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34 euros: la multa por liarse en público (si estás en el paro)
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Marta Jiménez Serrano

Empecemos por los principios

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Marta Jiménez Serrano

34 euros: la multa por liarse en público (si estás en el paro)

“Inventario de lugares propicios al amor” es el título del célebre poema en que Ángel González enumera los sitios donde uno puede retozar más o menos

Foto: A menudo las parejas mantienen relaciones sexuales en lugares públicos. (Corbis)
A menudo las parejas mantienen relaciones sexuales en lugares públicos. (Corbis)

“Inventario de lugares propicios al amor” es el título del célebre poema en que Ángel González enumera los sitios donde uno puede retozar más o menos a gusto. “Son pocos. / La primavera está muy prestigiada, pero / es mejor el verano”, comienza el texto para, más tarde, apuntar con tino: “El invierno elimina muchos sitios: / quicios de puertas orientadas al norte, / orillas de los ríos, / bancos públicos”.

Tal vez los lectores con hogar propio, con un lugar blindado en que disfrutar de la intimidad, no se sientan especialmente identificados. Pero no es infrecuente retozar, sobar, tocar, morder y vaya usted a saber qué más en lugares públicos, más en el caso de parejas jóvenes que no tienen un lugar en que dar rienda suelta a sus pulsiones sexuales. El fenómeno, claro está, es más frecuente en verano, por razones evidentes que el poema explica con minuciosidad (“Pero desengañémonos: las bajas / temperaturas y los vientos húmedos / lo dificultan todo”).

No es infrecuente retozar, sobar, tocar, morder y vaya usted a saber qué más en lugares públicos

No obstante, no es que las necesidades acucien menos en invierno, sino que las bajas temperaturas impiden la exposición total. La parcial, no obstante, sí se da. El frío invierno madrileño contempla con frecuencia esos coches parados en el aparcamiento de la facultad a las nueve de la noche (dos, tres: cada uno en una esquina). Las ventanas llenas de vaho, hace frío, el estudiante en cuestión se acaba de echar novia y papá y mamá aún viven en casa, y no se enrollan. (Y aquel otro poema, también de Ángel González, “Amo el campus / universitario, / sin cabras, / con muchachas (…) / que saben lenguas vivas / y se dejan besar / en el crepúsculo / (también en las rodillas)”).

Como ocurre con todo, esos encuentros furtivos en soportales, coches, baños públicos y departamentos universitarios, se han organizado gracias a las omnipresentes tecnologías. Y si no se lo creen, acudan al ya famoso sitio web mispicaderos.net. En la página se han marcado sobre un mapa de las diferentes ciudades españolas (también hay versión internacional) los diferentes lugares públicos en que uno puede practicar sexo sin ser visto, las ventajas, los inconvenientes, el nivel de exposición y demás detalles a tener en cuenta. Los hay escuetos (“Un clásico, periodismo de la UCM, bien oscuro”) o burlones (está marcada como picadero, por ejemplo, la sede del PP en la calle Génova), pero lo cierto es que muchos responden a lugares “propicios al amor”, que dice el poema.

El caso de Alemania

Estas prácticas no son, por supuesto, exclusivas del territorio nacional (son, acaso, universales). En Alemania es perfectamente legal retozar y lo que surja en parques, plazas y playas, siempre y cuando no se importune al vecindario. Sólo los coitos que contrarían a los demás son sancionados, tal y como afirma The Local.

El año pasado en la capital germana 234 personas fueron sancionadas por faltar al pudor, el doble que hace tres años

La controversia ha surgido a raíz de que, en Berlín, la multa es de 150 euros para los trabajadores y de 34 euros si uno está en el paro. Un portavoz de la Agencia Federal de Trabajo ha dicho que “esto envía malas señales y divide a la sociedad”, según aparece en el periódico alemán Bild. “Cada uno es responsable de sus actos y debe asumir las consecuencias”, concluye el portavoz. Por el contrario, la idea ha encandilado al actual alcalde de Londres, Boris Johnson. El político escribía en el Daily Telegraph que “el problema más serio actualmente en Berlín es la propensión de los berlineses a seguir la lógica de la Freikörperkultur [el naturismo], fornicando en sus estupendos parques” escribe Johnson, que termina alabando la diferencia de cantidad monetaria que exigen las multas: “Si te pillan en delito flagrante entre los arbustos, y si tienes un trabajo, son 150 euros. Pero si no tienes empleo, solamente 34 euros. Si eso no es generosidad, no sé qué lo será”.

El año pasado en la capital germana 234 personas fueron sancionadas por faltar al pudor, el doble que hace tres años. La temática nos lleva a recordar que en 2010, en Austria, un político fue sorprendido retozando en lo más profundo del bosque. La trastada fue capturada por las cámaras de infrarrojos destinadas a grabar la vida de la fauna local. La ONG Arge Daten, que lucha por la protección de la vida privada, exigió que aquellos aparatos se señalizasen para que los amantes del sexo silvestre pudieran “adaptar su comportamiento consecuentemente”.

Así pues, tanto la ley como las condenatorias miradas de los demás parecen no invitar a la práctica de sexo en lugares públicos. Pero, la verdad, eso también lo decía mejor Ángel González: “Las ordenanzas, además, proscriben / la caricia (con exenciones / para determinadas zonas epidérmicas / –sin interés alguno– / en niños, perros y otros animales) / y el ‘no tocar, peligro de ignominia’ / puede leerse en miles de miradas”. 

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