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¿Cómo le digo a mi compañero o a mi empleado algo que no le va a gustar?
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Lola García

Trabajo y sentido común

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¿Cómo le digo a mi compañero o a mi empleado algo que no le va a gustar?

Hay veces que nuestro cuerpo emite unos olores que son desagradables, y en ocasiones somos conscientes y ponemos solución. Pero en otras no nos damos cuenta

Hay veces que nuestro cuerpo emite unos olores que son desagradables, y en ocasiones somos conscientes y ponemos solución. Pero en otras no nos damos cuenta y llega a tal punto de desagrado que se convierte en la comidilla de la oficina. En una empresa madrileña tuvieron que despedir a una trabajadora porque los compañeros se quejaban del olor, y aunque abrían las ventanas para ventilar era imposible que desapareciese, lo que produjo el rechazo de sus compañeros. Lo que más me sorprendió fue que ante tal situación nadie transmitiera a esta trabajadora lo que estaba ocurriendo realmente para que pudiese corregirlo. De hecho, llegó a oídos de la directora de la empresa, y dijo que “si nadie sabía como decírselo (se incluía a ella misma), lo mejor era que la despidiesen porque no se podía aguantar más esa situación”. Y así fue, la despidieron.

Me imagino que ella pensaría que el motivo de su despido sería por los malos momentos económicos que estaba atravesando la empresa y no porque ha dado la imagen de falta de higiene (no sé si es consciente o no, entiendo que no).

Me pregunto, ¿se podría haber evitado el despido teniendo en cuenta que sus funciones en el día a día eran correctos? ¿Puede ser que la Directora de la empresa le pareciese de “sentido común” que hay que cuidar el aspecto físico (el cabello, uñas, la higiene personal, el olor personal…) para ir a trabajar y que no era necesario tener que decírselo?

Ofrecer una imagen adecuada

He leído en foros otros comentarios similares en cuanto al pudor que genera rectificar hábitos como vestirse de manera informal cuando el puesto de trabajo no lo requiere, o corregir las actitudes de aquellas personas que no cuidan el gesto no verbal de desagrado, o de “guerra declarada” ante sus compañeros, jefes, clientes que provocan tensión y malestar. ¿Resulta difícil, no?

Todos los casos planteados (olor, vestimenta inadecuada, gestos no verbales inadecuados), tienen en común la proyección de una imagen personal y profesional que debemos tener en cuenta en el trabajo. Los profesionales en consultoría de Imagen, Coaching y Liderazgo dicen que la imagen se plasma en nuestra forma de actuar, comunicar y comportarnos. Nos sugieren unas técnicas para proyectar una imagen positiva en el ámbito laboral:

Técnica 1: Sepa cuándo debe ir arreglado y cuándo puede vestir de forma informal.

Técnica 2: Adapte el estilo de su indumentaria al de su interlocutor cliente.

Técnica 3: Cuide su aspecto físico. En esta técnica se detalla que es importante que a una correcta indumentaria le acompañe un aspecto físico pulcro e impecable. A considerar: el cabello, la higiene personal, el olor corporal, la pulcritud en la ropa y el calzado, el peinado, el maquillaje, el afeitado, etc.

Técnica 4: Adecúe su imagen a los valores de su producto o servicio sin caer en estereotipos.

Técnica 5: Vigile su comunicación no verbal.

La cuestión está en saber proyectar aquello que profesionalmente más deseamos, en sano equilibrio con una imagen correcta y personal.

Cómo decir las cosas sin molestar

Si retornamos a la primera situación planteada, la forma de transmitir el problema a su empleada sin herir su sensibilidad (estilo de comunicación asertivo) sería la siguiente: “En primer lugar, aprovechar para reconocer su buen trabajo en el día a día (comenzamos con lo positivo porque es cierto), pero que había detectado últimamente que estaba  descuidando su aspecto físico (el olor), y que es muy importante tanto para la empresa como para ella misma cuidar la imagen personal de cara a los clientes tanto internos (sus compañeros), como externos de la empresa. Ella es también imagen de la empresa en la que trabaja y por ello debe cuidarla”.

Hay veces que nuestro cuerpo emite unos olores que son desagradables, y en ocasiones somos conscientes y ponemos solución. Pero en otras no nos damos cuenta y llega a tal punto de desagrado que se convierte en la comidilla de la oficina. En una empresa madrileña tuvieron que despedir a una trabajadora porque los compañeros se quejaban del olor, y aunque abrían las ventanas para ventilar era imposible que desapareciese, lo que produjo el rechazo de sus compañeros. Lo que más me sorprendió fue que ante tal situación nadie transmitiera a esta trabajadora lo que estaba ocurriendo realmente para que pudiese corregirlo. De hecho, llegó a oídos de la directora de la empresa, y dijo que “si nadie sabía como decírselo (se incluía a ella misma), lo mejor era que la despidiesen porque no se podía aguantar más esa situación”. Y así fue, la despidieron.