Las seis formas más adecuadas de conseguir que los demás te respeten
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Iván Gil

Empecemos por los principios

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Las seis formas más adecuadas de conseguir que los demás te respeten

Si no sabemos poner límites a los demás ni decir "no", puede que dejen de valorar nuestra predisposición, tanto en casa como en la oficina

Foto: El respeto mutuo es la base de las relaciones sanas. (Corbis)
El respeto mutuo es la base de las relaciones sanas. (Corbis)

¿Te cuesta decir no? ¿Tus compañeros de trabajo o amigos se aprovechan de ti y no sabes ponerles límites? ¿Lo que dices y haces está pensado para agradar a los demás por miedo al rechazo social? ¿Acabas asumiendo responsabilidades de otras personas que ellas rechazan por desidia? Si la respuesta es sí, es que eres demasiado bondadoso para la sociedad de la competitividad extrema y el individualismo en el que vivimos. Tanto, como para que los demás te pierdan el respeto, se aprovechen de ti y abusen de tu confianza. Todo ello, hasta que un día llegues a tu límite, explotes y caigas en la tentación de asumir el dicho de que “la gente buena sufre hasta que se vuelve mala”. Para evitar tanto un extremo como el otro, se puede echar mano de una serie de consejos que, aun manteniendo una personalidad bondadosa y cultivando el ‘buen rollito’, ayudarán a que te hagas respetar y que no se den por sentadas cosas que no tienes por qué hacer.

Lógicamente, sumarse a la incipiente ola del neomaquiavelismo o asumir la máxima de Hobbes de que “el hombre es un lobo para el hombre” no nos permitirá vivir una vida plena y feliz, pero tampoco “poner la otra mejilla”, como reza el Evangelio. Mantenerse en un punto intermedio, sin dejar la generosidad o amabilidad a un lado, para ganarse el aprecio y el respeto, no siempre es tarea fácil porque la personalidad no se cambia de un día para otro. Sin embargo, el coach Preston Ni ofrece en varios de sus libros, como Communication Success with Four Personality Types o How to Communicate Effectively and Handle Difficult People, algunas de las claves que pueden ayudar a establecer límites. Y es que, a veces, casi es mejor ser respetado que ser querido.

1. Asume que no tienes por qué caer siempre bien 

Es inevitable que, en algunas ocasiones, lo que hagamos o digamos no agrade a otras personas. Ya sea porque va en contra de sus creencias o estilo de vida o porque perjudique a sus intereses. Pensar en colectivo y, sobre todo, mantenernos fieles a nuestros principios es una necesaria actitud para mantener el bienestar psicológico, explica Ni. Sin embargo, muchas veces nos dejamos embaucar por el sentimiento de culpabilidad o por el miedo al rechazo y hacemos cosas incluso en contra de nuestra voluntad. Ni podemos agradar a todo el mundo y ni podemos hacerlo todo el tiempo, añade el coach.

2. Diferencia entre ser amable y estar obligado a complacer

Una cosa es intentar ser todo lo amables posible con los demás, corteses y atentos, y otra bien distinta es obsesionarse por complacerlos en todo momento. Una actitud que no está muy lejos de la sumisión. La autonomía de cada individuo permite que se elija cuándo y cómo ayudar a los demás. Como afirmó en más de una ocasión Steve Jobs: “Su tiempo es limitado, así que no lo desperdicie viviendo la vida de otra persona”.

3. Practica el amor propio

Muchas veces nos dejamos embaucar por el sentimiento de culpabilidad o por el miedo al rechazo y hacemos cosas en contra de nuestra voluntad

Una de las claves del bienestar consiste en tener bajo control tu propia vida, con la autonomía suficiente como para que nuestras decisiones no estén influenciadas en todo momento por los demás. Para ello, apunta Ni, se deben establecer prioridades, lo que ayudará a saber decir “no” sin sentir culpabilidad por ello, y elegir relaciones sanas, que no se establezcan por conveniencia o interés. Las decisiones de cada uno le pertenecen a cada persona, para lo bueno y para lo malo, por lo que no se debe permitir que los demás elijan por nosotros.

4. Saber decir “no”, con suavidad pero con firmeza

La capacidad comunicativa es fundamental para saber poner límites de forma diplomática, sin generar rechazo ni parecer agresivo. Las negativas deben hacerse de forma suave, pero con la suficiente firmeza como para dejar claras nuestras intenciones y remarcarle a los demás nuestra escala de prioridades.

5. Asume que no eres responsable de lo que sientan o piensen los demás

En muchas ocasiones nos sentimos obligados a hacer cosas por los demás, porque lógicamente no queremos que se sientan mal, incluso cuando es por algo que nosotros mismos desaprobamos en su momento. Una cosa es preocuparnos por ellos, tratando de ayudarlos en todo lo que podamos, y otra diferente es empatizar con ellos hasta el punto de que hagamos propios sus sentimientos. Si esta actitud se convierte en la norma, entonces nos convertiremos en dependientes emocionales de los demás, una carga que también implica que nos hagamos corresponsables de sus actos.

Cuando somos tentados a caer en este estado, explica el coach, es importante recordar que cada persona es responsable de sus actos, y aunque le mostremos nuestro apoyo no escondamos lo que verdaderamente pensamos sobre lo que lo ha llevado al otro a ese negativo estado emocional.

6. Evita que se deje de apreciar lo que haces por los demás

Cuanto más se haga por los demás, más se correrá el riesgo de que dejen de apreciarlo. Cuando se comiencen a observar señales de que esto es así, sería conveniente dejar de atender a todas las peticiones de ayuda de los demás o, al menos, limitarla sólo a lo fundamental para que muestren más aprecio y la relación sea más sana. De este modo, se lograrán recuperar valores fundamentales de una verdadera amistad, como el respeto mutuo, la reciprocidad y la estima.

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