Todo el poder para Raúl

Fidel fabricó a su hermano Raúl, llevándoselo con apenas 20 años al exilio, y luego a la sierra, y luego al poder. Eso sí, siempre a su sombra. Siempre el pequeño, siempre detrás

Foto: Fidel y Raúl Castro en 2011. (EFE)
Fidel y Raúl Castro en 2011. (EFE)

Fidel deja millones de huérfanos y también unos cuantos celebrando su muerte. Al menos hay uno que piensa ambas cosas y ese es su hermano Raúl Castro Ruz, que tras 85 años, ahora puede decir, por primera vez en su vida, que es el número uno. Y además puede darle candela a cualquiera que piense lo contrario sin pedir permiso a su hermano, que también le deja huérfano.

Fidel muere como un triunfador, en su cama, con toda la dignidad de alguien sin el que es imposible contar la historia de América, incluyendo la del norte. Fidel es el último revolucionario romántico, de la estirpe de Garibaldi. Pero también el único que fue capaz de constituir en Estado su Revolución y además mantenerla, para desgracia de algunos y felicidad de otros. Visto de cerca Fidel era un gigante amenazante, con una barba de cuatro pelos, eso sí, largos, los hombros caídos como empujados por una chepa que nunca terminó de formarse. Daban miedo sus manos enormes. No te daba la mano, te la embolsaba. Luego te la devolvía y, sorprendentemente, seguías teniendo los cinco dedos en su sitio. 

Fidel fue capaz de sobrevivir tanto a sus enemigos como a sus amigos. Porque es casi más difícil soportar a Maradona que a once presidentes de Estados Unidos. De todos tomó lo que le era útil y fue capaz de digerir el resto. Que se lo pregunten a Juan Pablo II, quien derribó a la URSS, pero no fue capaz de hacer mella en Fidel, un tipo que salió de una manigua infecta para terminar siendo el jefe en Siboney y en buena parte del mundo a la vez.

Todo el poder para Raúl

Cuba es una isla pequeña en el Caribe. Pero Fidel le dio una autoridad mundial poniéndola en un lugar que no le correspondía. También hizo famoso a un médico argentino que jugaba el rugby aunque era asmático. Hizo leer a media América y envió médicos a la otra media y a parte de África. Fusiló con gusto, hizo guerras y todo lo que fue necesario para seguir vivo. Por encima de todo, fabricó a su hermano Raúl Castro, llevándoselo con apenas 20 años al exilio, y luego a la sierra, y luego al poder. Eso sí, siempre a su sombra. Siempre el pequeño, siempre detrás. Pero también siendo el único capaz de discutir con el jefe, la única oposición real. Desde que Fidel abandonó la primera línea, las tornas cambiaron. Raúl era el jefe y Fidel hacía oposición. La diferencia es que Raúl solo tuvo broncas privadas con su hermano, pero Fidel hacía oposición públicamente en sus artículos en 'Granma', como vigilándole de lejos, a veces hasta poniéndole nota. 

Ahora Raúl tiene todo el poder y la pregunta es qué va a hacer con él. Y lo que va a hacer está claro, resolver problemas pequeños, sencillos y cotidianos. Raúl no tiene la increíble luz larga de Fidel. A Raúl le interesa lo cotidiano, lo que tiene cerca, lo suyo es la luz corta. Soluciones simples y problemas simples.  Si los exiliados quieren regresar, volverán. Si el problema son los Estados Unidos veremos un hotel Trump en la Habana. Pero que nadie espere cambios políticos, ni grandes titulares. Cuba dejará de estar en los telediarios a los que había llegado gracias a Fidel. 

Raúl es solo el hermano pequeño. 

 

Íñigo Moré es analista especializado en economía internacional

Tribuna Internacional

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