Acabo de volver de mi baja de paternidad y no entiendo por qué es tan corta. Blogs de Tribuna

Acabo de volver de mi baja de paternidad y no entiendo por qué es tan corta

Actualmente, la madre tiene 16 semanas de baja tras el nacimiento del niño, mientras que el padre tiene cuatro. Todos tenemos mucho que ganar si las igualamos

Foto: De paseo por el barrio.
De paseo por el barrio.

Efectivamente, he tenido un hijo, gracias por vuestras amables felicitaciones y buenos deseos.

El caso es que esta semana he vuelto a la redacción tras una baja de paternidad de cuatro semanas y tengo claro que deberían ser muchas más. Sinceramente es algo en lo que nunca había pensado hasta que me ha pasado a mí (la crianza de los hijos es un universo complejísimo al que vivimos ajenos hasta que nos toca a nosotros), pero ahora estoy sorprendido de que no se hable más de ello. Así que allá vamos. ¿Por qué creo que hay que seguir alargando la baja de paternidad hasta igualarla con la de maternidad?

Porque quiero estar con mi niño

Confieso que la primera razón es puramente egoísta: quiero poder disfrutarlo. El trabajo ya se lleva miles de horas de nuestra vida que preferiríamos dedicar a otras cosas (la pareja, los amigos, la familia o nuestras aficiones), pero al menos esto podríamos respetarlo dada su importancia.

Cuando tienes esa ilusión, ser padre es una experiencia tan emocionante que difícilmente acertaría a describirla con palabras, pero sin duda es una de las más intensas y especiales. En esas primeras semanas, cuando todo es nuevo, cada día es una aventura y cada momento es único en el proceso de conocernos y aprender a cuidarnos.

Antiguamente se consideraba que el permiso de maternidad era una cuestión puramente biológica, (por eso el padre apenas tenía un par de días), pero esa concepción está muy superada: la extensión de los permisos es una conquista social como pudieron ser las vacaciones pagadas. Una reivindicación del derecho a la vida personal frente a la laboral.

Además, es una experiencia vital muy puntual: ¿cuántas veces vamos a tener a un bebé en casa? ¿Una, dos, tres, a lo largo de toda la vida? No parece tan descabellado que hagamos una pausa en condiciones para disfrutarlo. O al menos eso pienso cada mañana mientras me despido de Guille, cuando él todavía quiere quedarse en mis brazos y yo quiero seguir arrullándolo.

Porque la sociedad está de acuerdo

Cuando el CIS pregunta por "la forma ideal de familia" refiriéndose al reparto del trabajo remunerado y de las tareas del hogar, un 70 % de los encuestados eligen como ideal "una familia en la que los dos miembros de la pareja tienen un trabajo remunerado con parecida dedicación y ambos se reparten las tareas del hogar y el cuidado de los hijos".

Difícilmente podremos alcanzar ese ideal si desde el principio el padre vuelve al trabajo mientras que la madre se ocupa del bebé y de la casa. Lo que nace desequilibrado ya será imposible de equilibrar. Un reparto equitativo de las tareas será un buen ejemplo para los hijos, que descubrirán que su padre puede cuidarles tan bien como su madre, y servirá de base para construir una sociedad mejor y más igualitaria.

También será mucho más beneficioso para fortalecer la relación de pareja: ocuparse de un niño puede ser maravilloso cuando se hace en equipo, pero cuando todo recae en la misma persona puede ser también una carga agotadora. De ahí que sea tan tristemente habitual la figura de la madre reciente que se siente sola, agotada y desbordada.

Porque los hombres tenemos que aprender a llevar la casa

Y solo vamos a aprender a la fuerza. Por mucha buena voluntad que tengamos, nada nos obliga a ponernos en serio con las tareas domésticas hasta que la mujer no puede hacerlo porque se está recuperando del parto. No me refiero a tareas sencillas como poner la lavadora o hacer un recado cuando nos lo piden, sino a la capacidad de organizar, planificar y detectar qué cosas hay que comprar antes de que se acaben. La famosa 'carga mental' que siempre llevan ellas.

Por experiencia os digo que si nunca te has ocupado de eso en serio, no es algo que cojas en un mes, pero ya es un primer paso. Cuanto más tiempo tengamos que pasar como 'amos de casa', más fácil será que esa responsabilidad vaya calando.

Porque se acabará la temida pregunta de las entrevistas de trabajo

"¿Estás pensando en tener hijos?". Cualquier mujer que ronde la treintena y acuda a una entrevista de trabajo sabe que, de forma más o menos directa, tendrá que enfrentarse a esa cuestión. O incluso aunque no llegue a plantearse abiertamente, es posible que en caso de duda, el empleador se decida por un hombre para evitar el 'riesgo' de una empleada embarazada.

En el momento en el que ser padre implique el mismo tiempo de baja laboral que ser madre, este problema desaparecerá, porque cuando algo les ocurre solo a las mujeres es 'especial' o 'incómodo', pero cuando les pasa también a los hombres ya es algo totalmente normalizado y asumido.

Además, esta equiparación irá suavizando los tradicionales roles de género y cada vez más parejas decidirán que sea el hombre el que opte por una reducción de jornada en caso de necesitarlo. Por lo tanto, podemos imaginar un futuro en el que desaparezca una de las principales causas de la brecha salarial entre hombres y mujeres: la penalización que sufren ellas en los años posteriores a la maternidad.

Porque los partidos políticos lo apoyan

Por un lado, ha sido Ciudadanos el grupo que ha conseguido que el Partido Popular amplíe el permiso de paternidad de dos a cuatro semanas (y ya serían cinco si la crisis catalana no hubiera impedido la aprobación de unos nuevos Presupuestos). Por otro, tanto el PSOE como Podemos han manifestado en numerosas ocasiones su voluntad de equipararlo progresivamente con el de maternidad, y han presentado propuestas del ley al respecto. Incluso el Gobierno vasco lo ha puesto ya en marcha para sus funcionarios. Es decir, parece una cuestión que está por encima de diferencias ideológicas y que no encontraría oposición en el Congreso.

Sin embargo, esta aparente ventaja puede acabar siendo su mayor obstáculo. Desde el fin del bipartidismo la política española vive en un permanente clima preelectoral, una fiebre de encuestas constantes donde todos los partidos buscan continuamente diferenciarse de los demás. Y claro, si todos están de acuerdo en algo, nadie saca ventaja.

Por eso los ciudadanos vemos cómo nuestros representantes son incapaces de abordar asuntos importantes que requieren grandes consensos y en cambio colocan en primera línea cuestiones tan menores como la prisión permanente revisable o el voto a los 16 años, que pueden serles útiles electoralmente.

Naturalmente, que todos los partidos quieran ir en la misma dirección no significa que no haga falta debate. Hay muchas formas de igualar los permisos y hay que medir bien los tiempos y la progresividad para que sea sostenible económicamente.

Eso sí, hay una cuestión que me parece innegociable: para que las cosas cambien de verdad, la baja de paternidad debe ser irrenunciable e intransferible. Alguno habrá que prefiera estar en la oficina antes que cambiando pañales, pero como han indicado varias sentencias recientes, el hombre que no esté dispuesto a cuidar de sus hijos, que no los tenga.

Tribuna

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
18 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios