ella aparecía mi nombre.

Me enteré a través de alguien que me la envió por redes sociales. Lo primero que pensé fue: ¿cuál es la razón por la que aparezco en esta lista? ¿Por qué aparezco bajo el epígrafe de prorrusa? Soy profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM y la UC3M y dirijo el Diploma Migraciones y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense... También he sido observadora internacional en países como Macedonia, Albania, Armenia o Ucrania... Después me dije que una lista es del que la crea: las empresas y organizaciones privadas son libres, faltaría más, de clasificar a la gente según su criterio. 

Sin embargo, descubrí un poco más tarde, y no sin sorpresa, que ese documento estaba vinculado a otro, mucho más sustantivo por lo que se puede leer en él. Dicho documento eran ni más ni menos que los términos de referencia del contrato con el consultor, que tenía que hacer un trabajo titulado 'Mapeando el debate ucraniano en España'. La idea era realizar un estudio sobre las distintas posiciones defendidas en relación con el conflicto ucraniano. Había sido encargado en la primavera de 2015, por lo que los hechos a analizar se centraban en la posición sobre la naturaleza de la revuelta del Maidan contra el presidente Viktor Yanúkovich (golpe o revolución), sobre la legitimidad y legalidad del nuevo Gobierno y sobre las posiciones en torno a la adhesión de Crimea por parte de Rusia. 

Según este documento, se identificaban tres posiciones. La primera, la del grupo de los denominados 'russlandversteher' (comprensivos con Rusia, prorrusos), compuesto por aquellos reacios a aceptar la revolución del Maidan como democrática; actores, según el documento, con intereses diversos y con agenda propia. La segunda posición era la de los confusos, aquellos que combinan tres supuestos: la ignorancia, la propaganda rusa y los sentimientos antiamericanos. Y la tercera posición era la de los analistas críticos pro-Kiev. Todo formaba parte de un programa más amplio que se tenía que desarrollar en Italia, Alemania, Francia, Grecia y España, coordinado por la Open Society Initiative for Europe (OSIFE), con la intención de decantar la opinión de la posición de los confusos (fundamentalmente, partidos emergentes en el sur de Europa) hacia su propio argumento, y que contaba con un presupuesto de 750.000 dólares. 

Ucranianos, en una manifestación para exigir a Rusia la liberación de la piloto Nadezhda Savchenko, en marzo de 2016. (Reuters)
Ucranianos, en una manifestación para exigir a Rusia la liberación de la piloto Nadezhda Savchenko, en marzo de 2016. (Reuters)

"Pagados por Rusia"

Para ello, se utilizaron diversos instrumentos, tales como organización de eventos públicos y privados con activistas y organizaciones surgidas del Maidan y procedentes de Kiev, convenios con prensa generalista y especializada, etc. Hasta aquí, estamos todos de acuerdo: nada extraño. Siempre han existido grupos de presión que pelean por ampliar su influencia en un sentido y en otro con la intención de conseguir sus objetivos. No habrá sorprendido a nadie ver negro sobre blanco este tipo de documentos, puesto que es una actividad de lo más frecuente, encargada por embajadas, empresas, fundaciones y 'think tanks'. En este caso, son significativos los intereses económicos del Sr. Soros en determinados sectores energéticos, tales como la industria del 'fracking' (en plena crisis del gas), en la que ha invertido desde 2013.

En todo caso, lo que realmente levantó mi indignación fue ver que el documento insinúa que aquellos 'russlandversteher' tenían vínculos materiales con Rusia. Esto es realmente lo más grave de todo lo que aparece en los documentos, ya que pone en cuestión la honorabilidad de los afectados.

Pero volviendo a las razones de mi presencia en la famosa lista, lo único que puede explicar tal hecho es que este informe solo buscara identificar interpretaciones sobre el conflicto disonantes con la propuesta realizada por Soros. Se trata, esencialmente, de un 'conmigo o contra mí', donde todos aquellos que disientan de la línea doctrinal marcada por las fundaciones y 'think tanks' vinculados a Soros pasarían a ser “propagandistas de ideas prefijadas, extremas e irracionales”, adversarios intelectuales que no comulgan con el credo 'correcto' y a los que no conviene prestar atención salvo para mantenerlos bajo control. Están haciendo exactamente lo mismo que lo que denuncian. No importa la objetividad de tu trabajo, ni los matices que intentes incorporar al mismo. O eres de los suyos o eres de los otros.

Llevo más de 20 años trabajando sobre estas cuestiones, y lo cierto es que nunca me había sucedido nada parecido. El grupo de personas que trabajamos los países de la Europa central y oriental y los países del espacio exsoviético en el ámbito académico desde el fin de la Guerra Fría siempre habíamos mantenido el respeto por nuestros colegas, estuviéramos o no de acuerdo con sus posiciones. Las discusiones eran serias e informadas, realizadas por profesionales que intentaban, desde sus distintas visiones, explicar lo que sucedía en los Balcanes, en Rusia o en Rumanía. En ningún caso, hasta donde yo recuerdo, se llegó a insinuar falta de objetividad por intereses espurios que fueran más allá de posiciones ideológicas diversas. 

En aquella época, yo era de las más novatas del grupo. Ahora soy de las más veteranas. Nunca pensé que el debate intelectual se fuera a convertir en una pelea de matones en la que no existen límites. Quizá lo mejor de esta situación dantesca sea que, al menos, tanto ellos como yo sabemos que no pueden cambiar ni comprar mis ideas.

Ruth Ferrero-Turrión es profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM y en la UC3M e investigadora asociada en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales en la Universidad Complutense (ICEI-UCM), donde dirige el Diploma Migraciones y Relaciones Internacionales. Es coeditora del portal www.eurasianet.es. Posee un MPhil en Estudios de Europa del Este (UNED). Ha sido 'research fellow' en la Universidad de Columbia (NYC), en la London School of Economics (LSE), Babes-Bolyai University (Rumanía), Hungarian Institute of International Relations y Open Society Foundation de Sofía. Ha sido observadora internacional desde 1996 en distintos países de Europa Oriental (Macedonia, Bosnia-Herzegovina, Albania, Ucrania, Armenia).

Tribuna Internacional

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