Tienes una décima de segundo para causarme una buena impresión

El lunes cené con mi amiga Paula. Normalmente, destila optimismo y lo transmite, pero se la veía bastante hundida. –¿Qué te pasa?– pregunté. –La

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    El lunes cené con mi amiga Paula. Normalmente, destila optimismo y lo transmite, pero se la veía bastante hundida.

    –¿Qué te pasa?– pregunté.

    –La semana pasada hice una entrevista para el trabajo de mi vida. Y metí la pata.

    –¿Por qué?

    –Dicen que no les transmití seguridad en mí misma. Y tienen razón. Llegué tarde y nerviosa. Me sudaban las manos. Tenía tantas ganas de causar buena impresión y de parecer inteligente, que no fui yo misma. Una pena.

    Cuanto más alto, mejor líder

    Pues sí, porque el puesto era realmente interesante y Paula encajaba perfectamente en el perfil. ¿Alguna vez os ha pasado algo semejante? Tanto si es así como si no, voy a recomendaros un libro, Blink, de Malcolm Gladwell, traducido al español como Inteligencia intuitiva. Se trata de un estudio sobre la cognición rápida, sobre el tipo de pensamientos que se dan en el tiempo de guiñar un ojo, sobre los dos segundos que tardamos en sacar conclusiones en cuanto conocemos a alguien. Todos sabemos lo importante que son esas primeras impresiones cuando se trata de atracción física, pero ¿qué ocurre cuando de lo que hablamos es del mundo laboral y, sobre todo, de las entrevistas de trabajo?

    No podemos imaginarnos el impacto que tiene la vestimenta en la primera impresión

    Gladwell defiende que, a pesar de lo sofisticadas que se han vuelto las técnicas de selección de personal, la decisión de contratar a alguien se toma en esos primeros segundos, en base a una serie de juicios subconscientes. Cita numerosos y muy interesantes experimentos científicos que corroboran su tesis, entre los que hay uno que me llamó mucho la atención: todos los consejeros delegados de las empresas del Fortune 500 son altos. Salvo que las casualidades existan, por alguna razón a la hora de elegir un CEO las empresas piensan que, si es alto, será mejor líder.

    Qué hacer para que te contraten

    Si esa primera impresión es tan importante –seguro que habéis oído alguna vez la frase de que el apretón de manos lo es todo–, no nos queda más remedio que trabajar en ella y dejar lo menos posible al azar. Frank Bernieri, uno de los gurús del lenguaje no verbal, ofrece algunos consejos:

    • Trabajar en los aspectos que están bajo nuestro control: ir vestido según el contexto (pensar en cómo irá vestido el propio entrevistador ayuda), bien peinado (se puede aprovechar para ese corte de pelo que tanto necesitamos) y aseado. Los complementos dicen mucho sobre nosotros: que el reloj sea discreto u ostentoso, que llevemos los zapatos limpios, que usemos bolso grande o pequeño… “No puede imaginarse el impacto que tiene la vestimenta en la primera impresión”, dice Bernieri.
    • Resaltar las diferencias individuales: si un entrevistador va a ver a decenas de candidatos en un día, más nos vale que nos recuerde por algo. Ahora bien, cuidado con el efecto contraste. Tampoco es necesario que nos recuerden por ser los únicos en llevar zapatillas de deporte naranjas con el traje.
    • Lo del apretón de manos no es un mito: se trata de que las manos encajen, sintonicen. Los estudios muestran que los hombres sacan mejores puntuaciones que las mujeres en este apartado simplemente porque tienen más práctica.
    Se me ocurren algunas cosas más. Para empezar, ¡llegar a tiempo! Parece obvio, pero es increíble la cantidad de personas que llegan tarde a una entrevista por no haber planificado bien. Además, si uno llega tarde va a sentirse nervioso, que es exactamente como no debe mostrarse.


    No debes tocarte el pelo o llevarte la mano a la bocaSer uno mismo: no hay peor cosa que actuar. O uno es un actorazo de primera, o le van a acabar pillando. Sonreír es fundamental. Mostrarse seguro y confiado, así como positivo. Ser cortés y atento. Conocer de antemano detalles sobre el entrevistador para poder conversar con él. Mostrarse interesante e interesado. Y, de camino a la entrevista, ir decididos a causar la mejor primera impresión de nuestra vida.


    ¿Qué no hacer? Evitar el contacto visual. Encorvarse. Apretar la mano de forma lánguida y desganada. Cruzar los brazos. Mirar hacia abajo. Alejarse demasiado del entrevistador o invadir su espacio vital. Moverse nerviosamente o tocarse el pelo, llevarse la mano a la boca… Mirar la hora. Fruncir el ceño.


    En definitiva, aplicar el sentido común y ser muy conscientes del lenguaje no verbal. Vale que uno no puede controlar las reacciones instintivas de los demás. Pero sí puede trabajar en cómo ser percibido. Sólo hay una minúscula oportunidad para causar una excelente buena impresión, así que ¡a por ella! Estoy segura de que mi amiga Paula ya ha aprendido la lección.

    Pase sin Llamar
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