Contaminación del aire, un lujo que no nos podemos permitir

Nos dicen que tenemos que acatar las leyes de la Unión Europea, ¿pero por qué no hay discusión cuando se refieren a economía y sí cuando el tema es la contaminación?

Foto: La capital se suma a las medidas adoptadas por otras ciudades europeas. (Reuters)
La capital se suma a las medidas adoptadas por otras ciudades europeas. (Reuters)

Las recientes medidas adoptadas por el Ayuntamiento de Madrid en aplicación de su protocolo de lucha contra los picos de contaminación por dióxido de nitrógeno (NO2), que han supuesto cierta restricción del uso del automóvil en la capital, han generado un intenso debate mediático y social. Según se desprende de diversas encuestas, la mayoría de la población ha acogido favorablemente dichas medidas, pero un sector social nucleado en torno al grupo municipal del PP y ciertos medios conservadores ha cargado contra las mismas, tildándolas de “ideológicas”, contraproducentes y que atentan contra la libertad individual. Parece conveniente repasar las razones que han llevado al Ayuntamiento de Madrid a la aplicación del protocolo de actuación frente a los picos de contaminación.

El argumento principal es el de la protección de la salud pública. Las últimas estimaciones de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) sobre la repercusión sanitaria de la contaminación atmosférica en los países de la UE son muy preocupantes. Con cifras del 2013, elevan a 436.000 las muertes prematuras anuales en la UE por exposición a partículas inferiores a 2,5 micras de diámetro (PM2.5), 68.000 por exposición al NO2 y 16.000 por exposición al ozono troposférico (O3). Según estas estimaciones de la AEMA, a España le corresponderían 23.940 fallecimientos prematuros anuales por exposición a PM2.5, 4.280 por exposición al NO2 y 1.760 por exposición a O3. Estas cifras significan que en España fallecen quince veces más personas por la contaminación del aire que por la siniestralidad en carretera. La muerte prematura debida a la contaminación se traduce normalmente en un acortamiento de la vida de meses o algunos años, si bien es algo muy diferente de la muerte violenta y traumática que causan los accidentes de tráfico.

La necesaria regulación del tráfico

Respecto a la causa de la contaminación atmosférica en el medio ambiente urbano, los datos que se desprenden de los estudios de inventarios de emisiones no dejan lugar a dudas: en Madrid, como en otras ciudades españolas y europeas, el factor más importante en el deterioro de la calidad del aire es el tráfico. Esto se debe a que, afortunadamente, otras fuentes de emisión importantes en el pasado, como industrias contaminantes, centrales de producción eléctrica, calefacciones de carbón o 'fueloil', se han eliminado o reducido muy significativamente.

Madrid acumula seis años consecutivos de vulneración de los valores límite

En cuanto al NO2 o dióxido de nitrógeno, el contaminante que ha provocado la activación del protocolo, proviene en su mayor parte de la oxidación del NO, cuya fuente principal son las emisiones originadas en los motores de combustión de los automóviles, sobre todo los diésel. El NO2 constituye un buen indicador de la contaminación debida al tráfico rodado. Por otro lado, el NO2 interviene en diversas reacciones químicas en la atmósfera, dando lugar tanto a la producción de O3 como de partículas en suspensión secundarias (PM2.5). De este modo, a la hora de considerar los efectos del NO2 sobre la salud, se deben tener en cuenta no solo los efectos directos que provoca, sino también su condición de marcador de la contaminación debida al tráfico, que genera muchos otros contaminantes nocivos para la salud, y su condición de precursor de otros contaminantes importantes.

Otro argumento importante es el del cumplimiento de la legalidad. La legislación europea sobre calidad del aire (Directiva europea 2008/50 y Real Decreto 102/2011) establece valores límite para diversos contaminantes. Para el NO2 existe un valor límite anual, orientado a proteger a la población frente a valores medios (estructurales) elevados, y un valor límite horario, con el fin de proteger a la población de exposiciones a altos niveles de este contaminante, aunque sea por cortos periodos de tiempo, es decir, los picos de contaminación como el que hemos sufrido estos días. Ambos límites entraron en vigor en 2010, aunque ya estaban fijados como objetivo en la directiva sobre calidad del aire de 1999. Así, la UE dio un margen de 10 años a los Estados miembros para que adoptaran las medidas necesarias que garantizaran la sujeción a estos límites en 2010.

Lo que dice la legislación

¿Cuál es la situación de Madrid respecto a los límites fijados para la contaminación por NO2? Total incumplimiento. Madrid acumula seis años consecutivos (2010-2015) de vulneración de ambos valores límite, el anual y el horario, que en 2016 también serán rebasados. Conviene destacar que, aunque la vulneración del valor límite anual está bastante generalizada en las grandes ciudades españolas y europeas, Madrid es la única ciudad de España y de las pocas de Europa que rebasa sistemáticamente el valor límite horario de NO2 (Barcelona no lo ha incumplido nunca desde 2010). Es decir, que el problema de los “nitrogenazos” es algo bastante exclusivo de Madrid. Esta situación de incumplimiento legal crónico ha provocado que la Comisión Europea mantenga abierto un expediente de infracción, que previsiblemente acabará en una cuantiosa multa. Por lo tanto, si no se toman medidas decididas de reducción de la contaminación, como reclama Ecologistas en Acción desde hace más de una década, no solo sufrirán nuestros pulmones, también repercutirá en nuestros bolsillos.

Cualquier intento serio de bajar los niveles de contaminación pasa por reducir sustancialmente el uso del automóvil en la ciudad

Con respecto a este asunto de la legalidad, resulta altamente significativo que los mismos sectores políticos y mediáticos que se autoproclaman “de orden”, partidarios del cumplimiento inmisericorde de los aspectos más antisociales de las políticas de la UE, con el argumento de que “hay que cumplir las reglas del club”, resulta que cuando toca aplicar aquella parte de las reglas del club que no merman, sino que protegen derechos como el de la salud y un medio ambiente saludable, nos encontramos con que ya no interesa cumplir estas reglas, y se erigen en auténticos insumisos y “antisistemas”. Para cualquier persona con una jerarquía de valores mínimamente decente, parecería que la cosa debería ser justo al revés. Las normas que protegen valores y derechos fundamentales deberían ser lo primero, mientras que las que causan estragos en las mayorías sociales tal vez habría que darles una vuelta y hacerlas menos feroces.

Medidas concretas

¿Qué debería hacerse entonces para alcanzar unos niveles de calidad del aire saludables? Para Ecologistas en Acción el planteamiento es claro: dado que la principal fuente de contaminación atmosférica en Madrid y otras ciudades españolas es el tráfico rodado, cualquier intento serio de bajar los niveles de contaminación pasa por reducir sustancialmente el uso del automóvil en la ciudad. Esta es la opción que desde hace más de una década han tomado numerosas ciudades europeas y españolas. Las medidas aplicadas son muy diversas. Son conocidos los peajes de entrada al centro de la ciudad en Londres y Estocolmo, la generalización de zonas de 30 km/h y de bajas emisiones en varias ciudades alemanas, la política sistemática de reducción del tráfico en París, regulación restrictiva del aparcamiento en muchas ciudades, etc. Asimismo, numerosas ciudades europeas, como Atenas, Milán o París, llevan años aplicando protocolos de actuación frente a picos de contaminación que incluyen la circulación en días alternos de coches con matrículas pares e impares o la gratuidad del transporte público. En España se suelen citar los casos de Vitoria y Pontevedra como ejemplos de buenas prácticas en movilidad sostenible.

(iStock)
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Madrid, tristemente, se había mantenido al margen de esa corriente hasta ahora. Desde que en 2000 Ecologistas en Acción comenzó a hacer el seguimiento de la calidad del aire de la ciudad, asistimos a una estéril polémica con los sucesivos gobiernos municipales del PP. El problema de fondo siempre fue el mismo: la persistente inacción de las autoridades municipales encargadas de velar por la calidad del aire. Unos gobiernos municipales que sistemáticamente se negaban a reconocer el problema (“Madrid tiene la mejor calidad del aire que ha tenido nunca en la historia”) y mucho más a aplicar medidas decididas encaminadas a reducir el tráfico (“Hay que dejar que los madrileños elijan el tipo de transporte, creemos en la libertad”).

Un aspecto relevante es la buena acogida que, en términos generales, ha tenido la medida por parte de los ciudadanos

El Gobierno municipal de Ahora Madrid, surgido tras las elecciones de mayo de 2015, ha comenzado su andadura exhibiendo un enfoque radicalmente diferente sobre el problema de la calidad del aire en la ciudad. Así, las actuales autoridades reconocen abiertamente el serio problema que supone la contaminación atmosférica para la salud pública y entienden que es su responsabilidad mejorar esta situación. Asimismo, han aplicado, por primera vez en la historia de la ciudad, medidas de control del tráfico ante los picos de contaminación. Medidas que estaban contempladas en un protocolo de actuación que fue aprobado por la corporación anterior, pero que nunca se llegó a poner en práctica.

En cuanto a la aplicación del protocolo, un aspecto relevante, más allá de la efectividad práctica que haya podido tener en la mejora de la calidad del aire de la ciudad, es la buena acogida que en términos generales ha tenido por parte de la ciudadanía. Esto demuestra que no está justificado el pavor que tradicionalmente han mostrado las autoridades públicas a la hora de implantar medidas de limitación del uso del automóvil. Por el contrario, la actitud mostrada por la ciudadanía indica que hay una cierta predisposición favorable para asumir cambios orientados a mejorar la calidad del aire que respiramos, que debería ser aprovechada por un Gobierno municipal responsable en beneficio de nuestra salud.

Es evidente que aún queda mucho camino por recorrer hasta alcanzar una saludable calidad del aire en Madrid. Al fin y al cabo, el protocolo no es más que una herramienta para tratar de encarar las situaciones excepcionales, los picos de contaminación. El verdadero reto es lograr una reducción sustancial de los niveles medios de contaminación, los del día a día, y esto solo será posible abordando medidas estructurales para reducir el uso del coche en la ciudad.

Juan Bárcena es doctor en Biología y responsable del área de Calidad del aire de Ecologistas en Acción.

Tribuna

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