'Ninis' vs. cincuentones: ¿cuál es la generación perdida?

Muchos menores de 25 años no logran encontrar trabajo y se resignan a ver pasar la crisis desde el sofá de casa de sus padres. Muchas

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    Muchos menores de 25 años no logran encontrar trabajo y se resignan a ver pasar la crisis desde el sofá de casa de sus padres. Muchas personas de entre 30 y 40 años no ganan lo suficiente como para irse de la casa paterna, comprar un piso o tener hijos. Muchos jubilados se enfrentan a la amenaza de que sus pensiones bajen.

    Cada uno de estos grupos de edad ha sido golpeado por la crisis y se proclama como la generación que más ha sufrido, no sin cierta razón. Sin embargo, sistemáticamente nos olvidamos de un grupo que también se enfrenta a una muy compleja situación sin que nadie parezca dispuesto a hacer nada al respecto: los mayores de 45 años.

    Los problemas de la cincuentena

    Hace poco, una buena amiga me confió que en la última búsqueda en que había participado para un puesto de directiva en una multinacional se enteró de que su edad, 45 años, era el tope que le habían dado al headhunter.

    –Me eché a temblar. Eso quería decir que, para conseguir el puesto, tendría que haber demostrado una capacidad o unos conocimientos muy superiores a los de cualquier candidato más joven. Me pareció muy injusto. Esta generación va a tener muy difícil depender de las pensiones públicas

    Probablemente, lo sea. Pero es una realidad: las empresas prefieren apostar por candidatos más jóvenes y maleables, dispuestos a aceptar un menor salario y con el colmillo menos retorcido. Mientras tanto, la sociedad va por otro lado. La esperanza de vida se alarga hasta los 79 años en el caso de los hombres y los 85 en el de las mujeres, a la vez que cada vez está más claro que esta generación va a tener muy difícil depender de las pensiones públicas. La edad de jubilación ya se ha prolongado y es muy posible que siga haciéndolo. Es decir, que los baby boomers españoles que pierdan su empleo antes de los 50 no se podrán jubilar para cobrar una birriosa pensión hasta, digamos, los 70. ¿Qué van a hacer durante esos 20 años de vida laboral que les quedan, fundamentales para poder ahorrar para esa jubilación que el Estado no les va a pagar, si las empresas les rechazan?

    Creo que, al menos, el tema merece una reflexión. El 22% de la población española tiene menos de 30 años, pero el 38% cuenta con más de 45. El número de desempleados con menos de 25 años asciende al 57%, mientras ya hay 1,67 millones de parados entre los 45 y los 65 años. De entre estos últimos, casi un 75% tiene menos de 55 años y, por lo tanto, está muy lejos de la edad de jubilación.

    Las soluciones plausibles

    Desolador, ¿no? ¿Y qué se puede hacer para luchar contra ello? La primera respuesta que a uno se le ocurre es de corte intervencionista: ayudas del Estado, bonificaciones para aquellas empresas que apuesten por los trabajadores de mediana edad. Pero, con la que está cayendo, parece poco razonable. ¿Más formación? Sí, pero ¿de qué tipo? ¿Movilidad geográfica? Al fin y al cabo, se trata de la generación que sí pudo endeudarse para comprar casa, con lo que está atada no sólo por su hogar, sino por la hipoteca y la imposibilidad de vender a los precios a los que compró en plena burbuja. Además, en muchos casos tienen a su cargo ‘ninis’ que no consiguen trabajo y padres mayores que viven con ellos. Las empresas deberían hacer un esfuerzo por entender que los 50 son los nuevos 40

    Así que sólo nos quedan dos cosas: apelar a la responsabilidad social de las empresas contratantes y al aumento de la empleabilidad de los potenciales contratados. Las compañías deberían hacer un esfuerzo por entender que los 50 son los nuevos 40: no sólo las capacidades físicas y mentales de los cincuentañeros son superiores a las de sus homólogos de hace diez años, sino que la experiencia acumulada hace que en muchos casos vivan su mejor momento laboral. ¡Y los achaques aún no son un problema!

    En cuanto a los susodichos, no les queda más remedio que aplicarse en ser más empleables. ¿Que la tecnología se les resiste? Pues habrá que sentarse con un hijo/sobrino las horas que hagan falta hasta manejar Whatsapp y Twitter con una soltura digna de un nativo digital. ¿Que hace falta aumentar los conocimientos de marketing online y el dinero no sobra? Pues habrá que meterse en Coursera u otra MOOC en busca de cursos gratis que encajen con las necesidades. ¿Que es cosa del inglés? Pues ya es hora de dejar de resistirse…

    En cuanto al Gobierno, al menos debería mostrar signos de preocupación y trasladárselos al mundo corporativo. Nadie niega que los ‘ninis’ son un tremendo problema para cualquier sociedad y que debemos encontrar soluciones. Pero no por ello hay que olvidar a otras generaciones que, en un periodo mucho menor de tiempo, pueden enfrentarse en masa a dramas personales, provocados por la asimetría entre los ciclos demográficos y las necesidades empresariales, que acaben por convertirse en un problema social.

    Aunque, pensándolo bien, pedir que en España actuemos con anticipación quizá sea pedir demasiado.

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