El test de las peras y las manzanas: una prueba científica para ser más feliz
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Miguel Ayuso

Empecemos por los principios

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El test de las peras y las manzanas: una prueba científica para ser más feliz

¿Quieres evitar la mayoría de discusiones? Basta con seguir unos pasos que te ayudarán a distinguir un argumento de un juicio. Tu bienestar mejorará

Foto: Muchas conversaciones acaban en bronca por no saber discutir de forma objetiva. (Corbis)
Muchas conversaciones acaban en bronca por no saber discutir de forma objetiva. (Corbis)

En inglés la expresión comparing apples and oranges (comparar manzanas con naranjas) se utiliza para referirse a dos cosas que se distinguen con facilidad. En España, se utiliza para lo mismo el enunciado “comparar peras con manzanas” o, el más rural, “mezclar churras con merinas”.

En el ámbito escolar la frase se utiliza para referirse a dos unidades distintas, pero cuando crecemos, y nos da por discutir de forma acalorada, se lo echamos en cara a las personas que utilizan una falsa analogía entre dos objetos, asuntos o conceptos que, en nuestra opinión, no tienen nada que ver. El problema es que, en multitud de ocasiones, las peras y las manzanas no son peras y manzanas: son conceptos que, en esencia, significan lo mismo.

Basta aplicar una sencilla prueba, y un poco de sentido común, para darnos cuenta de que nuestras discusiones más acaloradas giran en torno a términos poco acertados

Multitud de discusiones en nuestra vida diaria giran en torno a palabras que no se diferencian más allá de las connotaciones positivas o negativas que queramos darles. Son términos capciosos, que usamos para criticar o a alabar, y que suelen protagonizar las conversaciones más acaloradas: él dice que está siendo diplomático, tú que está mintiendo; ella dice que está siendo meticulosa, tú que es quisquillosa; ellos dicen que eres un cabezón, tú que eres obstinado.

Este tipo de conversaciones acaban siempre mal: han destrozado amistades, familias e, incluso relaciones diplomáticas. Tal como Jeremy Sherman, doctor en epistemología evolucionista, explica en su blog Ambigamy, este tipo de discusiones no hacen más que distraernos, permiten que los poderosos nos manipulen y hacen que dejemos de centrarnos en lo verdaderamente importante. La buena noticia es que se trata de un problema muy sencillo de evitar: basta con aplicar una sencilla prueba, que Sherman ha bautizado como el Test de las Peras y las Manzanas (Apple and Orange Test, en inglés). Si lo hacemos, asegura, seremos más felices y nuestro bienestar mejorará notablemente. ¿Qué hay más tranquilizador que evitar las discusiones?

En busca de la objetividad

En opinión de Sherman, el Test de las Peras y las Manzanas, puede usarse como estándar científico para “resolver los desacuerdos sobre si dos términos describen comportamientos diferentes o no son más que términos para los mismos comportamientos diferenciados sólo por cómo nos sentimos acerca de ellos”.

Si nos gusta lo que dice un político que repite siempre lo mismo, decimos que es "obstinado" o "firme", si no nos gusta decimos que es un "cabezón": no estamos atendiendo al significado real de cada palabra, simplemente estamos haciendo un juicio sobre esa persona.

Debemos aprender a distinguir los argumentos de los juicios

Para saber si los términos que enturbian una discusión se están usando para distinguir asuntos distintos o sólo para dejar clara nuestra posición ideológica, debemos asegurarnos de que los términos no son intercambiables. Y para esto es muy útil acudir al diccionario. Según la RAE, “cabezón” se define como “terco, obstinado”, “obstinado” como “perseverante, tenaz”, “tenaz” como “firme, porfiado y pertinaz en un propósito”…. Es la pescadilla que se muerde la cola.

Si hacemos un ejercicio de autocrítica, sabemos ser objetivos y mirar las cosas con distancia, nos daremos cuenta de que estamos usando distintas palabras para definir las mismas cosas pero con una connotación distinta, con el objetivo de imponer nuestra opinión como si fuera un argumento (“razonamiento que se emplea para probar o demostrar una proposición, o bien para convencer a alguien de aquello que se afirma o se niega”, no un juicio (“opinión, parecer o dictamen”). Y no es que sea malo emitir juicios, pero si disfrazamos estos como argumentos crearemos una ciénaga discursiva de la que no sabremos salir.

Todo esto parece complicado, pero no lo es tanto. Sherman propone un sencillo ejercicio: trate de aplicar el Test de las Peras y las Manzanas a estos pares de palabras, tan utilizadas en nuestras discusiones cotidianas. El profesor las llama sinantónimos: sus definiciones son sinónimos, sus connotaciones antónimas. 

- Insulso / Flexible

- Mentir / Ser diplomático

- Seducir / Persuadir

- Codicia / Prudencia

- Miedoso / Cauto

- Criticón / Exigente

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