Bailarinas en el barrio rojo: el vídeo de denuncia más llamativo y eficaz
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Marta Jiménez Serrano

Empecemos por los principios

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Bailarinas en el barrio rojo: el vídeo de denuncia más llamativo y eficaz

No hace mucho tiempo –tal vez sigan estando– poblaban las paredes de la ciudad universitaria de la Complutense unos carteles en los que se leía, en

placeholder Foto: Prostitutas en los escaparates del Barrio Rojo de Ámsterdam. (Corbis)
Prostitutas en los escaparates del Barrio Rojo de Ámsterdam. (Corbis)

No hace mucho tiempo –tal vez sigan estando– poblaban las paredes de la ciudad universitaria de la Complutense unos carteles en los que se leía en grande “SEXO”. Cuando uno se acercaba a leer el texto, en letra pequeña, que se desarrollaba bajo semejante título, se encontraba con un párrafo que comenzaba así: “Ahora que ya tengo tu atención, se alquila un piso de tantas habitaciones por la zona de…”. La estrategia es sencilla, barata, irreverente y muy efectiva: ¿quién no se acerca a leer los detalles de un cartel así?

Pues bien, este método publicitario cada vez se usa más, no ya para anunciar o vender nada, sino para llamar la atención sobre los conflictos problemáticos del planeta. Un asunto superficial pero morboso –muy a menudo, el sexo– se utiliza como gancho para denunciar cualquier tipo de injusticia.

El método funciona muy bien, no sólo por ser un reclamo efectivo para que la gente preste atención, sino también porque el contraste entre el principio superficial, morboso o divertido de lo que parece que vamos a presentar y la gravedad final del asunto denunciado, que causa un mayor impacto en el espectador.

Algo así sucedía recientemente con la falsa sex tape de Alyssa Milano, como se detallaba en El Confidencial: la actriz fingió que un vídeo suyo casero y privado se había filtrado en las redes sociales, cuando en realidad todo era un montaje para llamar la atención sobre el complicado conflicto actual en Siria.

La publicidad más efectiva

Esta misma técnica ha sido empleada recientemente en Ámsterdam, en un experimento que fue rodado en directo, y cuyo vídeo circula por internet a toda velocidad.

El vídeo comienza mostrando el célebre Barrio Rojo de Ámsterdam, donde las prostitutas son exhibidas en escaparates para quien quiera hacer uso de ellas. Las chicas comienzan haciendo gestos de sensual reclamo a los viandantes y, una vez tienen la atención de algunos de ellos, comienzan a bailar. La coreografía sincronizada hace que muchos de los peatones se aglomeren en torno al escaparate, en el que las prostitutas bailan a la vez, iluminadas por la luz roja del establecimiento. Cuando el baile termina, los espectadores (hombres, en su mayoría) las vitorean y aplauden, hasta que en una pantalla superior, que preside las ventanas desde las que bailaban las mujeres, aparece el siguiente mensaje: “Cada año a miles de mujeres de Europa del Este se les promete una carrera como bailarinas”. A continuación, otro mensaje: “Desgraciadamente, terminan aquí”. La calle se queda en silencio absoluto, las caras cambian y a nadie parece hacerle gracia el espectáculo presenciado. Finalmente, aparece un mensaje de la plataforma www.stopthetraffik.org: “Para el tráfico: la gente no debe comprarse ni venderse”. Con esta última sentencia concluye el vídeo.

La campaña ha sido creada por la empresa de publicidad Duval Guillaume, y sostenida por la plataforma ‘Stop the traffic’. Los diferentes anuncios de la asociación pretenden denunciar la trata de seres humanos, especialmente la relacionada con la explotación sexual.

En los Países Bajos la prostitución es legal y está regulada, pero podemos cuestionarnos hasta qué punto las mujeres que trabajan, por ejemplo, en el Barrio Rojo, eligieron el trabajo desde la libertad más absoluta o en qué medida apremian la necesidad y la coacción. Tal vez por eso eran las protagonistas perfectas para la campaña: son trabajadoras legales, por lo que no había problema en que mostrasen sus rostros. Además, estas mujeres enmarcadas en escaparates iluminados de rojo son el emblema máximo del sexo por dinero en Europa y un símbolo bastante claro de que, así entendida, la prostitución trata a la mujer como un objeto: se exhibe en el escaparate como unos zapatos, un coche o un reloj. Finalmente, el vídeo pone de manifiesto que, por mucho que la situación final de estas mujeres esté regulada y dentro del marco legal, es muy posible que hayan llegado hasta su puesto de trabajo actual movidas por el engaño, la necesidad o la desesperación.

Sea como fuere, la campaña publicitaria, efectiva, breve e impactante, vuelve a poner en duda una práctica legal de la Europa occidental, sobre la que no está de más reflexionar en profundidad.

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