Toros de la Feria de San Isidro: lunes de Dolores

Los de Dolores Aguirre iniciaron la santa semana de no tener descanso en el tendido. Si el toro es malo, no paras de dar respingos

Foto: El diestro Gómez del Pilar. (EFE)
El diestro Gómez del Pilar. (EFE)

Plaza de toros de Las Ventas, 5 de junio de 2017.
26ª de Feria. Tres cuartos de entrada en tarde muy agradable pero con viento en el ruedo que complicó la lidia a los toreros.

Seis toros de Dolores Aguirre de entre 530 y 574 kilos, serios en general, altos, con caja y astifinos. El segundo destacó por abajo. De complicado juego y malas intenciones, el lote de Rafaelillo mejor que los otros cuatro, destacando el quinto, más armónico, que duró más.

Rafaelillo, de nazareno y oro. Silencio y silencio.

Alberto Lamelas, de azul marino y oro. Silencio tras aviso y ovación tras aviso.

Gómez del Pilar, de blanco y plata. Oreja tras aviso y silencio.

Comienza la Semana Santa de San Isidro: santos los toreros, santos los espectadores, santos los empresarios, santos los ganaderos. Una semana seguida de carteles que parecen pasos procesionales por el tamaño de los toros, liturgias de penitencia por lo poco placeado de los toreros y actos de fe por la entrega con la que acuden a la plaza algunos aficionados entregados a la facción más extrema de la religión torista.

Lunes de Dolores, miércoles de Rehuelga, viernes de Adolfo Martín, domingo de Miura...

Semana de alto riesgo para los corazones sensibles, días de sustos, lidia y muchas piernas. Días de milagros y casi tres resurrecciones por tarde. Días en los que los toreros tienen el listón más alto y necesitan triplicar su entrega para no resultar crucificados por no estar a la altura de un toro benévolamente juzgado. Y no es fácil estar a la altura de estos toros, ni en sentido físico ni en sentido figurado.

Este lunes, los toros de Dolores Aguirre iniciaron la santa semana de no tener descanso en el tendido. Porque si el toro es malo, no paras de dar respingos; y si es bueno, lo es a costa de tantísima entrega del torero... que no paras de dar respingos. Y si es medio bueno o medio malo, pues tampoco paras de dar respingos, ya sean para animar al matador a que se arrime o para exigirle que se cuide dependiendo del torazo.

El diestro Rafael Rubio 'Rafaelillo'. (EFE)
El diestro Rafael Rubio 'Rafaelillo'. (EFE)

Respingos, saltos, gritos de advertencia y súplicas para acortar la faena generaron sin descanso los dos toros que le tocaron en suerte a Rafaelillo. Dos perversos toros de Aguirre que repartieron por igual puñetazos a la muleta, navajazos al aire, empujones a los capotes y miradas asesinas al murciano. No tuvo opción ninguna, hasta el punto de que nadie ponderó las condiciones de los toros, pitados en el arrastre, y hubo palmas de cariño y muy pocas protestas a la labor de Rafaelillo, que no pudo dar ni un muletazo recto y que además mandó al más allá a sus toros con más eficacia y determinación que Pilatos a sus peores enemigos. Labor de oficio, sobria, poderosa y contundente.

Los respingos con Alberto Lamelas se equilibraron en cuanto a su origen. Le tocaron ese tipo de toros de Dolores Aguirre que no embisten, hasta que embisten. Que no humillan, hasta que humillan. Que no son buenos, hasta que dejan de ser malos. Pero que no lo hacen ni constante ni uniformemente. Igual tienen seis arrancadas de toro bravo, humillado y emocionante que salen sueltos de la suerte, con la cara arriba y buscando tablas donde cobijarse. Buenos muletazos y buenas tandas que por la flojedad de su primero y la inconstancia de su segundo no pudo rematar como faenas en algo premiadas. No faltó emoción ni entrega ni esos oles de Madrid roncos y rotundos que anticipan puertas grandes pero, misterios de Semana Santa, tampoco remató su labor como para conseguir éxito o triunfo.

El diestro Alberto Lamelas. (EFE)
El diestro Alberto Lamelas. (EFE)

Gómez del Pilar es un torero despierto. De Madrid, e intuyo que conocedor de sobra de los gustos de sus paisanos. Con un objetivo fijo, el triunfo, puso todos los elementos necesarios para triunfar en su plaza: se fue en sus dos toros a porta gayola, hizo quites, o intentos; en todos sus toros y los que pudo de los otros, lidió ordenado y campero, poniendo sus toros en el tercio de varas lejos del caballo para que no haya duda de si lucen los toros o quedan en evidencia los toristas mas entregados.

El diestro Gómez del Pilar. (EFE)
El diestro Gómez del Pilar. (EFE)

Muchas ganas, mucha fibra y mucha entrega de un torero que, después de jugarse la vida poniéndose en frente de la puerta de chiqueros con unos toros que suelen salir andando y estudiando qué hay en el ruedo antes de embestir, brindó a El Chano, banderillero en silla de ruedas y paisano de Parla, y se fue para los medios convencido de poder triunfar con el morlaco.

Faena de entrega, larga, de menos a más, que hizo cumbre con la derecha casi al tiempo que sonaba el aviso. No lo cuajó con la izquierda pero la estocada, de efecto rápido, suplió las deficiencias y facilitó la oreja casi igual de pedida que por algunos protestada. En el sexto nada pudo hacer salvo demostrar de nuevo sus ganas, irse a porta gayola y aguantar que el toro prácticamente le rodeara antes de poder ejecutar la larga cambiada. El resto fue puro trámite ante uno de esos toros medio malos.

Lunes de Dolores y de respingos para algunos. Lunes de pasión y de emociones para otros. Semana de llevar la profesión por dentro. Semana, confío, de más resurrecciones que crucificados...

Feria de San Isidro

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