Sefarad, uno de los mayores errores políticos de la historia española

Los Reyes Católicos pensaron que los judíos se convertirían al cristianismo tras la amenaza de expulsión. Craso error. 200.000 personas emigraron

Foto: Torquemada y los Reyes Católicos, principales perpetradores de la expulsión de los judíos. (Corbis)
Torquemada y los Reyes Católicos, principales perpetradores de la expulsión de los judíos. (Corbis)

Muchas de las cosas que están enterradas no están muertas.

–Alvaro Cunqueiro

Desde la sutil y lenta erosión de la eternidad, el Dios de las pequeñas cosas no había reparado en la nueva injusticia que se iba a cometer mientras hibernaba en su solemne y distante templo espacial.

Las desavenencias producidas por el emergente poder de los Reyes Católicos, que por momentos se iba tornando en omnímodo, y unas decisiones poco ponderadas en sus consecuencias, posiblemente más sujetas al impulso que a la estricta racionalidad que hubiera requerido un análisis de tal calibre, condujeron en las postrimerías del siglo XV a precipitar lo que podría ser uno de los mayores errores políticos en la antepuerta de la historia común española.

No hay que descartar que, a partir de la inercia de esta decisión, no hubiera opciones para recular sobre los pasos dados, pero las encendidas soflamas con las que se había alimentado a la gente de a pie favorecían una corriente de opinión muy encendida contra los hebreos locales. La escasez de autocrítica y reflexión contribuyeron a tamaño desatino. Una salida honorable a tan gran error no era fácil y una marcha atrás no encajaba con tan egregios personajes. El nogal no permite que crezca nada al amparo de su sombra.

La amenaza de expulsión de los judíos

En un error de cálculo, los monarcas debieron pensar que la amenaza de expulsión causaría un efecto disuasorio y podría convencer a los judíos a “replantearse” su fe. Craso error. Más de doscientos mil se fueron de Castilla y Aragón sin cambiar un ápice su fervor religioso. No se les puede negar la obstinación ni la fidelidad a sus principios y costumbres pues dejaban atrás raíces profundas, sus bienes, y la seguridad obtenida tras años de lucha.

El bandolerismo y los saqueadores usarían la coartada de la expulsión para poner el acento en su pillaje descarnado y sin tapujosSegún se juzgue, una decisión de ese calado debió de ser harto pensada. Gradualmente los Reyes Católicos fueron recortando derechos a la población hebrea autóctona hasta llegar a crear una situación insostenible para este colectivo.

El más destacado rabino del Reino de Castilla y el médico personal del rey, ambos judíos, intervinieron para evitar in extremis tamaño despropósito. Todo fue en vano. La decisión era irrevocable y el cheque en blanco que la comunidad hebrea pondría a disposición de los monarcas no surtiría efecto. La utópica uniformidad religiosa a la que aspiraba Fernando el Católico se concretó tras esta tremenda decisión.

El plazo de cuatro meses dado para deshacerse de cualquier patrimonio tangible, salvo el concerniente a la moneda portable, solo descubriría el calibre de tamaño desatino. Columnas de desheredados recorrían los caminos de Castilla hacia África, Portugal y Francia vía Aragón en condiciones más que deplorables. La muerte y las enfermedades se cebaron en la secular desgracia de este pueblo de pueblos. El bandolerismo y los saqueadores usarían la coartada de la expulsión para poner el acento en su pillaje descarnado y sin tapujos.

No se sabe a ciencia cierta en qué momento preciso aparecen en la península los primeros hebreos, pero se asocia su llegada con la instalación de los tempranos emporios fenicios. Algunas corrientes de investigación sugieren que parte de la diáspora se emplaza a raíz de la centrifugación a la que les somete la historia con la enajenación de sus tierras ancestrales, acontecimiento vinculado al periodo de cautividad en Babilonia en el siglo VI anterior a nuestra era. Otras fuentes apuntan a salidas escalonadas y graduales, más vinculadas a los vaivenes históricos o corrientes y flujos migratorios asociados a la expansión cartaginesa y romana hacia el oeste. De lo que no hay duda es de que la conquista de la Massada en el año 73 por la décima legión de Flavio Silva, no puso en fuga a la población autóctona sino que fue sometida a un estatus más severo.

Torturas y posteriores reconocimientos

Sobre Fernando el Católico, el principal mentor de la desastrosa decisión de la expulsión, cabe decir que era sagaz y de formas avanzadas en sus habilidades diplomáticas.También era un encantador de serpientes y un protopríncipe en el sentido más renacentista de la palabra. Demostró una buena cintura en los conflictos catalanes entre payeses y aristocracia local que saldó con fuerza y sabiduría a partes iguales. De maneras cosmopolitas, agraciado y de buen porte, en pocos asaltos asimiló Navarra a Castilla y a su compañera Isabel le ayudó a arreglar algunos asuntillos internos que estaban desestabilizando el reino central; sin olvidar que creó las bases de lo que podría ser el incipiente estado federal que sería uno de los ejes políticos y tendencia de la era Austria.

Las pérdidas por lucro cesante mas allá de la tragedia humana son imposibles de cuantificar en el medio y largo plazoCon estos mimbres y con los antecedentes ocurridos en los pogromos de 1391 en los que la judería de Sevilla había sido asaltada por una multitud de energúmenos; el miedo al que se había sometido a la comunidad hebrea, habría tenido como resultado inmediato y diferido, conversiones en masa al cristianismo. Lógicamente, el Santo Oficio (qué eufemismo para una institución que hacia de la tortura su bandera) “convencía” a veces con calzador a algunos díscolos conversos, que después de un intenso tratamiento de shock dejaba al reo en estado catatónico y con la voluntad algo escorada hacia cualquier sugerencia del verdugo, por caprichosa que esta fuera. De esta guisa, los métodos de persuasión de Torquemada lograron reciclar a más de doscientas mil almas.

Las pérdidas por lucro cesante mas allá de la tragedia humana son imposibles de cuantificar en el medio y largo plazo. La miopía de aquel rey de reyes, de aquella pareja fundacional, impregnada de una razón uniforme y excluyente nos echarían en el futuro en los momentos de necesidad y bancarrota en manos de intereses foráneos. El capital lo teníamos aquí. Desde la perspectiva de aquel siglo, con un simple impuesto por la práctica de actividades religiosas “no oficiales" habría bastado. Nuestro particular dios Saturno volvía a devorar a sus hijos.

El premio Príncipe de Asturias de la Concordia otorgado en 1990 al pueblo sefardita reivindica la memoria de aquella tragedia humana que se pudo evitar con visión de largo alcance y una mano izquierda más laxa.

La reforma del Código Civil de 1982 ya otorgaba la Carta de Naturaleza para aquellos solicitantes de entre el millón aproximado que configuran actualmente la diáspora sefardita. Desde estas páginas, los españoles de bien celebramos que finalmente se haya hecho justicia.

Empecemos por los principios
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