Christine Granville: las hazañas de la espía favorita de Winston Churchill

Fotos nunca vistas de Christine Granville acaban de salir a la luz, excusa que ha servido para recordar la intrépida historia de esta peculiar espía inglesa

Foto: Christine Granville, espía al servicio de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial.
Christine Granville, espía al servicio de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial.

Fotos nunca vistas de Christine Granville acaban de salir a la luz, excusa que ha servido a los medios para recordar la intrépida historia de esta mujer, agente de los servicios secretos británicos durante la Segunda Guerra Mundial.

Granville –en realidad Krystyna Skarbek– fue una aristócrata polaca, reclutada por el SOE (Special Operations Executive), el servicio de inteligencia británico que Winston Churchill creó en 1940 con el fin de combatir el nazismo en Inglaterra y Francia.

Cuando tenía 30 años, Granville se casó por segunda vez, pero la felicidad conyugal no pudo durar, ya que en 1939 los alemanes invadieron Polonia, detonante que desencadenó la Segunda Guerra Mundial. La joven no dudó en prestar sus servicios y emigró a Londres, donde fue reclutada en la sección D del Servicio Secreto Británico.

Las fotos encontradas muestran a la bella espía en su ternura y en la firmeza que le otorgó lidiar en un mundo de hombres y, además, agresivo y violento.

Las hazañas de la espía favorita de Churchill

Son muchas las anécdotas que se conocen de la intrigante vida de Granville. En una ocasión, engañó a un oficial de la Gestapo. Ella intentaba introducir propaganda británica en Polonia, y fingió que el paquete contenía té para su madre enferma: la sonrisa benigna y la belleza de la joven hicieron todo lo demás, y el oficial la ayudó a cruzar la frontera con el paquete.

La falsa amenaza de la tuberculosis turbó a sus captores, que los liberaron

A pesar de su sagacidad, Granville fue capturada una vez, junto con un oficial polaco, por la Gestapo, que pretendía torturarla y matarla, ya que se había comprobado que eran agentes que trabajaban para el enemigo. Ella, no obstante, se las arregló para liberarlos a ambos. Se mordió la lengua tan fuerte que comenzó a sangrar. Entonces la polaca comenzó a toser, fingiendo que estaba escupiendo sangre: la amenaza de la tuberculosis turbó a sus captores, que los liberaron con el fin de no contraer la temida enfermedad.

Los amantes

Christine Granville no fue sólo una exitosa espía al servicio de Inglaterra, sino que lidió con los hombres con soltura en todos los planos de su vida.

Su muerte se hizo mundialmente famosa, ya que falleció en el West London Hotel en 1952 en turbias circunstancias: fue asesinada con un solo corte de navaja por un celoso amante al que había dejado plantado. El asesino, George Muldowney, fue colgado como castigo a sus crímenes, lo que aumentó la fama de Granville y contribuyó a convertirla en una leyenda.

La realidad y la ficción

Sólo un año después, Fleming publicó Casino Royale, la primera novela de James Bond. Con ella apareció la primera ‘chica Bond’: una enigmática y bella europea de pelo oscuro llamada Vesper Lynd.

Por encima de todo amó la libertad, la de su país y la suya

Los rumores dicen que el escritor y Christine eran amantes, pero no hay ninguna evidencia de que ambos se conocieran. Lo que sí parece obvio es que Fleming conocía la actividad de ella en la guerra, y la tenía en muy alta estima. En una serie de entrevistas concedidas en Estados Unidos acerca de la publicación de Casino Royale, Fleming habla extensamente de Christine –la única agente femenina que menciona– y sugiere que es el prototipo que define nuestro concepto del agente especial femenino.

Por otra parte, Clare Mulley, que escribió una biografía de Granville titulada La espía que amó, ha dicho: “Christine tenía una cierta vulnerabilidad. Podía ser increíblemente fuerte, y tenía ese valor tan impresionante; sabía lidiar con los hombres y demostró ser tan dura como cualquiera de ellos”. Aclara que su libro se titula así porque Granville “amó la libertad en el sentido más amplio –amó la adrenalina y las aventuras, amó a los hombres–, tuvo numerosos amantes y dos maridos. Pero por encima de todo amó la libertad, la de su país y la suya”.

Empecemos por los principios
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