Las tres reglas de oro para correr los sanfermines… de la política

Viendo los Sanfermines año tras año, me doy cuenta de que, cuando se produce una situación de riesgo o una cogida, es porque estas reglas no se han cumplido. Lo mismo pasa en política

Foto: En los encierros como en la política, ante una situación de peligro lo mejor es quedarse acurrucado. (Efe)
En los encierros como en la política, ante una situación de peligro lo mejor es quedarse acurrucado. (Efe)

Cuando en los años 90 preparaba mi tesis doctoral, sobre un jesuita navarro del siglo XVII, frecuenté el Colegio de los Jesuitas de Pamplona y allí tuve ocasión de conocer y disfrutar de la sabiduría y simpatía del P. Valeriano Ordóñez S.J., que me ayudó mucho con mi investigación y, de propina, en las muchas horas de conversación que mantuvimos, me regaló grandes enseñanzas para la vida.

El Padre Ordóñez era un enamorado de la jota navarra, que ayudó a revitalizar, y de todos los temas folclóricos e históricos de su tierra. Y, obviamente, un gran aficionado a los Sanfermines, que de joven había corrido en muchas ocasiones. Y fue hablando sobre los Sanfermines, cuando me reveló las “tres reglas de oro” que había que seguir para correrlos… y que se aplicaban también a la vida.

Y, en efecto, viendo los Sanfermines año tras año, me doy cuenta de que, cuando se produce una situación de riesgo o una cogida, es porque dichas reglas no se han cumplido. Y lo mismo he comprobado en muchas carreras profesionales y, especialmente, en la política. Y, en general, en la vida. Y como a mí me han sido de gran utilidad, quisiera, en estos días de Sanfermines, compartirlas con todos.

1. Corre sólo un tramo

Porque todos quieren y buscan su “momento de gloria”, haciendo una buena carrera delante de los toros. Y, si no les dejas, te empujarán para ponerse ellos o, ya cansado de una carrera muy larga, te acabarán cogiendo los astados.

La política es una carrera de relevos y, quien no lo entienda así, está equivocado. Se trata de entregar el testigo procurando dejar las cosas un poco mejor de como te las entregaron, para que quien entra más fresco les dé un nuevo impulso.

2. Deja siempre una salida.

Los toros son animales nobles y, si ven el camino libre, corren. Sólo embisten si se les acorrala. Por eso, no conviene acorralar a nadie, sino dejarle siempre una salida digna. O, como dice el refrán castellano: “al enemigo, puente de plata”.

Me contaba el P. Ordóñez que un día en una Parroquia descubrió a unos chicos intentando robar el cepillo y, en vez de enfrentarse a ellos, se hizo el despistado, dio unas palmadas y dijo: “¡venga, que vamos a cerrar!”. Y los chicos se fueron.

3. No te revuelvas

Si por algún motivo te caes (por un tropezón o por un empujón), no te levantes inmediatamente, porque es entonces cuando hay más peligro de que un toro te empitone por la espalda. De hecho, suele ser la causa de las cogidas mortales.

Lo mejor es quedarse acurrucado, sin moverse, protegiéndose de los pisotones, hasta que hayan pasado todos (animales y corredores) y, luego, discretamente, levantarse e irse a casa. El revolverse sólo suele empeorar aún más la situación.

Tribuna
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