Mujer, madre, trabajadora... ¿En qué orden?

Sin duda, tener hijos cambia la vida: marca un antes y un después, un punto de inflexión tras el cual ya nada será lo mismo. Cómo

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    Sin duda, tener hijos cambia la vida: marca un antes y un después, un punto de inflexión tras el cual ya nada será lo mismo. Cómo se afronten los cambios que esta nueva etapa conlleva dependerá de diferentes variables: de si el embarazo es deseado o no, de la situación personal de la futura madre y de cómo se siente con respecto a ésta (¿soltera o en pareja? ¿Con trabajo o en el paro?)

    Quizás esto influya en que las mujeres decidan ser madres cada vez más tarde. La edad para tener el primer hijo en España era, en el año 2002, según el Instituto Nacional de Estadística, de 29,5 años; en el 2010, de 30,5. Basta con mirar a nuestro alrededor para entender los motivos que parecen estar detrás de esta tendencia: inestabilidad laboral (y en consecuencia, económica), difícil acceso a la vivienda, formaciones cada vez más largas (carreras universitarias que son seguidas de másteres) o simplemente la elección de otras prioridades (viajes, disfrutar del tiempo libre…). Pero ¿cómo “reorganizar” la vida después de la maternidad? ¿Cómo compaginar diferentes facetas como el trabajo, el cuidado del bebé y las necesidades propias? Hagamos una reflexión sobre los diferentes aspectos a tener en cuenta.

    Baja de maternidad

    En España, la baja de maternidad es de 16 semanas; no obstante el Parlamento Europeo revisa esta cuestión con cierta frecuencia. Hay países europeos que tienen bajas más reducidas (como Portugal, con 12 semanas), pero hay otros con bajas de maternidad mucho más prolongadas, como es el caso de Suecia (donde puede durar hasta dos años) o Bulgaria (un año, prorrogable a otro). Sin duda 16 semanas parece un periodo demasiado corto, ya que –tal y como coinciden especialistas de diferentes ámbitos– el primer año de vida del bebé es fundamental y decisivo para su posterior desarrollo. Que la mamá o el papá puedan estar presentes durante ese periodo es de vital importancia.

    Reincorporación del trabajo

    Pero en muchas ocasiones, las carreras profesionales y las responsabilidades laborales dificultan que la madre (que es quien normalmente hace uso de la baja de maternidad) pueda ausentarse durante un periodo tan largo de su puesto de trabajo. Vienen a la cabeza casos de mujeres del mundo de la política que se reincorporaron a su puesto de trabajo casi inmediatamente después de dar a luz, casos en los que era el padre quien hacía uso de la baja de paternidad. Muchas mujeres que tienen opción a ello optan por pedir una reducción de jornada para poder pasar más tiempo en casa con el bebé, aunque esto suponga una pérdida de poder adquisitivo.

    Ser mujer en el siglo XXI

    Si, además de estas dos cuestiones –donde la situación ideal parece no existir y tomar la decisión de qué hacer es tremendamente complicado–, añadimos la cuestión de cómo está cambiando la sociedad respecto a los roles de género, el asunto se complica aún más. El papel de la mujer ha ido cambiando de forma radical en los últimos tiempos, no sólo por la progresiva incorporación de la mujer al mundo laboral, sino porque poco a poco, las mujeres están cada vez más presentes en puestos de responsabilidad (por ejemplo, la actual presidenta de Microsoft España es una mujer, así como la Directora de Facebook España, y ambas son madres).

    Parece que a la mujer del siglo XXI se le exige ser una excelente trabajadora, una buena madre y una sufrida ama de casaJunto con la creciente tendencia de que las mujeres deciden tener hijos cada vez más tarde –de la que hablábamos al principio- aumenta también el número de mujeres que deciden no tenerlos, algo que parecía impensable hace algunas décadas, cuando el papel de la mujer como madre era algo incuestionable.

    Teniendo en cuenta todo esto, parece que a la mujer del siglo XXI se le exige ser una excelente trabajadora, una buena madre y ama de casa... Y si es posible, también que esté guapa. Todas estas “exigencias” pueden llegar a ser vividas por las mujeres de forma muy estresante. ¿Cómo se gestiona todo esto? ¿Cómo priorizar entre todas estas cosas, sin ser Superwoman? ¿Les quedará algo de tiempo para sí mismas?

    ¿Qué se puede hacer?

    Esta situación termina, en muchas ocasiones, generando conflicto: aparecen la frustración, el enfado y la rabia, bien sea con los hijos, con la pareja, con la familia o en el trabajo… Llegado ese punto es importante pararse y reflexionar: ¿qué echamos en falta? ¿Dónde quedaron nuestras propias necesidades? ¿Se puede salir de esa situación sola o es necesaria ayuda?

    Son muchas las mujeres que acuden a las sesiones de terapia con quejas somáticas (dolores de cabeza, contracturas, dificultades relacionadas con el sueño) o quejándose de una sensación de “ahogo”, de no saber qué hacer para salir de especie de rueda del día a día en la que se ven inmersas. El hecho de acudir a estas sesiones constituye, en sí mismo, un esfuerzo por encontrar un espacio para sí mismas donde poder pensar acerca de todas estas cuestiones con otra persona, un espacio propio de autocuidado.

    No cabe duda de que estamos ante un tema muy complejo. Cada mujer y sus circunstancias son únicas y conseguir un equilibrio entre las diferentes áreas no es fácil: cada una tendrá que tomar sus decisiones en función a sus prioridades y a sus circunstancias, a los apoyos con los que pueda contar, y en el caso de haber pareja, consensuando parte de estas decisiones con el fin de que se pueda disfrutar de la mejor calidad de vida posible.

    Relación Padres e Hijos
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