¿Quieres saber si tu jefe es un tirano?

Mi amigo Cándido ha tenido sus más y sus menos a lo largo de esta crisis, ya que trabaja en un sector de los más golpeados.

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    Mi amigo Cándido ha tenido sus más y sus menos a lo largo de esta crisis, ya que trabaja en un sector de los más golpeados. Directivo de una gran empresa de este país, un buen día su jefe le llama a su despacho para comentar los objetivos trimestrales:

    –¿Cuánto dices que espera facturar tu departamento?–, le pregunta.

    –Cuatro millones. Con la que está cayendo, es un objetivo ambicioso, pero creemos que asumible.

    –No.

    –¿Qué quieres decir?–, pregunta Cándido, sorprendido.

    –Quiero decir que vais a facturar siete millones.

    Cándido le mira con los ojos muy abiertos, pero sin perder la compostura.

    –Sabes tan bien como yo que eso es imposible.

    –¿De verdad? Vas a ver cómo no lo es. Es más, por cada 100.000 euros de desvío sobre esos siete millones vamos a despedir a una persona. Y tú serás quién decida a quién o quiénes hay que echar.

    Cándido apenas podía creer lo que oía, pero sabía bien de lo que su jefe era capaz. Pensando en sus hijos pequeños, se tragó las ganas de contestarle como merecía.

    –Te repito que es imposible cumplir ese objetivo. Pero, por si acaso, te doy el primer nombre de la lista: el mío.

    El jefe le miró sonriente.

    –No me sirve. Tendrán que ser otros miembros de tu equipo.

    Cándido volvió destrozado a casa esa noche. No entendía cómo alguien podía ser tan ruin, incluso sádico, como para aprovechar el miedo de las personas a perder su trabajo en un momento como éste. Pero, desgraciadamente, ese tipo de jefes existe. Son los que disfrutan amenazando, haciendo sufrir, poniendo a las personas en bretes difíciles de superar. Son los jefes tiranos.

    ¿Quieres saber si tu jefe es uno de ellos? Pues hazte algunas preguntas: ¿Hay que pedirle permiso hasta para ir al cuarto de baño? ¿Grita a menudo? ¿La gente le tiene mucho miedo pero poco respeto? ¿Intenta controlarlo todo? ¿Envía señales confusas al equipo? ¿Se cree omnipotente y, por supuesto, imprescindible? ¿Todos los demás sois unos idiotas para él? ¿Tiene un ego superlativo? Si has contestado afirmativamente a 6 de estas preguntas, tu jefe es un tirano. Lo siento.

    Lo más normal es que el ambiente de trabajo sea de miedo y desconfianza¿Y cómo se refleja esto en ti y el resto del equipo? Lo más normal es que el ambiente de trabajo sea de miedo y desconfianza. Que los compañeros se sientan tornillos más que personas. Que incluso lleguen a pensar que no valen para nada. Que se sucedan las bajas por estrés. Que se empiecen a cometer errores graves por el miedo a las equivocaciones. Que unos miembros del equipo culpen a otros por temor a las represalias. Que nadie se atreva a asumir riesgos. Que ninguno tenga ilusión y, mucho menos, pasión por el trabajo. ¿Te reconoces? Pues te reitero mi más sentido pésame.

    Los expertos tienen algunos consejos para situaciones como ésta. Dicen que lo mejor es marcharse, pero eso es fácil de decir y muy difícil de hacer, con el frío que hace ahí fuera. Lo segundo más recomendado es plantarle cara al jefe, aprender a decirle que no y ganarse su respeto. En el fondo, el tirano es como un perro: percibe la adrenalina, el miedo de los demás, y actúa en consecuencia.

    Pero probablemente el mejor consejo posible sea que, antes de nada, hay que entender lo que está ocurriendo y no llegar a creer que es uno mismo el que tiene un problema, porque el que lo tiene en realidad es el jefe.

    Sí, sí. Este tipo de personas tiene terror a perder su trabajo. Son tan inseguros, que se sienten amenazados por el talento ajeno, aunque aparenten dominar la situación. La mala noticia es que abundan y que la crisis les hace crecerse.

    Mi amigo Cándido tuvo suerte. Le hubiese encantado dimitir después de aquella reunión de marras, pero sus múltiples responsabilidades le frenaron. Dos meses después, la empresa decidió prescindir de él. Ahora ha encontrado otro trabajo en el que es mucho más feliz.

    –Me han hecho un favor–, dice. –Trabajar con alguien así no merece la pena.

    Totalmente de acuerdo.

    ¿Y tú? ¿Has oído alguna historia espeluznante como la de Cándido? ¿Por qué no nos la cuentas?

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