Por qué estoy harto de Netflix: demasiado palo para tan poca zanahoria

La plataforma de vídeo por 'streaming' presentó ayer unos resultados por debajo de los esperados. En el caso español, los contenidos siguen sin estar a la altura de lo esperado
Foto: (Reuters)
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Netflix ha caído en bolsa un 15% después de que la compañía no fuera capaz de alcanzar sus expectativas de suscriptores en el pasado trimestre. La plataforma había previsto 2,5 millones de nuevos usuarios en todo el globo pero se quedó en 1,7 millones, de los que 1,5 fueron de los mercados internacionales. La bajada ha sido sensible en Estados Unidos —sólo 150.000 usuarios por los 500.000 previstos— y los medios se apresuran en encontrar las causas: el aumento del precio y los pobres contenidos locales parecen llevar la delantera. En mi caso, añado un tercer factor: la imposibilidad de disfrutar del contenido estadounidense.

Fui uno de los muchos españoles que aprovechó el uso de una red virtual para disfrutar de Netflix antes de que aterrizara en España. Fue alrededor de 2013 y, desde entonces, la relación fue inmejorable. El catálogo era muy extenso y, aunque cojeaba en cine, poco a poco iba añadiendo películas que dotaban de contenido a su librería.

Hubo un punto de esa relación donde Netflix me enamoró desde el primer minuto: los documentales deportivos de ESPN que cubren algunos de los grandes acontecimientos de los últimos años (la serie se llama 30 for 30 y la puedo recomendar encarecidamente). Con ese 'cocktail', no necesitaba mucho más: mi serie, mi original de Netflix, mi documental y mi película de manera ocasional.

Reed Hastings, cofundador de Netflix. (Reuters)
Reed Hastings, cofundador de Netflix. (Reuters)

Ese plan perfecto se fue por el desagüe hace unos meses. Netflix ha desembarcado en España y ha ejercido un marcaje muy agresivo sobre las redes virtuales para que los clientes de otros mercados no vuelen hacia el mismo destino: Estados Unidos. La táctica tiene toda la lógica comercial del mundo: el estudio necesita que los clientes consuman el producto local por el que negocian y pagan en función de los abonados de cada país. ¿La contrapartida? Por el camino, muchos de esos grandes contenidos que pueblan el catálogo de Estados Unidos se han perdido. Incluidos 'mis' documentales de deportes.

El problema al que se enfrenta Netflix en esa transición tiene un nombre: paciencia. De sus usuarios depende que el modelo de negocio crezca lo suficiente como para sostener esa expansión internacional que se ha completado en los últimos meses. Los responsables de la cadena, Reed Hastings y Ted Sarandos, han explicado en más de una ocasión que su intención es homogeneizar esos contenidos para que no pueda haber usuarios de primera y de segunda pero ese es, precisamente, el gran mal que asola hoy en día a los suscriptores de Netflix. Los diez dólares que se pagan en Estados Unidos son mucho más valiosos que los diez euros de España.

Stranger Things, la última serie original estrenada en Netflix, ha cosechado grandes críticas.
Stranger Things, la última serie original estrenada en Netflix, ha cosechado grandes críticas.

Pero hasta que esa situación se materialice, el consumidor español queda a expensas de un catálogo en el que se pierde respecto a otros países y donde el gran atractivo son los contenidos originales de la cadena. Me pregunto si esos contenidos justifican la suscripción cuando hace un año, por el mismo precio, tenía acceso a muchos más contenidos.

Netflix, entiendo tu política pero necesito algo de empatía. Me das demasiados palos para tan poca zanahoria.

Space Invaders

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