"Tengo fobia a los ascensores. ¿Cómo debo afrontarla?"

Los terrores más inconscientes son producto de un doble mecanismo. Para deshacerlos, es necesario aproximarse progresivamente hacia el objeto que genera el temor

Foto: No se deben menospreciar los miedos ajenos. (iStock)
No se deben menospreciar los miedos ajenos. (iStock)
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El lector nos escribe: '"Desde joven tengo miedo a subir en ascensores. Siempre que puedo los evito. Supongo que de pequeño tuve algún episodio traumático que me hizo cogerles pánico. Hasta ahora no he tenido problemas con el tema, pero este año mi empresa se ha mudado a una nueva localización…que está en la séptima planta de un edificio de oficinas. Mi trabajo me lleva a tener que visitar clientes y hasta ahora no he afrontado mi miedo, subo y bajo las escaleras. Pero aparte del cansancio físico, me preocupa porque ya se empieza a hablar mucho de mí por este tema y se resiente el respeto de mis compañeros.

He decidido afrontar ya mi fobia. He leído que recordar el episodio que la originó me ayudaría, pero no lo consigo. ¿Lo tengo reprimido? ¿Hay algún método eficaz para desbloquear el recuerdo?"

El temor no es negativo: agudiza tus sentidos. Es su exceso el que los está paralizando

Y yo le respondo:

El miedo es una emoción adaptativa. Hoy en día están de moda las frases naif del tipo “No hay que temer nada”. Menospreciamos los terrores ajenos porque nos reconforta reírnos de los que tienen angustias diferentes a las nuestras. Pero los psicólogos sabemos que, en realidad, no tener miedo es patológico. Perder este sentimiento supone carecer de precaución, ser incapaces de evitar los peligros. Un ejemplo: experimentos como los realizados por el profesor Daniel Schacter, de la Universidad de Harvard, demuestran que las personas que han sufrido daños en la amígdala recuerdan la asociación entre ciertos acontecimientos y un estímulo negativo, pero no experimentan ningún efecto emocional. Al no hacerlo, no se apartan de esos sucesos y se convierten en personas excesivamente confiadas. Así que, recuerda: que tengas miedo solo significa que estás psicológicamente sano.

Mostrar compasión con uno mismo

Por eso es importante que comiences a minimizar la presión que te está creando la opinión de los demás. Tienes que “perdonarte” a ti mismo por tener una fobia determinada. Todo el mundo tenemos algún miedo irracional centrado en algo específico. Las personas que te rodean tienen terror a las serpientes, los lugares altos, los ratones, los aviones, los sitios pequeños, las reuniones sociales con desconocidos, los payasos, el sexo, las tijeras o las arañas. Tu desasosiego en los ascensores no es más irracional que sus terrores particulares. Solo has tenido la mala suerte de que el foco de tus angustias es un objeto muy presente en tu vida cotidiana. Pero no dejes que te ataquen por ello, no permitas que los demás se erijan en fiscales de tu miedo.

El cine ha creado la idea de que nuestros miedos están causados por una anécdota traumática. En realidad casi nunca es así

Para afrontar tu fobia es importante que consigas desdramatizar lo que te ocurre. Aunque en este momento te esté creando incomodidades, tu temor no es algo profundo, no afecta a tu esencia. Darle importancia y creer que simboliza algo sobre ti es un error cognitivo. La psicóloga Karen Horney nos recordaba que “la intensidad de la angustia es proporcional al significado que la situación tenga para la persona afectada”. Para evitar esta tendencia a inventar un sentido profundo para tus canguelos sería estupendo que consiguieras reírte de ti mismo y tratar de pensar en otros asuntos. Cuando tu miedo se convierta en pensamiento intrusivo, intenta hacer “parada de pensamiento”: busca métodos sencillos que te permitan salir del ensimismamiento y llevar tu mente hacia otra actividad.

Piérdele miedo al miedo. El temor no es negativo: agudiza tus sentidos. Es su exceso el que los está paralizando. Una vez que reduzcas tu ansiedad ante los ascensores, verás que tus sensaciones se convierten en positivas. Un viejo proverbio chino dice: “Vaya al corazón del peligro, pues allí encontrará la salvación”. Viajar en dirección de tus terrores te enseñará mucho sobre ti mismo.

Cómo se crea un miedo

Sobre el método que me cuentas para afrontarlo debo decirte que no es eficaz. El cine ha popularizado la idea de que nuestros terrores paralizantes están causados por una anécdota traumática de nuestro pasado remoto. Es un recurso impactante para los guionistas, pero en realidad casi nunca es así. La mayoría de nuestros temores se instalan en nuestra mente sin una experiencia potente previa. Por sentido común sabemos, por ejemplo, que las personas que tienen pánico a las serpientes no suelen haber vivido episodios terroríficos relacionados con ellas. Mi consejo es que abandones la búsqueda de esa supuesta “experiencia traumática” porque de lo contrario acabarás por inventarte alguna que no tuviste. Solo en las películas existen métodos efectivos para desbloquear la memoria.

Foto: iStock.
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Las fobias se van adquiriendo poco a poco, mediante un doble mecanismo. Primero, empezamos por temer algo porque lo asociamos a alguna etapa vital de ansiedad y sensación de indefensión. Por ejemplo, en una época de estrés laboral, un ascensor muy pequeño o que se mueve mucho cada vez que lo usamos puede generarnos algo de desasosiego. Después, en una segunda fase, comenzamos a evitar aquello que nos genera aprensión y eso hace que cada vez le tengamos más miedo. Evitar el ascensor y subir por las escaleras te ha llevado a mitificar el miedo que te producen estos lugares. Además, las pocas veces que subes en él es porque te has sentido obligado, es decir, en estado de angustia, y eso te lleva a mitificar tu temor. Poco a poco, tu inquietud inicial se ha transformado en una fobia limitadora.

Los métodos para afrontar los miedos luchan contra ese doble mecanismo de adquisición. Se trata de aproximarte progresivamente hacia el objeto del temor apoyándote en alguna técnica que suavice tu ansiedad. De esa manera rompes definitivamente la táctica de la evitación, que ya se había convertido en hábito. Son muchas las técnicas de eficacia probada que van a ayudarte a hacer más fácil esa aproximación gradual: relajación progresiva de Jacobson, hipnosis, mindfulness, entrenamiento autógeno de Schultz,… Pero es mejor que esa aproximación (real o virtual) se haga baja la supervisión de un profesional. Además de ayudarte a aplicar la estrategia, un psicólogo trabajará tus errores cognitivos a la hora de interiorizar lo que estás sintiendo.

Para ampliar este asunto te recomiendo el libro 'Comprender la ansiedad, las fobias y el estrés' que coordina Juan Rojo Moreno.

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