Los peligros que conlleva la sexualización de la infancia

¿De verdad sabemos hacia dónde vamos? ¿Qué se puede esperar de una sociedad que a veces actúa como si no le importase que desapareciese su bien

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    ¿De verdad sabemos hacia dónde vamos? ¿Qué se puede esperar de una sociedad que a veces actúa como si no le importase que desapareciese su bien más preciado?

    En estos días, la conocida revista Vogue ha anunciado su renuncia a contratar a modelos menores de 16 años. Así que a partir de ahora trabajará con “adultas”. Era de esperar el anuncio. Habían recibido una gran oleada de críticas tras publicar unas fotos tremendamente provocativas e insinuantes de una niña de 10 años.

    La declaración de intenciones es loable. Lo malo de esta historia es que antes hubo alguien a quien se le ocurrió la idea, unos directivos que pensaron que la imagen tenía mercado y sobre todo unos padres encantados de ver a su hija en la portada de una revista como esta.

    Pero es solo una historia de tantas. Nuestra infancia está cada vez más erotizada. Eso es al menos lo que reflejan los estudios que hasta ahora han abordado este tema.

    Las menores están dando un salto demasiado precipitado a la vida adulta cuando no están aún preparadas para ello

    En 2007 la American Psychological Association hizo público un informe titulado “Report on the sexualization of girls”. El año pasado el Gobierno Británico, preocupado también por este tema, encargó un estudio sobre la Comercialización y la sexualización de la infancia. Es conocido como Informe Bailey. Ambos alertan sobre cómo el periodo de la infancia parece estar acortándose cada vez más.

    En efecto. Todo apunta en esa dirección. Déjenme que les cuente algo. Hace días pasé delante de una “discoteca light”. Reconocí a una niña de 14 años a la que conozco desde pequeña. Me costó. Iba muy maquillada, con tacones de vértigo, falda mínima. Estaba espectacular, igual que sus amigas. Alguien me dijo “¿14 años? Parecía una modelo de veintitantos”.

    La realidad es esa. Los niños de hoy en día viven inmersos en un mundo lleno de referencias sexuales. Y muchos acaban imitándolas y  asumiéndolas.

    Existen muchos riesgos

    Pero ¿se justifica tanta alarma? Parece que sí. Según los especialistas, con este tipo de comportamientos, los menores están dando un salto demasiado precipitado a la vida adulta y ni su cabeza ni su mente están aún preparadas para ello.

    Pero hay otros riesgos. La mayoría de estas niñas no son conscientes de las “pasiones” que provocan, ni poseen recursos para frenar a los que buscan sexo fácil con jóvenes inexpertas. Puede parecer que sólo juegan a ser mayores, pero es un juego peligroso.

    El informe americano insiste también en que la temprana sexualización es muy perniciosa para la salud mental. Estos comportamientos se muestran como predictores de problemas psíquicos y físicos. No es casual la presencia de trastornos de la conducta alimentaria a edades cada vez más tempranas, ni que tantos niños vivan acomplejados por su aspecto físico o que cada vez más jóvenes se sometan a operaciones de estética. Muchos desajustes emocionales derivados de estereotipos de belleza perniciosos son creados en la infancia.

    Pero ¿Quién tiene la culpa?: El informe Bailey habla sin rodeos. El entorno está plagado de contenidos de tipo sexual. Se introduce en los niños a través de la publicidad, la televisión, la música, internet e incluso a través de sus muñecas.

    El papel educador más importante reside sin duda en la familia y la escuela

    Pero a veces son los mismos padres los que fomentan la asunción de estos estereotipos. Ese es el caso de la niña de 10 años que posó para Vogue y la de tantos otros padres que llevan a sus hijos de casting en casting. Y qué no decir de los padres americanos que recorren el país con sus hijas tras los concursos de misses infantiles.

    Si alguien piensa que en nuestro país no ocurren cosas así, debiera recordar que ha sido precisamente aquí donde se ha ideado lo que parece ser el gran boom del ocio infantil: Princelandia”, un spa para niñas de 2 a 12 años. Cuenta con peluquería, manicura, etc. Se ha ideado como un centro “educativo”, pero existen connotaciones demasiado similares a las del mundo adulto. ¿No fomenta también el culto al cuerpo y la estética?

    Los riesgos de vivencias como éstas son muchos. En todos los estudios se advierte sobre la necesidad de desarrollar medidas para evitar que se conviertan en consumidores cada vez más precoces de sexualidad.

    Prevención

    ¿Qué podemos hacer? Las orientaciones de todos los expertos van en la misma dirección.

    En primer lugar, se anima a los gobiernos a tomar en serio la protección de la infancia. Se reclama una regulación estricta de contenidos sexuales en publicidad, música, televisión e internet y a realizar acuerdos con las marcas de ropa que llevan los jóvenes.

    Pero sin duda el papel más importante lo tienen la familia y la escuela. Hay un principio básico. Cuanto más tiempo se disfrute de la infancia, mejor. Contribuir a ello es obligación de todos.

    Se debe tener presente que la mejor forma de proteger a los hijos es “saber de ellos”: dónde están, con quién se relacionan y qué ven. Sólo así podremos acompañarles, aconsejarles y advertirles de los riesgos.

    También es importante no dar mensajes contradictorios. A veces pretendemos que nuestros hijos vivan una infancia saludable pero nos resulta simpático que vayan vestidos como adultos.

    Hablar con ellos, educar en valores, reflexionar sobre la imagen que dan algunos anuncios, programas, vídeos o la que se da al vestir. Exponer riesgos y proponer opciones.

    Hablar del cuerpo y la sexualidad. Cuanta mejor información tengan, más protegidos estarán para interpretar los mensajes sexuales a los que son expuestos.

    Pero sobre todo, dar ejemplo. Los niños nos imitan en casi todo.

    Proteger la infancia es responsabilidad de todos. ¿Es tan buena nuestra vida de adultos como para permitir que la niñez transcurra tan rápidamente? ¿De verdad merece la pena? Mientras sobrevivimos a la confusión en la que a veces nos encontramos, muchos niños perderán la infancia, su bien más preciado. Y mientras, muchas Lolitas seguirán creciendo y teniendo vivencias como la narrada por Nabokov: “Mi niña se sabía observada, sabía que había lujuria en esa mirada y hacía alarde de risas y jugueteos”. ¡Qué pena!  Sobre todo cuando algunas de nuestras Lolitas sólo tienen 14 años o incluso ¡10!

    ANEXOS:

    https://www.education.gov.uk/publications/eOrderingDownload/Bailey%20Review.pdf

    http://www.apa.org/pi/women/programs/girls/report-full.pdf

    Diván Digital
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