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Adolescencia: “Déjame crecer pero no te vayas muy lejos por si te necesito”

La adolescencia es una etapa de la vida muy especial y complicada para todos: hijos y padres. Hay muchas cosas que, a nivel físico, emocional y

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Adolescencia: “Déjame crecer pero no te vayas muy lejos por si te necesito”
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    La adolescencia es una etapa de la vida muy especial y complicada para todos: hijos y padres. Hay muchas cosas que, a nivel físico, emocional y vincular son desarrolladas y resueltas en este momento vital, así que padres e hijos tienen entre manos un difícil proyecto.

    Cada generación ha podido vivir la adolescencia de una manera. Hay personas que sienten que esta etapa para ellos empezó y duró como mucho unos meses porque en seguida tuvieron que hacerse cargo de responsabilidades adultas y hubo que crecer deprisa. En la actualidad, parece que nuestros niños pueden tomarse bastante tiempo para resolver su adolescencia y pasar a la vida adulta.

    Si nos preguntamos qué función cumple esta etapa a nivel evolutivo, podemos decir que es de transición. El niño pasa por la adolescencia para convertirse en adulto. Y tiene que resolver una serie de dificultades y conflictos para llegar con éxito a la etapa adulta, con lo que el momento vital no es sencillo.

    En primer lugar, el cuerpo evoluciona hormonalmente. El niño va viviendo cambios progresivos: cambia su cuerpo, sus emociones, sus prioridades y hasta el lugar que siente que ocupa en el mundo. Al empezar la adolescencia tienen emociones más globales, les cuesta concretar. Al ir creciendo y cerrar este ciclo, podrán matizar y ser más concretos respecto a lo que piensan y sienten, necesitarán matices para expresarse. Del blanco o negro típico del adolescente pasará a un “depende” adulto. También algo normal es la excesiva ilusión por cambiar el mundo. Mucha idealización respecto a lo que pueden llegar a ser o conseguir. Tienen que pasar por ello.

    Los niños también viven un proceso respecto al vínculo con sus padres. Cuando son pequeñines, para ellos sus papás son lo más importante: les admiran e idolatran. En la adolescencia empiezan a ver sus fallos. Incluso, lo común es que les parezcan mal cosas de sus padres que, en principio, pueden ser de lo más normal y que acabarán haciendo ellos.

    Es importante respetar los movimientos de individuación

    Esa vergüenza del adolescente hacia sus padres, y esa atribución de malestar sólo a ellos cumple una función: si los niños siguieran viendo a sus padres siempre maravillosos nunca querrían irse de casa. Y en esta etapa, necesitan verlos de forma extrema, en el polo negativo, para que luego la balanza pueda equilibrarse y ser resuelto el proceso de individuación. Es decir, el niño durante la adolescencia necesita “distorsionar” la imagen que tiene de sus padres de forma negativa para poder hacerse mayor y querer irse de casa: independizarse.

    Los hijos, cuando pasan a la adolescencia, comienzan a tener diferentes necesidades si lo comparamos cuando eran niños. Necesitan sentirse más autónomos y con poder de decisión sobre algunas cosas (sobre todo las suyas) pero a la vez, sus padres no pueden estar muy lejos. La sensación que desprenden es: “déjame crecer pero no te vayas muy lejos por si te necesito”.

    Conflictos a la hora de que tomen sus propias decisiones

    Los conflictos con los adolescentes suelen ser una de las mayores preocupaciones de los padres. ¿Cuáles sí y cuáles no?, es decir: ¿por qué cosas deben tener conflicto los padres con sus hijos adolescentes y por qué cosas pueden “ceder” y evitarlo? En todo lo que tenga que ver con sus cosas (su cuerpo, su pelo, su ropa, su habitación) no es necesario el conflicto. El adolescente puede decidir lo que quiera. Necesita autoafirmarse y tiene derecho a hacerlo. Ahí los papás ya no pueden decir nada. Es importante respetar los movimientos de individuación y estar atento al límite que pone el adolescente a los padres, porque el hijo empieza a necesitar más espacio para sí mismo, tanto físico (se encierran literalmente en su habitación) como emocional y vincular, es decir, necesita sentirse dueño de sí mismo y de su espacio vital. Los papás tienen que estar cerca, pero sin invadir. Es una etapa en la que dejar un espacio para la negociación es necesario.  En lo que respecta a las zonas comunes de la casa o cosas que el hijo haga y tengan consecuencias para los padres, sí es importante poner límites. Fundamental el término medio. Respeto tu espacio, y tú respetas el mío.

    Respecto a algunas decisiones que quieren tomar los adolescentes, tanto importantes como cotidianas, los papás tienen una tarea difícil cuando piensan que se van a equivocar. Se mueven en muchas ocasiones entre la postura de dejar que el hijo decida, elija, o no dejarle para evitar que lo pase mal después. Esto supone mucha energía psíquica para los padres. La verdad es que depende, en casos extremos, pues es lógico no dejar a un hijo menor de edad hacer algo peligroso para él o para las personas de su entorno, porque es cierto que los adolescentes no ven tanto el peligro de las acciones como los adultos, les cuesta pensar en el largo plazo. Pero si es algo por lo que va a vivir las consecuencias él, es muy buen momento para que los padres den su opinión y consejo pero dejen actuar y decidir al adolescente. Necesitan aprender de su experiencia. Si les sale bien fenomenal y si les sale mal, los papás le recogerán y le consolarán por el disgusto y no reprocharán la decisión tomada, porque aunque sienta que se ha equivocado, esa experiencia ha sido necesaria para aprender algo que seguro le va a servir en su vida. Y es muy importante valorar la capacidad de decisión del adolescente, porque esto tampoco es fácil para ellos.

    Es una etapa transitoria para la vida adulta, es el ensayo general

    Otra parte difícil es respetar la importancia que el adolescente da a algunas cosas, como a ídolos, aspecto físico o relaciones personales (parejas). Aunque a los padres les parezca exagerado, para él no lo es, así que es necesario, aunque no se les entienda, respetarles en sus sentimientos.  De aquí viene la sensación constante que tienen de que nadie les entiende. Pero es cierto, si los adultos no logran acordarse de cómo pensaban y de qué sentían ellos cuando eran adolescentes, no podrán entenderles.

    ¿Qué suele costar mucha energía a los padres? Ver cómo su hijo se equivoca y lo pasa mal, y tener que esperar a consolarle cuando él venga a pedirlo. Pero papás, esto forma parte del proceso vital, es algo necesario para vuestros hijos. Es una etapa transitoria para la vida adulta, es el ensayo general y, cuando ellos sean adultos, los padres ya no podréis estar ahí, así que necesitan ensayarlo antes para poder hacerlo después.

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