Los oscuros 15.000 millones de Soros

El multimillonario estadounidense ha donado en los últimos años una cantidad enorme de dinero a su fundación. Pero no es filantropía, sino algo demasiado común: avaricia

Foto: Jean-Claude Juncker con George Soros. (Reuters)
Jean-Claude Juncker con George Soros. (Reuters)

George Soros ha donado a su fundación, Open Society, 15.000 millones de euros en los últimos años, según ha anunciado 'The New York Times'. Es una más de las noticias, tan frecuentes últimamente, que nos explican cómo los multimillonarios han decidido emplear gran parte de su fortuna en mejorar la sociedad, aunque sea a costa de dejar casi sin herencia a sus descendientes. Bill Gates, Mark Zuckerberg y Warren Buffett forman parte de ese club, y Soros es uno de los más importantes socios.

Sin embargo, como en otros casos recientes, no todo es tan idílico como parece. 'Bloomberg' ha publicado un artículo en el que señala cómo el multimillonario de 84 años está utilizando una fórmula legal para pagar muchos menos impuestos. Los administradores de los hedge funds estadounidenses tienen hasta final de este año para repatriar el dinero que tienen en paraísos fiscales procedentes de las comisiones y tarifas que les cobran a sus partícipes.

Anunció como donación filantrópica lo que no era más que un poderoso instrumento de inversión que le permitía pagar muchos menos impuestos

A finales de 2013, Soros ya había acumulado 13.300 millones de euros mediante una laguna legal que le permitía aplazar los pagos de impuestos en su país. El dinero que ganaba por gestionar el fondo iba a parar a Irlanda, y allí era invertido de nuevo. Ahora, cuando llega el momento en que no pueden dilatar más el pago, muchos gestores de fondos están recurriendo a donaciones filantrópicas, en general a sus propias fundaciones, para reducir la cantidad que deben ingresar. Ese sería también el caso de Soros.

Jugada perfecta

Este tipo de actuaciones perversas son frecuentes en el siglo XXI, y el caso Zuckerberg lo puso de manifiesto, porque anunció como donación filantrópica lo que no era más que un poderoso instrumento de inversión que le permitía pagar muchos menos impuestos al mismo tiempo que utilizar la institución a la que donaba el dinero como instrumento de lobby.

La influencia política de Soros a través de su fundación, Open Society, ha sido señalada con mucha frecuencia por la prensa y por las redes

Es una jugada perfecta: ofrece buena imagen pública, permite evadir impuestos, y además deja libre ese capital para promover los intereses particulares del donante. En el caso de Gates y Zuckerberg es evidente, pero lo es aún más en el de Soros, cuya influencia política a través de su fundación, Open Society, es puesta de manifiesto con mucha frecuencia, en la prensa y en las redes, y a veces con ribetes conspiranoicos. Además, la militancia política de Soros no ha pasado desapercibida, ya que es una voz habitual en la vida pública. En las últimas elecciones presidenciales estadounidenses, por ejemplo, apostó por Hillary Clinton.

El caso Walmart

Pero esta ligazón entre el poder político y el económico es sólo la segunda parte. Hay una primera que suele pasar más desapercibida, y es cómo los Estados permiten que los multimillonarios puedan pasar por encima de las normas precisamente porque les fabrican otras para que no afronten sus responsabilidades. Y su resultado es muy pernicioso. En un artículo reciente, la senadora estadounidense Elizabeth Warren ponía de relieve uno de los males habituales de nuestras democracias al hilo del caso Walmart. Los trabajadores de la empresa y de sus firmas proveedoras están muy mal pagados, y las necesidades esenciales de los empleados que no llegan a cubrirse con el salario terminan por suplirse a través de subsidios para alojamiento y sanidad, y a través de lo que llaman 'food stamps', los cupones para alimentos. La cantidad que gasta el gobierno de EEUU por estos conceptos es, según Warren, de 6.000 millones de dólares anuales. Los directivos y accionistas de la firma reciben un regalo del Estado que pagan los contribuyentes; es decir, los estadounidenses están abonando un impuesto adicional a Walmart sólo porque la empresa no quiere aumentar los salarios; desea más beneficios.

Warren Buffett, otro de estos filántropos, asegura que él paga al fisco mucho menos que su secretaria

Algo similar ocurre con este asunto de la filantropía. Los multimillonarios, entre la legislación que les favorece y las argucias legables y contables, soportan muchos menos impuestos que el común de los mortales. Warren Buffett, otro de estos filántropos, asegura que él paga al fisco mucho menos que su secretaria.

Igual que ocurre con Walmart, estamos pagando mucho dinero de nuestro bolsillo que se destina a que estas firmas tengan mayores beneficios

En principio, podríamos interpretar este marco, que es común en Occidente, como una carrera de dos velocidades, en la que quienes tienen el dinero y el poder suficiente van mucho más deprisa y poseen una serie de privilegios con los que no contamos el resto de los ciudadanos. Eres rico, pagas menos; no lo eres, pagas mucho más porcentualmente. En especial si se tiene en cuenta que existen los suficientes impuestos indirectos como para que la carga sea mucho mayor cuanto menores sean los recursos de que se disponga.

Filantropías, las justas

Pero en realidad es todavía peor: es el ciudadano común el que paga aquello que los multimillonarios se llevan a sus fundaciones o a sus paraísos. Y en esto da igual ser estadounidense o español. El Estado tiene que hacer frente a una serie de gastos, como por ejemplo el dinero que va a parar a la deuda pública, que cobran esos bancos y esos fondos que luego se llevan sus beneficios a paraísos fiscales; o las prestaciones sociales destinadas a cubrir el paro de los trabajadores que son despedidos de empresas con beneficios sólo porque quieren que sus accionistas ganen más; o las cantidades destinadas a construir infraestructuras cuyas ganancias van a parar a empresas y fondos que pueden evadir la recaudación fiscal de los Estados. Igual que con el caso Walmart, estamos pagando mucho dinero de nuestro bolsillo sólo para que vaya a parar a la cuenta de resultados de quienes ya tienen mucho dinero.

De modo que, en este contexto, filantropías las justas.

Tribuna

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