Los catálogos de juguetes en Navidad son el nuevo 'Manual de la buena esposa'

A los ojos de muchos aún resulta inadmisible ver a niños varones jugando a pintarse la raya del ojo como Lady Gaga o pasando la escoba por el salón

Foto: Catálogos de juguetes
Catálogos de juguetes

Hace no demasiado, estaba mi hijo jugando con su prima cuando atisbó una tiara reluciente, de un plástico buenísimo y engalanada con pedrería rosa. Los niños son como las urracas o Mario Vaquerizo, ven ideal todo lo que lleve 'brillibrilli'. Los adultos que presenciaron lo ocurrido corrieron a quitarle la diadema.

Trataban de explicar a un bebé de un año que eso "no era un juguete de niños". Rieron y en tono jocoso nos pedían que "le vigilásemos". Cuando se hizo caca y le cambié el pañal me alegré de que el pito siguiera en su sitio. A juzgar por el nivel de alarma, llegué a pensar que se le podría caer por jugar con una tiara rosa.

Seguro que habéis vivido situaciones similares. Si preguntáis a cualquiera de estos alarmistas que tenga hijos e hijas si les educó en igualdad, os contestará sin dudarlo que sí, lo que es bastante hipócrita. Si entregas un tipo de juguete u otro en función del género, sobre todo cuando estos tienen que ver con la limpieza o la crianza, estás adoctrinando en los roles clásicos.

Además, también dan muestras claras de misoginia por un lado y homofobia por el otro. Misoginia porque creen que las cocinitas y los nenucos son cosas de niñas, como si sus pequeños de mayores no fueran a tener que cocinar o encargarse de sus hijos si los tuvieran; homofobia porque se les hinchan las venas de la frente dejando que leamos nítidamente la palabra "maricón".

Sospecho que hay mayor permisividad con que las niñas se diviertan con juguetes asignados en un principio al género masculino, pero resulta inadmisible a los ojos de muchos ver a niños jugando a pintarse la raya del ojo como Lady Gaga o pasando la escoba por el salón. Es curioso, porque actualmente la sociedad funciona igual: ya (casi) nadie ve con malos ojos que las mujeres trabajen fuera de casa, pero los números indican que las tareas domésticas y el cuidado de los nuestros siguen recayendo sobre nosotras.

Bombardeo publicitario

A nuestros propios prejuicios debemos sumarle el bombardeo publicitario que sufren los menores cuando se acercan las dichosas Navidades. Los anuncios empachados de rosa para ellas, el resto de colores —aunque predomine el azul— para ellos. Los catálogos de juguetes y los 'spots' televisivos en pleno 2017 continúan trasmitiendo la versión infantil del manual de la buena esposa y el marido viril.

Siempre que planteo el debate de cómo educamos a nuestros hijos —que incluye el tema de los juguetes y las películas infantiles— salta un lince a explicarme que todo el entramado cultural no influye en absoluto en las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida o en la visión que creamos del mundo. Niegan que si el contenido de lo que consumimos es sexista adoptaremos comportamientos sexistas.

Después recalcan que todo eso son tonterías, que lo importante para acabar con el machismo es la educación. En ese momento empiezo a pestañear incrédula, como si se me hubiera aparecido Tom Hardy y me hubiera propuesto un 'cunnilingus'. ¿Qué son los libros, las películas, los juguetes que le das a tus hijos, las tareas que os ve desempeñar en casa? ¿No es eso educación?

Llamadme loca, pero resulta bastante evidente que si ellas protagonizan anuncios vestidas de princesas acunando bebés o haciendo la cena y ellos jugando a legos o a carreras de coches, interpretarán lo que ven como un patrón de conducta asignado a su género y actuarán en consecuencia. Toda la publicidad que hace referencia a juguetes, así como la organización de las jugueterías, debería ser por categorías y no por sexo para empezar a erradicar estereotipos sexistas.

Me hace especial gracia cuando los padres comentan: "¡Pues mi hija ve una muñeca y se tira a por ella!" o "¡Es que mi hijo está obsesionado con los coches!". Vamos a ver, es que desde que nuestros hijos e hijas llegan a este mundo no dejan de mamar estereotipos rancios que les indican, guiados por un patrón de colores, que deben jugar con esto o con aquello. Además, todos los regalos que reciben refuerzan el tópico. Sin ir más lejos: preguntaos de qué color pintasteis su habitación cuando nació.

¿Dejo a mi hijo varón ir con una muñeca al cole?

La peor parte —cuando una ya siente que ha perdido la batalla— es cuando la misoginia social cala en los niños varones y empiezan a repudiar todo aquello que tiene que ver con las chicas, cuando empiezan a relacionar los cuidados y la limpieza con el género femenino y rechazan de pleno cualquier cosa de color rosa.

También hay catálogos no sexistas.
También hay catálogos no sexistas.

Atisbas una pequeña esperanza cuando dudan de si deben o no jugar con algo que no tienen claro si está diseñado para ellos. Te preguntan: "Dime la verdad, ¿esto es de niños o de niñas?". E insiste: "¿Se van a reír de mí en el cole si lo llevo?". Y es aquí donde surge el conflicto que aún no sé como afrontar. En el fondo de mi ser tengo claro que se van a mofar de ese niño y no quiero que nadie sufra 'bullying', pero por otro lado tampoco quiero coartar la libertad de construir su personalidad en torno a lo que le dicte su interior, y no las dichosas normas sociales.

A modo de consejo, lo mejor que se me ocurre es darles argumentos para que puedan contestar si sus compañeros les dijeran algo. Una amiga me contó que su hijo quería ir con las uñas pintadas a clase. Le grabó a fuego que aquello no era ni de niñas ni de niños y que los grandes rockeros siempre las habían llevado así.

Deseo con todas mis fuerzas romper los estereotipos que tanto lastran nuestro futuro. Es complicado convencer a nuestros hijos de que cualquier juguete es válido si los medios de comunicación les bombardean con el mensaje contrario. Por suerte, algunas tiendas han empezado a publicar catálogos no sexistas y es allí donde pienso comprar los juguetes de mi hijo estas navidades. Ya lo hice así el año pasado. Poderoso caballero es don dinero y el único lenguaje que el patriarcado entiende.

Con dos ovarios

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