No existe trabajador insustituible
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Lola García

Trabajo y sentido común

Por

No existe trabajador insustituible

Marta es una trabajadora muy responsable. Le gusta mucho su trabajo hasta el punto de ceder parte de su vida personal al terreno laboral. Es de

Marta es una trabajadora muy responsable. Le gusta mucho su trabajo hasta el punto de ceder parte de su vida personal al terreno laboral. Es de esas personas de las que cualquier jefe pensaría que es muy fácil de manipular, ya que para ella lo primero es el trabajo y estáq conforme de todo. Desde que entró en la empresa era de las que se quedaba más tiempo del necesario. Siempre pensó que en algún momento de su vida le reconocerían ese gran esfuerzo que durante años había hecho. Ella siempre estaba dispuesta a quedarse más tiempo del que le correspondía, si era necesario, aportar más ideas, empleaba fines de semana en el trabajo, en vez de disfrutar de su familia. Hasta que un día su jefe, con la misma sonrisa con que le pedía los favores, la utilizó para decirle que no tenían medios para mantenerla. 

Salía muy cara a la empresa, por lo menos las horas que echaba dentro de ella, y por supuesto, sin contar las de fuera, porque esas dan igual. Marta, al escuchar la noticia, no daba crédito a lo que le estaban diciendo. Su diálogo interno se preguntaba cómo era posible que, habiendo sido una trabajadora tan ejemplar, dispuesta, no hubieran sido capaces de reconocer su buen trabajo y haber hecho un esfuerzo por mantenerla, aunque fuese por todo el empeño que ella había puesto. Ella sentía que todas esas horas que había dedicado para favorecer a la empresa a costa de sacrificar su relación de pareja, su vida en general, no habían servido de nada. Lo pasó muy mal durante varias semanas porque estaba muy desorientada y decepcionada. 

Aprendiendo de la decepción

Las reflexiones que se plantaban en su cabeza eran: ¿las personas que trabajamos somos un coste o una inversión por la empresa?, ¿merece la pena sacrificar tantas horas para sacar un trabajo por cuenta ajena?, ¿todo ese tiempo que no disfruté en hacer otras cosas que forman parte de mi vida como dedicar tiempo a mi pareja, leer o estar simplemente con uno mismo se volverán a recuperar?, ¿qué hago ahora con mi vida?. Pero claro, soy un coste. Para Marta esta reunión con su jefe fue un golpe duro porque se dio cuenta que todo el tiempo empleado extra no había sido ni recompensado económicamente ni valorado. Se planteaba qué hacer ante una situación difícil. Un momento complicado hay que recibirlo bien. Eso es lo mejor que podemos hacer ante un contratiempo. Si nos creemos aquello de que: “Quien bien empieza, bien acaba”, démosle la mejor bienvenida posible, pues de esta forma encauzaremos adecuadamente nuestras energías y, lo que es más importante, nuestros ánimos. 

Después de muchos intentos, también podemos superar las etapas complicadas de nuestra vidaEl aprendizaje que me da la vida, hace que cada día sea más positiva y más paciente, aspecto este último que me ha costado y me sigue costando mucho esfuerzo conseguir, pero que voy logrando. Significo estos hechos porque, para enfrentarnos a situaciones difíciles, dos de los recursos que nos resultarán más útiles serán: ser positivos y ser pacientes. Sabemos que el ser humano, por principio, se siente más feliz cuando consigue una meta difícil que cuando logra algo rápidamente y sin dificultad. Una vez más, los niños son un claro exponente de este axioma. Pocas visiones han resultado más impactantes que contemplar los esfuerzos sobrehumanos que realiza un bebé para conseguir mantenerse en pie; cuando, después de muchos intentos fallidos, de caídas y costalazos constantes, por fin lo logra por ¡primera vez! su imagen es la viva representación de la felicidad.

¡Cómo brillan sus ojos!, ¡qué alegría dibuja su rostro!, ¡cómo se tambalea de excitación todo su cuerpo! Quien crea que la felicidad no existe, cambiará de opinión cuando vea, observe, contemple y se deleite con esta imagen. Al igual que somos capaces de erguirnos y mantenernos de pie, después de muchos meses de intentos y de equilibrios inestables, también podemos superar las situaciones difíciles de nuestro día a día. Para ello, como ya apuntábamos, será crucial que creamos en nosotros mismos, que actuemos desde lo positivo y el optimismo, y que nuestra paciencia nos ayude a encontrar lo antes posible la mejor fórmula, la estrategia más adecuada para cada situación.

Sin dejar de evolucionar

Los grandes avances los hemos conseguido en situaciones difíciles. Así sacamos lo mejor de nosotros mismos. Sabemos que lograremos nuestro objetivo si conservamos la calma, si en ese estado de equilibrio emocional reflexionamos sobre la mejor opción, si dejamos que nuestra mente busque alternativas creativas, si apoyamos nuestras iniciativas con buen ánimo y con actitudes positivas, si no desfallecemos ante las dificultades, y si perseveramos con el convencimiento de que siempre obtendremos el mejor resultado posible. A veces las dudas nos invaden cuando, a pesar de todo el esfuerzo y de las mejores estrategias, no conseguimos lo que buscamos. Es esos casos será importante que recordemos que, a veces, las cosas llegan más tarde de lo que nos gustaría; o que, en una primera entrega, obtenemos resultados al encontrar mejores soluciones.

No podemos renunciar a crear, incluso estando en una época de calmaLas dificultades son siempre una oportunidad para estimular nuestra creatividad, para favorecer nuestro razonamiento y para consolidar nuestra confianza. Si no tenemos situaciones difíciles que nos ayuden en ese proceso de crecimiento constante, tendremos que esforzarnos para seguir creando alternativas, para planificar nuevos proyectos y para generar ideas que nos faciliten ese apasionante camino que es nuestro desarrollo profesional. El peligro no está en las situaciones difíciles, el riesgo lo tenemos en las etapas prolongadas de calma; ahí es cuando cometemos los principales errores, cuando nuestra mente deja de evolucionar,porque deja de pensar y renuncia a crear, según nos recomiendan los expertos en psicología, como Mª Jesús Álava en su libro Trabajar sin sufrir.

Marta aprendió una lección, que no era insustituible en su empresa como ella pensaba.